One Young World: ideas para crear otro mundo

Los jóvenes de la cumbre, más de 1.300, tienen la propiedad para hablar de un mundo mejor. Trabajan en ONG, lideran emprendimientos con enfoque social o laboran en proyectos sociales a través de grandes compañías del mundo.

Esta fue la primera vez que el evento se realizó en Latinoamérica. / Flickr - Cámara de Comercio de Bogotá

Entre tanta incertidumbre aparece One Young World (OYW). Norte o sur, occidente u oriente, en cualquier lugar en el que pisemos tierra firme los problemas son bien conocidos: desastres naturales, ataques terroristas, masacres y la desigualdad económica apabullante mientras persiste la corrupción de los gobiernos. Todo eso, y con toda la razón, nubla la posibilidad de imaginar un mundo menos malo. Pero los seres humanos, así como artífices de sus problemas, son capaces de construir soluciones. Vista desde lejos, la cumbre podría ser un evento que habla de lo que ya sabemos. Pero de cerca, por dentro, se conoce lo que usualmente no vemos: que en el mundo pasan cosas buenas.

¿Qué hacen y quiénes son los jóvenes y líderes empresarios que llegaron al OYW en Bogotá?

Chawan Said, canadiense de origen kurdo y futura médica, dice que quiere transformar el servicio médico del campo de refugiados donde se encuentra parte de su pueblo: “Pasé mis vacaciones de verano en el campo de refugiados y trabajé en la clínica tratando de mejorar la salud allá. Mi meta principal en este momento es, al menos, lograr que en el campo trabajen doctores las 24 horas en rotación. Porque allá la clínica cierra a las cuatro de la tarde. Después de esa hora no hay doctores ni enfermeras. Por ejemplo, para una mujer embarazada que entra en trabajo de parto no habrá nadie que la atienda. Entonces la deben llevar a la ciudad y, dependiendo del campo, pueden ser 30 minutos, 40 o hasta una hora para llegar. Mucha gente se enferma y muere por el mal servicio de salud”.

Osei Patience vive en Gaborone, Botsuana. Llegó al OYW Bogotá con una beca, disputada entre 2.200 aplicantes, que dio Johnson & Johnson. Habla de la crisis del ébola, que entre 2014 y 2016 acabó con más de 11.000 vidas en África occidental. Esa es la razón por la que vino aquí: “Soy ingeniera biomédica y trabajo en el cuidado de la salud en la Universidad John Hopkins diseñando tecnología para equipos médicos. Trabajé en el rediseño del equipo médico que usaban los doctores mientras trataban enfermedades infecciosas. Muchos médicos murieron durante el brote porque los trajes que usaban no los protegían y se estaban contaminando, entonces colaboré con un grupo de más de 200 doctores para rediseñar esos trajes”.

Fahmida Zaman, de Bangladesh, es politóloga. Trabaja para el Comité de Progreso Rural de Bangladesh (BRAC), en el área de educación y está a punto de publicar un libro sobre violencia política en el sur de Asia. “Estamos trabajando en un programa que se enfoca en desarrollar habilidades mentales y cognitivas, intentamos prevenir a niños y jóvenes de convertirse en extremistas religiosos, de que sus creencias se tornen en extremismos religiosos, para que así no vayan y se maten ellos mismos y a otros en nombre de la religión. Somos 1.500 estudiantes de universidades que trabajamos fuera de la capital, en áreas rurales, donde usualmente nacen las interpretaciones radicales”.

El One Young World es una oportunidad para conocer las historias de otros, pero también para conectar futuros proyectos. Es una plataforma de networking con propósitos sociales. Andrés Oyono, delegado de Guinea Ecuatorial, encontró una oportunidad de negocio con Barry Callebaut, una empresa fabricante de cacao y chocolate. “Conocí a una chica que trabaja en una empresa de chocolate y les he dicho que mi padre tiene un rancho de cacao, pero no tenemos compradores. Y resulta que ellos tienen socios en Camerún, y Camerún está muy cerca de mi país. Entonces queremos ver si se puede hacer algo en materia de cooperación, y así animar a la gente del pueblo que va a dejar el cultivo del cacao para que se activen”.

O está el caso de Vincent Loka, un indonesio de 24 años que llegó a la cumbre como invitado de las Naciones Unidas porque su proyecto empresarial, Water Room, trabaja por uno de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS): el acceso al agua potable. En el marco de la cumbre, el banco francés Paribas decidió financiarlo. “Lo que nosotros tratamos de hacer es crear un modelo sostenible para proveer agua como un servicio vendiendo máquinas que la limpian en zonas donde es muy costoso obtenerla. Entonces empoderamos a estas personas proveyendo conocimiento sobre estos sistemas de filtración para que puedan vender agua limpia en la comunidad. Algo así como sistemas de agua locales manejados por las mismas personas”, cuenta Loka.

 

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