30 Jun 2020 - 12:14 p. m.

Derrumbe del kilómetro 58 en la vía al Llano no fue culpa de la granja avícola

El Ministerio de Transporte se refirió en días pasados a las conclusiones del estudio que le encargó a la Sociedad Colombiana de Ingenieros hace un año. Aún no se hace público el documento.

Por ahora una cosa es clara para el Ministerio de Transporte: la inestabilidad de la meseta Mesa Grande, responsable del mayor derrumbe que se presentó sobre la Vía al Llano en la historia reciente del país, no fue consecuencia del cambio de uso del suelo tras la instalación de una granja avícola en la montaña que queda justo sobre el kilómetro 58 +100 en la carretera, cerca al municipio de Guayabetal (Cundinamarca).

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De acuerdo con la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, esa es una de las conclusiones del estudio que el Gobierno le encargó a la Sociedad Colombiana de Ingenieros (SCI), en el que participaron además las universidades Nacional, Gran Colombia, de los Andes y Javeriana, tan pronto se presentó la emergencia para conocer el origen de uno de los mayores desprendimientos de tierra en la zona, el primer fin de semana de junio el año pasado.

Si bien la primera hipótesis conocida advertía el riesgo de la filtración de aguas de escorrentía de los galpones en el suelo, según la concesión a cargo de la vía, Coviandes, pronto surgió otra que apuntaba a que las intervenciones de para la construcción del túnel 13 habrían intensificado la inestabilidad geológica del sector. Una serie de estudios técnicos contratados por esta empresa y llevados a cabo por diferentes entidades públicas en los últimos meses arrojaban conclusiones contradictorias, por lo que el Ministerio de Transporte decidió encargar uno propio de mayor detalle.

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El Espectador consultó a la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) para conocer el documento completo y confirmar si quedó establecida la responsabilidad de los hechos que obligaron a cerrar la vía 95 días en 2019, pero hasta el momento no ha obtenido detalles del caso. Otros asistentes a la reunión donde se socializaron las conclusiones del estudio, revelaron que en el documento se sugiere que el mayor efecto lo pudo tener la excavación del túnel hace siete años, aunque hace la salvedad de que no se podía prever el fenómeno geológico.

A lo largo de la carretera que conduce de Bogotá a Villavicencio hay vestigios de la ocurrencia de pequeños derrumbes con frecuencia, pero también es bien sabido que la complejidad de la zona puede provocar desprendimientos de gran magnitud, como el ocurrido en 1974 en Quebrada Blanca.

Como solución temporal, a principios de este año se terminó de instalar un tablestacado (muro de contención flexible muy común en la ingeniería civil para soportar terrenos) que actúa como pantalla para que no caiga material al área por donde circulan vehículos y peatones. Este se compone de 72 módulos a lo largo de 216 metros de vía de 6 metros de alto.

Esta fue la primera solución adoptada por el Gobierno tras el desprendimiento de 620.000 metros cúbicos en ese punto de la vía, equivalentes a 250 veces el agua contenida por una piscina olímpica. Sin embargo, en busca de una medida definitiva, el Instituto Nacional de Vías (Invías) sacó a licitación pública los estudios y diseños de un viaducto de 800 metros que pasaría justo frente a la meseta en cuestión para llevarlo a fase 3, de prefactibilidad, la semana pasada, el cual se estima costaría unos $80.000 millones. Según los cronogramas que maneja la entidad, dicho proceso concluiría este año, de manera que se pueda licitar y adjudicar la construcción de la obra en 2021.

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