Sostenibilidad: la pregunta que se plantea el sector agropecuario

Cómo generar un impacto social y económico positivo, sumado al respeto por el medioambiente, es el reto que se discute por estos días en el marco de la feria Expo Agrofuturo, en Medellín.

Bloomberg.

El uso de productos químicos, la deforestación, los incendios, la labranza, la maquinaria pesada y el riego intensivo, entre otros factores, han contribuido a que el 40 % del territorio de Colombia sufra de erosión. Ese fue uno de los campanazos que ya hace varios meses dio la Misión para la Transformación del Campo, un grupo de expertos que le entregaron al presidente Juan Manuel Santos una serie de recomendaciones de política pública para sacar al sector rural de su rezago histórico. Entre las metas que trazó el informe está la deforestación cero a 2030.

Otro dato alarmante, casi por la misma época, lo arrojó el Censo Nacional Agropecuario: que casi el 45 % de la población rural es pobre. La tasa duplica los índices urbanos. Y más recientemente un informe publicado por Rimisp dio cuenta de que cerca de 12 % de los jóvenes rurales migra a las ciudades a probar mejor suerte. De este panorama no es difícil concluir que el campo pide a gritos que las actividades que se desarrollan en él sean medioambiental, económica y socialmente sostenibles.

Para el peruano Tony Salas, cofundador de la compañía agrícola Shared-X, la situación tiene una implicación adicional: no ser sostenible puede ser una sentencia de muerte para los negocios contemporáneos. La razón es que la sociedad y sobre todo las nuevas generaciones son cada vez más conscientes del sentido de responsabilidad que las empresas deben tener con el planeta y con la sociedad. “No es moda. La demanda está cada vez más educada. Las nuevas generaciones exigen sostenibilidad. Para ellas, es natural”, dice.

La particularidad es que Salas no ve la responsabilidad social empresarial como algo accesorio o como algo que se tacha de una lista de tareas, sino que se vuelve parte integral de los modelos de negocio. Por lo menos, en su negocio. Shared-X es una compañía productora de café, cacao y banano, que nació hace casi 10 años y cuyo modelo se basa en la colaboración con pequeños productores. Se inició con ocho hectáreas en café en una finca de Salas, a las que se fue sumando el producto de caficultores vecinos.

“Siempre había visto la dicotomía de que al pobre no le queda nada y al rico todo, así compartan el mismo territorio. Analizando la cadena vi que había incentivos perversos en la gente que intervenía en el primer eslabón (el pequeño productor): el que le vende los insumos quiere venderle lo que vende al precio que quiera, por ejemplo”. En su predio, Salas empezó a aplicar las nuevas tecnologías y modelos de gestión y a aprovechar los mercados que había podido conocer durante sus años como consultor. Luego, conforme los vecinos fueron viendo que le funcionaba, se acercaron a preguntar.

El modelo de la empresa, que fue expuesto durante el primer día de la feria Expo Agrofuturo, en Medellín, implica que el nuevo conocimiento que se adquiere se comparte con los agricultores aliados, al tiempo que estos entregan sus productos a Shared-X, que lo procesa y, posteriormente, los vende junto con la producción de las fincas propias de la compañía, todo al mismo precio. Por la venta, Shared-X cobra una comisión del 10 % y el 90 % restante llega a cada uno de los 1.200 productores que trabaja con ese modelo.

Los expositores del primer día de la feria coincidieron en que para hacer de la sostenibilidad un tema de todos es necesario demostrar que es rentable. Romper el paradigma de que no lo es. Tal es el caso de Ecoflora Agro, una empresa que se define como productora de química verde, es decir, de manejo de plagas y enfermedades a partir de extractos naturales. Su mayor preocupación, según Nicolás Cock, cofundador de la empresa, es proteger la vida y ser una alternativa para el uso -mal uso, en muchas ocasiones- de químicos. Sus productos han sido probados en los cinco continentes y actualmente viaja la primera exportación que han hecho a África.

Mucho se ha dicho que para 2050 habrá más de 2.000 millones de personas adicionales en el planeta, hasta llegar a una población cercana a los 9.600 millones, con el agravante de que más o menos un 70 % vivirá en las ciudades. Eso significa que habrá más gente, pero menos trabajadores del campo, en donde se produce la mayor parte de la comida. La pregunta es cómo producir suficientes alimentos, pero de una manera sostenible, es decir, de una forma que no resulte en la necesidad de “migrar a Marte”, como dice Cock.

Si bien el cofundador de Ecoflora defiende la producción orgánica, y cuestiona de hecho que Colombia ocupe el puesto 24 en América Latina en producción de este tipo, asegura que hay alternativas para que la agricultura convencional y de gran escala se vuelva cada vez más sostenible, implementando tecnología y sistemas inteligentes para el uso racional de los recursos naturales, como lo logró Holanda, que en 17 años ha logrado consumir 97 % menos pesticidas y 50 % menos agua.  

Para el español Juan Verde, exasesor de Barack Obama, otro de los invitados a la feria, la clave está en aprovechar la época de las vacas gordas para invertir y reinventarse, pero también debe haber acceso a capital e interés de financiación, por ejemplo, por parte de la banca. En Colombia, como país, ve un gran potencial exportador de los que llama los biocombustibles de tercera generación: aquellos producidos con los desechos de la agricultura, así como destino de las inversiones de proyectos que buscan reducir la huella de carbono.

Ser sostenibles en el consumo y en la producción es, en definitiva, la pregunta que el sector del agro se hace por estos días en la feria Expo Agrofuturo, que termina este viernes en Medellín.