Tras choque petrolero, el café es una buena terapia

El gobierno del presidente Santos va concluyendo y el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, no deja de achacar los males que enfrenta la economía a la caída del precio del petróleo, uno de los mayores desastres que le ha tocado afrontar al país en las últimas décadas. Pero es hora de pasar la página, coinciden analistas.

David Campuzano

Para olvidarse del petróleo, el café es una buena terapia. Aunque nunca va a igualar los recursos que entregó la industria de los hidrocarburos a las finanzas públicas, hoy parece ser lo único que tenemos para conseguir divisas. Así quedó en evidencia en la última rendición de cuentas del Ministerio de Hacienda, efectuada ayer.

Cárdenas pasó al tablero, junto con el resto de sus colaboradores, para mostrar que la tarea se hizo, que no dio todos los resultados esperados, pero se va pasando el año raspando.

Sin petróleo, las esperanzas se han sembrado en el café. Para este año se espera una producción cafetera un poco por encima de los 14,1 millones de sacos. El valor de la cosecha de 2017 va a estar cercano a los $8 billones, teniendo en cuenta que en promedio el precio interno del grano fue de $850.000. “Es la más alta de la historia en términos nominales y la más alta en términos reales de los últimos 25 años”, explicó Nicolás Pérez, asesor del Gobierno en asuntos cafeteros.

El ministro Cárdenas recordó que entre 2011 y 2015, los ingresos petroleros fueron 0,6 % del PIB más altos por años, en promedio. Esa alta cotización del crudo se utilizó para bajar el déficit fiscal y para hacer mayor inversión: en este período, la inversión fue de $30 billones, a precios de hoy.

Cárdenas señaló que durante los seis años que ha estado al frente del Ministerio le ha tocado afrontar cuatro choques: la caída de los precios del petróleo, el estancamiento de socios comerciales, la volatilidad en mercados financieros y la sequía más fuerte de este siglo por la presencia del fenómeno de El Niño, que disparó la inflación.

 

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