Testimonio

“Por qué me convertí en emprendedor”, por Robert T. Kiyosaki

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Publicamos un fragmento de “Más importante que el dinero… el equipo de un emprendedor”, el nuevo libro del famoso inversionista estadounidense, en Colombia bajo el sello editorial Aguilar.

Me convertí en emprendedor sólo para averiguar si podía ser como mi padre rico en lugar de un empleado como mi padre pobre. Sabía que podía ser un empleado bien remunerado —navegando buques petroleros para Standard Oil, piloteando en aerolíneas o escalando los peldaños corporativos en Xerox—.

Consejos de emprendimiento de la agencia gubernamental Innpulsa.

Descubrí que odiaba ser un empleado en una corporación grande. Quería mi libertad más que mi seguridad laboral. No sabía si podía convertirme en un emprendedor rico; quería descubrir si podía lograrlo. Quería el desafío. Mi primer emprendimiento importante fue llevar al mercado las primeras carteras de nylon y Velcro para surfistas en 1977. El nombre de nuestra compañía fue Rippers y estábamos establecidos en Honolulú, Hawái. Fabricamos nuestros productos en Corea y Taiwán; los almacenamos en Nueva York. En 1978 Rippers fue votado como el producto nuevo número 1 en la industria de artículos deportivos.

Entonces Rippers empezó a producir mercancía para la industria del rock and roll. Rippers fabricó sombreros, carteras y bolsos para bandas como Pink Floyd, Duran Duran, Boy George, Iron Maiden, Ted Nugent y The Police. Rippers se disparó como cohete en 1978 y quebró en 1981. No fuimos capaces de manejar —o financiar— nuestro éxito.

Mejor lección de mi primer negocio

Aprendí que tenía mucho que aprender. Aprendí que podía tener éxito como empleado navegando buques petroleros o volando para aerolíneas. Quería rendirme como empresario, regresar a la escuela por mi título de maestría, conseguir un trabajo

y un sueldo. Fue mi padre rico quien me animó a continuar. Me recordó que la mayoría de los grandes empresarios fracasó muchas veces.

Por ejemplo, Henry Ford se fue a bancarrota cinco veces. Me recordó que el fracaso es el camino al éxito y que cometer errores es la forma en que aprendemos. Padre Rico también dijo: “La escuela es importante. El problema es que en la escuela se te enseña a no cometer errores. En el mundo real, si no cometes errores no aprendes. Conseguir un trabajo es bueno si necesitas un sueldo. El problema es que te despiden si cometes errores. Así que recibes un sueldo, pero no aprendes mucho”.

En lugar de regresar a la escuela y conseguir un trabajo, padre rico me recomendó que regresara a los restos de mi negocio, anotara cada error que cometí, aprendiera de ellos y reconstruyera el negocio. Fue enfrentando a mis acreedores, inversionistas y miedos —aprendiendo en lugar de defenderme y aceptando la retroalimentación— como me convertí en mejor empresario.

Hoy continúo fallando, recibo la retroalimentación que me llega, aprendo y me vuelvo más rico porque constantemente aprendo de mis errores. La mejor lección fue aprender a tener fe en mí mismo.

Mi Índice Kolbe me explicó por qué no me iba bien en la escuela. La educación tradicional está diseñada para los investigadores y los planificadores. Como puedes ver, soy un innovador… lo cual significa que me aburro fácilmente. También soy implementador, lo cual significa que aprendo al hacer en lugar de escuchar lecturas o presentaciones. Cuando terminé mi evaluación Kolbe entendí por qué mi carrera en la educación tradicional empezó a declinar en el primer grado, el año en que nos quitaron los bloques de madera.

Con mi Kolbe aprendí que mi “genio” es simplificar. Hoy en día tomo lo complejo y lo hago simple. Por eso Padre Rico, Padre Pobre es un éxito. Tomó conceptos financieros complejos y los hizo simples. La educación tradicional toma lo simple y lo hace complejo.

La educación tradicional toma un simple 1+2=3 y lo convierte en cálculo. Una razón por la cual muchas personas inteligentes no son ricas es porque toman cosas complejas y las hacen más complejas. Piensan que la complejidad los hace inteligentes. Desafortunadamente la complejidad los hace pobres.

En la actualidad, The Rich Dad Company continúa haciendo lo complejo simple. Por eso somos una compañía rica. Usamos el Índice Kolbe en Rich Dad para asegurarnos de que tenemos a la gente correcta en los trabajos correctos, según sus fortalezas naturales.

Habilidades que son esenciales para los empresarios… pero no se enseñan en las escuelas

El poder de cometer errores. Nuestras escuelas castigan a los alumnos por cometer errores. Por lo tanto, muchos jóvenes abandonan la escuela creyendo que son estúpidos por haber cometido demasiados errores. Lo mismo es cierto en la América corporativa. El empleado que comete más errores suele ser despedido.

En el mundo del emprendimiento, el emprendedor que comete más errores —y aprende de ellos— es el más rico y exitoso. Los emprendedores que cometen errores y pretenden que no los cometen tardan poco en volverse pobres o entrar en bancarrota.

Mi lección más importante para emprendedores

Las malas colaboraciones llevan a encontrar grandes compañeros.

Cómo aprendí a recaudar capital

Una palabra: desesperación. No tenía dinero y necesitaba aprender… rápido.

Cómo aprendí a superar el miedo y el fracaso

Combatí el fracaso y el miedo al fracaso… con el fracaso. “Fracasa más rápido”, Me decía mi padre rico. Todos aprendemos de nuestros fracasos si buscamos las lecciones que pueden enseñarnos.

Mi fortaleza personal

Me impulsan las misiones. En la escuela militar y en el Cuerpo de Marines aprendí el poder espiritual de la misión. En Vietnam aprendí la importancia de tener un equipo con la misma misión. Tener una misión fuerte me ayudó a superar mi pereza y a convertirme en un miembro fuerte del equipo.

Mi debilidad personal

Soy flojo. Mi flojera es una razón por la cual fui a la escuela militar en Nueva York. Necesitaba la disciplina y un sistema que me forzara a estudiar.

Las habilidades de emprendimiento que enseño mejor

Marketing, desarrollo de marcas y posicionamiento.

La lección de emprendimiento que enseño

Cómo convertir un negocio en una marca.

* Cortesía de Penguin Random House Grupo Editorial, sello Aguilar.

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