Impacto de la automatización es mayor para países en vías de desarrollo

La mayor parte de las estrategias concebidas hasta el momento para ayudar a los trabajadores desplazados por los robots se han diseñado para países desarrollados, dice estudio del King’s College de Londres.

Si es cierto que los robots vienen a quitarnos el empleo, a los países en vías de desarrollo quizá les vaya mucho peor a la hora de enfrentar este impacto.

Un nuevo estudio de los economistas Lukas Schlogl y Andy Sumner del King’s College de Londres, escrito para el Centro para el Desarrollo Global, un grupo de expertos en Washington, sugiere que todavía existe la necesidad de considerar lo que los países en vías de desarrollo harán frente al aumento de la automatización. La mayor parte de las estrategias concebidas hasta el momento para ayudar a los trabajadores desplazados por los robots, algunas de las cuales parecen prometedoras, han sido diseñadas para aplicarse en países desarrollados, y tal vez no funcionen en el mundo en vías de desarrollo, argumentan ellos.    

Gran parte de la investigación se ha concentrado en determinar los tipos de trabajo que podrían automatizarse y en predecir cuándo asumirán las máquinas las tareas que realizan los humanos. Los pronósticos varían mucho, pero existe consenso en que los robots y la inteligencia artificial gradualmente se irán encargando de las tareas de rutina que no requieren inteligencia emocional, razonamiento humano complejo ni creatividad. Los informes del Instituto Global McKinsey y del Banco Mundial sugieren que los sectores agrícolas e industriales tienen un mayor potencial para la automatización que los empleos del sector de servicios, que normalmente requieren pensamiento creativo o interacción frente a frente.   

Eso plantea preocupación especial por los países en vías de desarrollo, donde por lo general existen cantidades más grandes de mano de obra no calificada que trabaja en el campo o en empleos donde realizan labores sencillas de manufactura.    

En los países desarrollados, gran parte de la discusión sobre la manera de abordar el aumento de la automatización se ha concentrado en 1) cómo acotarla y 2) qué hacer frente a las repercusiones.

Los gobiernos podrían restringir la automatización mediante medidas normativas como la desincentivación —gravando el uso de robots, por ejemplo— o la reducción del costo de la mano de obra humana mediante exenciones fiscales o recortes a los salarios mínimos.

El problema es que desincentivar la automatización podría simplemente llevarla a otros países. Es probable que los países en vías de desarrollo se sientan incapaces de aplicar ese tipo de restricciones por temor a que empresas o incluso sectores completos se reubiquen en regiones donde no haya sanciones al uso de robots.

Schlogl dijo a DealBook que los sectores de gran concentración de mano de obra en los países en vías de desarrollo tal vez resientan mucho el impacto de la automatización, sin importar dónde se empleen los robots. Las máquinas pueden elaborar productos baratos en un lugar determinado y luego distribuirlos en todo el mundo; un solo país podría mecanizar la agricultura e inundar un subcontinente con productos baratos.

En cuanto al recorte de los costos de la mano de obra, no está claro exactamente qué tanto pueden bajar los salarios en muchos países en vías de desarrollo sin llegar a ser poco éticos.  

La segunda forma en que los gobiernos pueden hacer frente a los trastornos provocados por la automatización es aplicar estrategias que se ocupen de los efectos. Eso incluye volver a capacitar a los trabajadores para ofrecerles habilidades que se requieran para los futuros empleos o proporcionar a los ciudadanos un ingreso básico para compensar los sueldos estancados o la pérdida de empleos.  

Sería difícil implementar una nueva capacitación en los países en vías de desarrollo, sostienen Schlogl y Sumner, porque comúnmente tienen sectores escolares limitados para proporcionarla. Y un ingreso universal básico, argumentan, sería difícil de financiar en países en vías de desarrollo, puesto que presupone la existencia de un sector de servicios muy productivo del cual captar dinero y del que con frecuencia carecen estas economías.  

Hay posibles caminos hacia adelante. Una idea que sugieren Schlogl y Sumner es el denominado ingreso universal básico global, administrado internacionalmente y pagado en los países en vías de desarrollo mediante asistencia. Este plan, afirma Schlogl, “tiene la ventaja de que solo es imposible políticamente”.

Otra idea podría ser que los países en vías de desarrollo creen sectores de trabajo intensivo encaminados a resistir la automatización durante las próximas décadas, como la asistencia social, la educación, la atención médica, el turismo y la construcción de infraestructura. Pero esta es una idea arriesgada que requiere mucha inversión inicial y no garantiza la protección contra la automatización a largo plazo.

Eso hace que la conclusión a la que finalmente llegan estos economistas —que “debemos plantear diferentes preguntas referentes a la investigación y las políticas” acerca del modo en que la automatización afectará a los países en vías de desarrollo—  parezca justificable.   

The New York Times 2018

 

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