Cartas desde Londres

Fracasar es sólo no aprender del fracaso

En Suecia se ha abierto el Museo del Fracaso con los productos más emblemáticos que han sido estruendosos fiascos corporativos. ¿Se fracasa para tener éxito luego o como preludio de una debacle mayor?

Aprender del fracaso es más difícil, pero más revelador que aprender del éxito. iStock

Una lasaña marca Colgate, el Betamax, Blockbuster, el asistente electrónico Newton de Apple del que nadie se acuerda, la Coca Cola Blak que hizo escupir a un presentador de CNN y un lapicero BIC para mujeres. Estos son algunos de los productos exhibidos en Helsingborg, un pueblo de Suecia, en homenaje al fracaso.

Los empresarios a punto de lanzar un nuevo emprendimiento deberían estudiar con detalle cada uno de estos casos en lugar de leer una vez más las historias de Steve Jobs, Bill Gates o Warren Buffett, personajes excepcionales que tienen talentos que exceden al común de la gente. Los perdedores son más como usted y yo.

El fracaso tiende a ser escondido a pesar de que en la mayoría de los casos las nuevas ideas no llegan a buen puerto. El fundador del museo, Samuel West, espera que los visitantes al museo se lleven por lo menos dos mensajes: que el fracaso es inseparable del éxito y que hay que entender la importancia de aprender del fracaso.

El primer mensaje ha sido seguido por varias compañías líderes, típicamente anglosajonas dada la tolerancia que dicha cultura tiene al fracaso, como Amazon y Apple. A Jeff Bezos, jefe de Amazon, le gusta decir que Amazon es la mejor empresa del mundo en la que se puede fracasar. Y Steve Jobs se levantó de las cenizas no sólo una, sino varias veces. El Newton de Apple fue destruido por el Palm Pilot, años más tarde Apple se convertiría es la empresa de mayor capitalización bursátil del mundo y Palm Pilot fue vendida a pedazos por Hewlett Packard.

El aprender del fracaso es más difícil, pero más revelador que aprender del éxito. Según West, cada derrota es distinta y debe ser analizada individualmente, las historias de triunfo son más repetitivas y fáciles de predecir, tanto que la complacencia es uno de los grandes peligros de empresas que han tenido éxito. Las gerencias se vuelven perezosas, burocráticas, lentas y ven la competencia como entidades inferiores hasta que son tan grandes y peligrosas que es demasiado tarde. Blockbuster perdió la batalla con Netflix. Betamax contra VHS. Nokia, Blackberry y Motorola fueron varias de las empresas de telefonía celular que quedaron en el camino victorioso de Apple. Todas estas empresas perdedoras fueron líderes en su momento y dejaron que empresas más jóvenes y ágiles las destruyeran.

La capacidad de aprender entonces es la característica que diferencia a un perdedor que se levanta y eventualmente llega al éxito, y la empresa cuyas sucesivas derrotas son preludio de su desaparición. Lo dijo Henry Ford: “el único error es aquel del que no aprendemos nada”.

La renovación empresarial es sin embargo una constante de la historia del capitalismo, de las 12 empresas que componían el Dow Jones en 1896 sólo una ha sobrevivido, lo cual es un mensaje de alerta a empresas líderes en el mundo de que la constante reinvención es una necesidad para su supervivencia. La maravilla de la economía de mercado es que en últimas el consumidor es el que más se beneficia de esta feroz competencia pues cada vez más los bienes y servicios que se le ofrecen deben ser de mejor calidad y precio. De lo contrario, estos productos terminarán siendo parte de la colección del Museo del Fracaso.

P.D. A propósito de derrotas seguidas de gloria, en esta temporada Antonio Conte ha revolucionado la manera de armar los equipos en la cancha con sus tres defensores centrales y dos carrileros. Este cambio lo hizo en el entretiempo de un partido que Chelsea iba perdiendo 0-3. Y ya sabemos de qué quedó Chelsea en la Premier League.

 

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