En búsqueda de fanáticos inteligentes

Un nuevo libro argumenta que encontrar líderes que combinen grandes ideas con ambición fanática es el camino para identificar buenas inversiones ¿Qué tienen en común estos locos brillantes?

Ilustración Istock

Ideas grandes y ambición fanática para construir fosos, que a su vez ayuden a que las empresas adquieran ventajas competitivas insuperables. Basados en esta idea de fosos de Charlie Munger, el socio menos conocido, pero igualmente brillante de Warren Buffett, los inversionistas Sean Iddings y Ian Cassel han escrito Proyecto de fanáticos inteligentes, un libro que desarrolla esta definición en profundidad.

La primera parte del concepto, las grandes ideas, puede tener varios significados. Pero uno de los más relevantes es que el mercado a enfocarse debe ser suficientemente grande. Si el mercado es demasiado pequeño, la empresa estará condenada a ser un medio de subsistencia familiar o peor aún, a ser un hobby caro. Es la eterna trampa, en parte, solucionable con apertura comercial de muchas industrias en países pequeños.

La segunda parte de la ecuación son los fanáticos inteligentes. Ellos tienden a tener características comunes que los inversores tratan de identificar para poder acceder al capital de sus empresas antes de que éstas adquieran una valoración mayor. Resalto tres de estas características: principiantes, profesores y paranoicos, las 3P.

Principiantes: en la mayoría de industrias, el statu quo adquiere un dogma que es difícil de romper por profesionales experimentados que carecen de la visión fresca que lleva a los principiantes a preguntarse por qué no hacer las cosas de otra manera. Actualmente, el mercado minorista en Colombia está siendo transformado por las tiendas de descuento, cuyos líderes son escogidos, precisamente, por su falta de experiencia en comercio. En India, una aerolínea que rompió el monopolio de la aerolínea estatal estaba liderada por un gerente que se hacía llamar “capitán”. Tiempo después, me di cuenta de que era capitán, efectivamente, ¡pero de la marina!

Profesores: hay una razón egoísta por la cual los líderes empresariales sacan tiempo para dar clases. Phil Knight, fundador de Nike, lo dijo bien: “enseñar es la mejor manera de reforzar el conocimiento de una materia”. Enseñar también ayuda a los ejecutivos a construir una estructura mental que les permite entender la causa de sus éxitos y fracasos y, también, a reflexionar colectivamente con sus discípulos sobre ellos. El mismo Warren Buffett siempre saca tiempo, al menos una vez al año, para ir a conversar con estudiantes de su alma máter en la Universidad de Columbia.

Paranoicos: por supuesto, mi favorita. Los empresarios que salen adelante lo hacen a través de una paranoia productiva. Un temor constante de que algo o alguien pueda amenazar el liderazgo de sus negocios, pero sin que este constante miedo los paralice. El CEO de Southwest Airlines dice a menudo que predijo una de las últimas recesiones. Es cierto que el mundo es hoy más volátil e incierto que el confortable pasado de la posguerra. Pues hay que acostumbrarse a que este ambiente es la constante tanto para su empresa como para la de sus competidores. Para que este ambiente paranoico subsista, es esencial que en la empresa se cree una cultura en la que se puedan airear los problemas y discutirlos abiertamente. A lo que en Bridgewater, el hedge fund más grande del mundo, se le llama “transparencia radical”. Otro libro reciente, Candor radical, se centra en el concepto básico de que hablar de una manera franca, directa y sencilla es la mejor manera de relacionarse en las empresas. Hasta dónde hemos llegado con las ridiculeces de recursos humanos, que este concepto se considera revolucionario.

No hay columna de liderazgo que no pueda terminarse sin una frase de Churchill. Así que extraigo una del libro de Fanáticos inteligentes: “coraje es ir de fracaso en fracaso con entusiasmo”. Si fuera colombiano, en lugar de coraje, Churchill habría utilizado berraquera.

P.D. El verano del hemisferio norte es la época del año con más escasez de fútbol. Pero hay algo que no cambia: los alemanes siguen ganando torneos, la mayoría de veces por uno a cero o por tanda de penaltis. La definición del fútbol de mi vecino Gary Lineker sigue siendo válida.

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