Personas que pasan de las ideas a los hechos

Todos tenemos muy buenas propuestas, pero ¿qué tanto las volvemos realidad? Los retos de los nuevos líderes, esos que ya pasaron a la acción, están en lograr cambios sociales con proyectos sostenibles y con propósito.

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Inspiradores, luchadores, audaces. Así son los nuevos líderes que están construyendo a Colombia. Aquellos que viven intentando lo que los demás no, que tienen ideas y no temen contarlas porque cuando los otros las escuchan y les aportan, entonces las hacen más grandes y, de paso, entienden cómo ejecutarlas mejor. Son los que se ponen metas tan altas que sus sueños se hacen realidad, consiguen hacer cambios en su entorno social y, en definitiva, están labrando el camino para que ese aporte sea para toda la sociedad. 

Piensan en el medio ambiente, lo protegen, generan una conversación en su nombre; trabajan por la educación, la agricultura, la moda, por generar confianza, por edificar en valores, por dar, por dejar huella; luchan contra la desigualdad, la pobreza y muchos de ellos sin decirlo con un discurso preparado, pero que lo demuestran con cada palabra que sueltan y cada movimiento que hacen; luchan por su felicidad, por la de su familia, por la de sus colaboradores y por todos aquellos que impactan con su labor. Son líderes. Son los que llevarán la parada de este país en la próxima generación, teniendo en cuenta que, como dicen muchos de ellos, justo ahora ya la están rompiendo. 

Juan Manuel Lopera, de 31 años —uno de los 35 menores de cuarenta años que entrevistamos en El Espectador para esta serie de Conversaciones con Líderes—, cuenta su historia: “Crecí en un barrio violento de Medellín y a los 12 años un maestro tomó la decisión de hacer innovación, de pensar diferente a la hora de educar, no solo a sumar y restar, sino a tratar de inspirarnos como seres humanos, más que máquinas que sumamos y restamos. Ese maestro me cambió la vida, si no fuera por él, que tomó la decisión de hacer las cosas distintas, hoy no generaríamos 300 empleos en Colombia y en otros países y no existiría Aulas Amigas ni el valor que estas agregan a la educación”.

Aulas Amigas es un programa que creó Juan Manuel y que ya está en veinte países. Se basa en TOMi, un dispositivo que logra llevar internet a las aulas que no lo tienen, logrando que las pizarras se vuelvan interactivas, ofreciendo contenidos digitales al maestro y sus estudiantes, ayuda al profesor a evaluar y, por supuesto, a preparar su clase. Esas pequeñas cosas que están causando verdaderas revoluciones sociales. Y esta, la más soñada por todas: con la educación.

De Jéssica Hernández, una mujer de 28 años que creó un negocio de alquiler de lavadoras y confección de ropa, sí que se aprende de liderazgo, ese que se enseña con el ejemplo. “La idea surgió en un momento en que yo necesitaba una lavadora, entonces era una necesidad mía, y por eso entiendo a todo el mundo. Nació con un proyecto que hicieron la ONU y ACNUR de empoderamiento femenino. Eran 35 emprendedores y mi proyecto de alquilar lavadoras salió favorecido. Empecé a alquilar tres máquinas. Aparte de eso también lavo ropa en mi casa. Fue una necesidad básica con ayuda externa”. Su historia es tan inspiradora que fue a la ONU a contarla, a decir que “sí se puede”.

 Y qué decir de Liz Cuadros, la mayor de la Policía que lidera el equipo encargado de crear estrategia para combatir el negocio de la droga. “Hace 17 años tengo la fortuna de ser parte de la Dirección Antinarcóticos. En este momento soy la jefa del Centro Internacional de Estudios Estratégicos Contra el Narcotráfico (Ciena) y es una unidad que busca aprender de la experiencia que tenemos empírica para volverla metodológica y científica para trabajar contra el narcotráfico”. Eso, en otras palabras, ¿qué significa? “Hemos venido trabajando de la mano del Observatorio de Drogas de Colombia. Creamos el sistema de alertas tempranas, trabajamos con la Fiscalía, con laboratorios forenses y estamos identificando todo ese tipo de drogas que se mueven en el país. También identificando la reducción del riesgo para las personas que son consumidoras, porque no es venir a juzgar al consumidor. El consumo es una realidad; es buscar cómo ese consumo no afecte a la sociedad, al país”.

Ellos, la nueva generación de líderes que ejercen un liderazgo positivo, propositivo y sostenible. Que junto con talentos como el de Sandra Medina, una colombiana que, en medio de la investigación de su doctorado, inventó junto a una colega mexicana un líquido que elimina manchas y olores de la ropa, no irrita la piel y es amigable con el medio ambiente, tienen en sus manos la misión seguir labrando el camino del cambio, de la transformación. Su trabajo, más allá de su éxito, es lograr dejar huella en una sociedad que reclama líderes capaces de pasar de las ideas a los hechos, de sacar adelante sus proyectos, pero sobre todo, de demostrar que Colombia es una verdadera fábrica de líderes.

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