¿Qué tienen que ver el bienestar, la dignidad y la libertad para las cajas de compensación?

Asocajas celebra su congreso número 31 en Cartagena. La presidenta del gremio, Adriana Guillén, afirma que la misión de estas entidades es, con servicios de recreación, educación, vivienda, entre otros, ayudar a fortalecer a la clase media y evitar que los más vulnerables recaigan en la pobreza.

Adriana Guillén, presidenta de Asocajas, resaltó también el subsidio al desempleo, por seis meses, que dan las cajas de compensación a quienes han estado afiliados.Cortesía

Resaltar el papel de las cajas de compensación para el bienestar de los trabajadores y sus familias, a través de la prestación de servicios de recreación, salud, educación y hasta subsidios de vivienda, es uno de los principales objetivos del 31° congreso del gremio Asocajas, que se lleva a cabo este jueves y viernes, en Cartagena. En diálogo con este diario, Adriana Guillén, presidenta de esa asociación, explicó por qué estas entidades son importantes para la consolidación de la clase media, es decir, para que la gente que ha logrado superar la pobreza recaiga en ella.

“El 75 % de nuestros afiliados ganan menos de dos salarios mínimos, es decir que están en la clase media emergente. Las cajas propician una movilidad que les permite consolidarse y tener herramientas para que ellos se puedan desarrollar de acuerdo con sus necesidades, preferencias y decisiones libres”, explicó Guillén, quien recordó que son 43 cajas de compensación familiar que directamente llegan a más de 9 millones de trabajadores, pero en total a cerca de 21 millones de personas, contando al núcleo familiar de cada uno de ellos.

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En las discusiones de la futura reforma laboral, desde entidades como Anif ha vuelto a sobresalir la postura según la cual debe revisarse el modelo de cajas de compensación porque, al ser un costo para los empleadores, desincentiva el trabajo formal. ¿Qué opina de eso?

Es una postura económica interesante. Uno no puede negar que el 4 % (de aporte a las cajas) es un costo laboral, pero hay que mirar la relación costo-beneficio. En 2012 hubo una reforma tributaria muy importante y precisamente uno de sus puntos buscaba eliminar costos laborales para incrementar el número de empleos. Se recortaron 13,5 puntos de costos laborales, como ICBF, SENA y salud, pero cuando se hizo el balance del impacto de ese recorte se dieron cuenta de que se creó menos de un punto en empleos. Esa relación costo-beneficio no fue la esperada. Eso no es una excusa, pero lo que quiero mostrar es que es posible tener rendimientos económicos y, al tiempo, provocar desarrollo social. Ese 4 % genera valor agregado a gran escala: con ese aporte se llega a 21 millones de personas o tal vez más, propiciando de forma indirecta el empleo, a través del impacto en el sector construcción (debido a los subsidios que facilitan la compra de vivienda), protección en salud y educación, y espacios de bienestar con recreación y cultura. Muchos empresarios se están dando cuenta del retorno tan importante que trae esa inversión desde el punto de vista social. En una encuesta que hicimos el año pasado, el 84 % de los empresarios no tuvo ningún problema con mantener ese aporte, y en otra de este año (hecha por Yanhaas) sobre las marcas más queridas por los colombianos, las cajas ocuparon el tercer lugar.

¿Cuáles son sus propuestas o expectativas de cara a la reforma laboral?

No nos pronunciaremos sobre propuestas concretas, porque (la reforma) tiene que ser el fruto de una concertación, en el comité del Ministerio de Trabajo para la concertación laboral. Pero sí creo que es importante revisar nuestro modelo: el sistema de seguridad y protección social de la ley 100, producto de la mente brillante de Juan Luis Londoño, que permitió sentar las bases de la transformación social en Colombia, tiene ya casi 30 años y la sociedad no es como en ese entonces. Es necesario repensar los mecanismos para la inclusión social y productiva. Necesitamos un cambio que nos lleve a tener en cuenta formas disruptivas de trabajar: las personas ya no trabajan ocho horas, en un solo sitio, sino desde la casa o cualquier parte del mundo. Las plataformas digitales nos muestran que el trabajo asalariado como lo conocemos no es el único camino, y hay que explorar otros.

Sobre eso último, ¿qué sería viable?

Hay que mirar modelos nuevos de inclusión productiva. Uno no puede “botar el sofá por la ventana” porque no le cabe en la casa: al hablar de plataformas, hay que buscar la manera para que el dueño de la aplicación y quien se beneficia, es decir quien compra y quien vende, contribuyan a la protección social de la persona detrás de la plataforma. El trabajo por horas es una realidad, hoy la gente es freelance y trabaja por horas. Tenemos que llegar a un acuerdo sobre eso. Esto solo se logra a través de la concertación, y las cajas deben poner su granito de arena en estos nuevos modelos, revolucionar los servicios de manera que las personas quieran estar en el sistema de compensación porque les genera beneficios.

Se ha hablado mucho del beneficio económico que puede traer a Colombia la llegada de población migrante desde Venezuela. Desde las cajas de compensación, ¿pueden tener algún papel para apoyar a esta población y contribuir a que ese impacto positivo se materialice en la sociedad y la economía?

Las cajas, como otros elementos del sistema de protección social, están directamente amarradas al vínculo laboral formal. Eso hace que sea muy difícil ampliar los servicios a población migrante, sin embargo, (las cajas) vienen haciendo un trabajo muy interesante a través de sus agencias de empleo con la población migrante para ayudarlos a conseguir trabajo. Ricardo Hausmann, por ejemplo, habla de los beneficios que trae la población migrante: mejora la mano de obra, incrementa los conocimientos, esas personas generan consumo y eso dinamiza el PIB… Lo importante es generar condiciones dignas para que esas personas se integren al mercado laboral sin afectar nuestro mercado interno.

El presidente de Compensar ha hablado de “exportar el modelo” de las cajas de compensación a otros países, es decir, no solo mantenerlo, sino exportarlo. ¿Como gremio están haciendo alguna gestión para eso?

Es un modelo que hay que hacer visible para los que todavía no lo ven. Es un modelo que multiplica el bienestar y eso es importante rescatarlo en situaciones como la de Venezuela, incluso viendo la situación de Ecuador y Chile. Hoy hay algo que está faltando en esa población de clase media para fortalecerla, ayudarla a suplir sus necesidades y tomar decisiones con mayor libertad y dignidad. Sí creo que es un modelo replicable. Hay un mito que nos hace mucho daño: dicen que las cajas son muy ricas, como si la plata estuviera en una bolsa y las cajas estuvieran alimentando la bolsa sin hacer nada. Esos recursos son de los trabajadores, no de las cajas, y en virtud de ley ya tienen una destinación específica y esa destinación se cumple de forma disciplinada y eficiente. Donde sí ha habido problemas es en el sector de la salud, donde nos han involucrado, obligado a estar a cajas que de pronto no tienen el músculo financiero suficiente.

¿Cómo así “obligado”?

La Ley 100 nos dice que debemos prestar el servicio de salud, y hay cajas que no tienen el músculo financiero para estar en el sistema de salud, que es muy complejo. No podemos tomar recursos del fondo de vivienda o de niñez para capitalizar actividades de salud. Si el sistema de salud no mueve los recursos termina asfixiando a las cajas más pequeñas que prestan esos servicios.

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Redacción Economía.

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¿Qué tienen que ver el bienestar, la dignidad y la libertad para las cajas de compensación?

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