Con motivo del Día del Periodista

Periodismo económico: mirando el poder a la cara

Es una de las vertientes del oficio que más se relacionan con los que toman las decisiones en el país. Estos son algunos hitos, reflexiones y anécdotas de reporteros de antaño sobre la labor.

Edición de El Espectador de marzo de 1969./ Mauricio Alvarado

En 1969, el periódico El Espectador publicó detalles de la reforma tributaria que el gobierno de Carlos Lleras Restrepo pensaba presentar al Congreso de la República. El documento era una propuesta planteada por la comisión Musgrave y su filtración le valió al diario un regaño durante una alocución presidencial, pues Lleras no se explicaba cómo una información de tan alto nivel había llegado a manos de la familia Cano.

El día anterior, el periodista económico Javier Ayala había encontrado el informe durante una visita al despacho de una de sus fuentes, el representante de los empresarios en la comisión. En un descuido del funcionario, Ayala tomó el informe con el corazón en la garganta y lo escondió en su espalda mientras salía presuroso hacia la sala de redacción.

Algunos colegas contarían años después que, a pesar del enfado del mandatario, este habría zanjado el asunto diciéndole a su ministro de Hacienda, Abdón Espinosa: “¿No era este un documento público? Pues bueno, ¡ya está público!”.

Como esta, son varias las anécdotas y personajes que han marcado el periodismo económico en Colombia, una vertiente poco retratada por los historiadores del oficio y que hoy, en el Día del Periodista, vale la pena recordar.

De los gloriosos años cincuenta a internet

Uno de los pioneros del periodismo económico es Darío Bautista, un huilense a quien el premio nobel de literatura Gabriel García Márquez describió en sus memorias como “una rara especie de contraministro de Hacienda que desde el primer canto de los gallos se dedicaba a amargarles la aurora a los funcionarios más altos, con las cábalas casi siempre certeras de un porvenir siniestro”. Bautista, recordado por sus acertados análisis económicos y sentido del humor, fue director de la primera parte de El Independiente en 1956, junto a José Salgar, y escribió en el periódico hasta su muerte.

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Por ese entonces, la rutina de muchos reporteros consistía en hacer visitas a instituciones financieras como el Banco de la República, el Minhacienda y el DNP, lugares en los que desplegaban todo tipo de maniobras, desde “endulzar” a las secretarias de los funcionarios hasta aprender a leer al revés documentos importantes, siempre a la espera de poderlos filtrar. Parte de esto, según Ayala, se debía a que los temas económicos eran tratados con sigilo y había poca socialización de las grandes decisiones que se tomaban.

A mediados de los años setenta, bajo la dirección de Rodrigo Ospina Hernández, el periódico La República se especializó en la información económica, convirtiéndose en el primer diario de este tipo en el país. Otros seguirían su ejemplo en la década de los 90, con el boom de las revistas financieras en Colombia y el nacimiento del diario Portafolio, cuyo nombre emula el objeto en que se guardan “los documentos más importantes”, en palabras de Silverio Gómez, primer subeditor del medio.

“En economía, los datos son fundamentales. Una información errada puede salirle muy cara a una empresa”, reflexiona Gómez, quien añade que los comunicadores de hoy manejan estos temas con más laxitud que en el pasado.

El periodismo económico, al igual que otros, pronto buscó acomodarse a la llegada de internet. Fue así como nació la agencia Primera Página en el año 2000, un portal especializado en información financiera que en menos de dos años consiguió sostenerse exclusivamente con pauta y suscripciones. Esta característica lo ha convertido en uno de los pocos medios independientes y más respetados del sector hasta hoy.

“La gente se imagina que estamos haciendo periodismo innovador, pero en realidad estamos haciendo lo que nos enseñaron hace años: cuando las cosas se producen, hay que decirlas inmediatamente”, cuenta Héctor Hernández, uno de sus fundadores.

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Los reporteros económicos, aún hoy, deben tener la capacidad de mirar al poder a la cara y procurar la verdad, como solían hacerlo los periodistas de antaño. Así como son responsables de cubrir al gabinete económico del Gobierno y a los grupos que toman decisiones claves para el país, de explicar las cifras que les interesan a sus lectores e incluso destapar las irregularidades financieras de la mano de las redacciones investigativas, también deben abrir espacios a los ciudadanos que desde el anonimato hacen empresa y contar sus historias con la misma seriedad.

La era de internet, de conferencias de prensa por streaming, comunicados digitales y agencias de comunicación, ha supuesto cambios en el oficio, que sin embargo, quizás apelan a los retos de siempre: la rigurosidad, el contacto con la fuente y la defensa de la independencia.

Quizás ahora los periodistas económicos hacen reportería a su manera, quizás lo hacen con "menos calle" que antes, bien sea por pereza o por aprovechar las herramientas tecnológicas disponibles, como concuerdan algunos periodistas de antaño. Y sin embargo, en sus hombros recae la responsabilidad de corresponder al rigor que caracterizó a muchos de sus precursores.