“No deberían temernos”: subsecretario de Agricultura de EE. UU.

Ted McKinney, encargado del comercio y los asuntos internacionales de la cartera, estuvo de visita en Colombia. Se declara complacido con los resultados del TLC y manifiesta el apoyo al proceso de paz por parte del gobierno estadounidense.

Ted McKinney es el subsecretario de Agricultura para el comercio y los asuntos internacionales. / Mauricio Alvarado

Ted McKinney es subsecretario para el comercio y los asuntos internacionales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, una posición nueva en el gobierno de ese país. Estuvo en Colombia hablando con representantes de los sectores público y privado para estrechar lazos comerciales. En diálogo con este diario, dio un balance positivo del TLC para su país. En efecto, en los primeros años de ese tratado, el superávit de Colombia en el sector agropecuario se ha reducido, pero incluso informes como el del Centro de Estudios del Trabajo han dado cuenta de pérdidas cercanas a 51.000 empleos a nivel nacional desde su puesta en marcha.

¿A qué se debe su visita a Colombia?

Mi papel es nuevo en el Gobierno y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos. Que sea una posición específica para el comercio y los asuntos internacionales me permite ser más diligente y trabajar más con el exterior. En este momento vemos a nivel mundial grandes existencias de productos como maíz y soya, así que estamos en busca de nuevos socios comerciales, por eso en las últimas semanas hemos estado en India, Brasil y ahora Colombia, que ha sido un modelo de éxito. El tratado de libre comercio parece estar funcionando bien para Colombia y Estados Unidos. Mi equipo vino a agradecer y ver qué barreras hay que remover o aspectos en los que aún hay que trabajar, porque vemos de forma muy positiva lo que está pasando en Colombia y queremos que se expanda.

Pero parecería que está siendo más efectivo para Estados Unidos, pues las importaciones de sus productos por parte de Colombia se han venido incrementando.

Creo que hemos alcanzado paridad. Había más compras desde Colombia hacia los Estados Unidos en los últimos años. A eso lo llamamos buena asociación comercial. No he visto ni oído de barreras, más bien de cosas en las que tenemos que trabajar. Sabemos que Colombia quiere acceso a varios productos: ganado, el sector avícola, frutas y vegetales, entre otros, y queremos que tengan acceso. Pero también tenemos reglas y protocolos sanitarios, que son los mismos para cualquier país. Estuvimos hablando con representantes del Gobierno sobre el tipo de requisitos que hay cumplir para acelerar el proceso. Y asimismo hay cosas que debemos hacer para asegurarnos de que estamos entrando al mercado colombiano de forma correcta. Una buena noticia es que la exportación de cítricos es inminente, todas las cajas han sido revisadas y se están cumpliendo los requisitos en el registro federal. Pisándole los talones están los pimientos rojos, que es otro producto para el cual Colombia ha estado buscando acceso. También lo vemos inminente. De eso se trata el libre comercio: abrir el mercado una vez hayan sido atendidos los requerimientos de seguridad alimentaria y los protocolos. Por supuesto, la historia de éxito reciente es la del aguacate hass, que ya está en almacenes Walmart, según me dijeron los exportadores.

Este año, en Colombia se inició la crisis sanitaria por cuenta de la fiebre aftosa en el ganado. ¿Cómo ve la posibilidad de exportar carne colombiana hacia Estados Unidos?

Seguimos optimistas. Queremos importar carne colombiana, pero hay reglas mundiales, de la OIE. La aftosa es una enfermedad que no tenemos en Estados Unidos y nos protegemos contra ella. Tenemos que seguir las mismas reglas que cualquier otro país seguiría: si un año después del día del descubrimiento del foco no hay nuevos hallazgos y se siguen los protocolos, seguiríamos el procedimiento para aceptar carne colombiana. El punto es: no hay trato especial ni más duro con Colombia.

Aparte del aguacate hass, ¿qué otra historia de éxito ha podido ver o cuáles tienen potencial?

Hay otros cultivos y productos que ya se exportan que no podemos olvidar, como la floricultura. Cerca del 80 % de nuestro mercado son flores colombianas. Lo celebremos y debemos ayudar a agrandar el mercado. Ha habido un intercambio maravilloso con el crecimiento de la avicultura y la porcicultura en Colombia. Ha habido más comercio de maíz y leche de soya, que Colombia ha solicitado, por lo que ha recibido una proteína de una calidad confiable para hacer crecer su mercado avícola y la porcicultura.

En Colombia ha habido una sobreoferta de arroz (que ha impactado los precios al productor) y entre los productores de maíz hay temor de que la industria avícola no les compre, porque es más barato importar. ¿De alguna manera ustedes ayudan a suavizar los efectos de la importación de esos productos con origen estadounidense?

Cuando era estudiante universitario tenía profesores que pasaban días ayudando a impulsar este país. Tenemos delegaciones maravillosas de expertos universitarios con ese espíritu, aunque no hay un programa específico para ayudar a los productores de maíz en Colombia. Pero hay que recordar que el libre comercio es el libre comercio. Ambos nos hemos beneficiado. A veces hay productos que ganan más que otros, y eso también nos ha pasado, por ejemplo, cuando entre 2011 y 2013 empezó a entrar el etanol de Brasil, pero no por eso cerramos el mercado. Uno cree o no cree en el libre mercado. Cuando encontramos productos que no necesariamente compiten entre sí es cuando hay mayor ganancia para los países. No queremos dañar a nadie. Sí, tenemos mucho maíz, y si se ha vendido acá ha sido a precio de mercado. Por otro lado, admiramos el proceso de paz, queremos apoyarlo, y entiendo que una gran parte de ese proceso es encontrar productos que los campesinos puedan cultivar. Hemos visto la oportunidad del cacao, de más café, pues hay una demanda creciente a nivel global. Esta clase de cultivos son los que tienen un gran potencial de desarrollo en el campo. Desde el Departamento de Agricultura destinamos fondos (US$5 millones) al programa de cacao. Hay que tener en cuenta los problemas de producción primaria que ha habido en África, en países como Costa de Marfil y Ghana. Esa es una oportunidad para Colombia, no sólo de compensar eso sino de aumentar el mercado como un todo.

Cuando habla de Colombia con las autoridades y hombres de negocios de Estados Unidos, ¿cómo les presenta al país desde el punto de vista de la agricultura y la agroindustria?

La primera conversación tiene que empezar con que este proceso de paz es real y funciona. La situación de seguridad era una barrera. Nos tomamos el tiempo para que entiendan que es real. Lo segundo es que Colombia todavía tiene gran potencial de área cultivable. Yo no lo sabía y me considero más informado por el trabajo que hago a nivel mundial. Y queremos exaltar a Colombia como un gran socio comercial en tiempos en que muchos países están poniendo barreras, y no vemos ese comportamiento aquí. Ver que su industria tiene un verdadero tratado de libre comercio abre muchas puertas. Por eso vemos crecimiento en ambas partes.

¿Qué retos del proceso de paz ve en áreas rurales? Por ejemplo, asuntos como la propiedad de la tierra, los cultivos ilícitos…

Llevo pocas semanas en el cargo, así que saber más al respecto es una buena excusa para volver a visitar este país. Pero empezaría por el desconocimiento: el miedo al terrorismo o a la falta de seguridad humana se da por no saber cómo son esas áreas. Pero si se caen esas barreras, habrá muchas personas queriendo visitar. De hecho, me comentan que el turismo rural está empezando a repuntar. Al ver eso, habrá más personas interesadas por ver cómo va la agricultura.

¿Qué retos ve en la competitividad de Colombia? ¿Cree que el rezago en infraestructura, asistencia técnica, adopción de tecnología, etc. sea un riesgo para Colombia y el pie para que Estados Unidos saque ventaja en este TLC?

No lo veo, y es porque los productos exportados por Colombia no son productos de peso en la producción de Estados Unidos, como el café, que no lo tenemos nosotros. Ese ha sido un punto de inicio natural. Pero, de nuevo, bienvenido el libre comercio, no deberían temernos, así como no les tememos. Si son honestos y buenos socios, estos asuntos pueden salir bien. Lo que sí oí de la industria suya, como un reto, es el sistema regulatorio: demoras en llegar a la equivalencia de normas o medidas relativas a la seguridad alimentaria. Y tiene sentido: si miro nuestra propia información, vemos solicitudes que hemos hecho y cuyas respuestas se demoran. Habría que ponerle atención a eso para ser altamente competitivos como socios. Hagamos negocios. Creo que pueden competir con cualquier país del mundo.