Trump prometió proteger el acero: ahora se avecinan despidos

Los retrasos en la implementación de las promesas electorales de Donald Trump en construcción de infraestructura están comenzando a pasarle la factura a esta industria en Estados Unidos.

Bloomberg

En esta enorme acerera ubicada a las afueras de Filadelfia, los trabajadores tienen un número en mente. No se trata de cuántas toneladas de acero salen de la línea de producción ni de cuántas horas trabajan, sino dónde se encuentran en la lista de antigüedad de la planta.

En septiembre, ArcelorMittal, la empresa propietaria de la acerera, anunció que el próximo año iba a despedir a 150 de los 207 trabajadores de la planta. A pesar de que los recortes comenzarán con los empleados más nuevos, irán tan profundo que incluso los trabajadores con décadas de experiencia serán expulsados. (Lea "Trump promulga la ley de gran reforma fiscal")

“Le dije a mi hijo: ‘La Navidad va a ser un tanto raquítica porque mamá perderá pronto su trabajo’”, comentó Kimberly Allen, una obrera siderúrgica y madre soltera que ha trabajado en la planta durante más de 22 años. En la lista de antigüedad, ocupa el lugar 72.

Los despidos han dejado atónitos a los obreros siderúrgicos, quienes apenas el año pasado celebraron la elección de Donald Trump como un nuevo amanecer para su industria. Trump prometió construir caminos y puentes, fortalecer las disposiciones de la ley “Buy America” (Compra en Estados Unidos), proteger las fábricas de las importaciones injustas y resucitar las industrias, en especial la del acero.

Sin embargo, después de un año en el cargo, Trump no ha promulgado estas políticas. Y, en la industria del acero, no cumplir una promesa ha tenido consecuencias no previstas.

Las acereras extranjeras se han apresurado para llevar su producto a Estados Unidos antes de que comiencen los aranceles. Según el Instituto Americano del Hierro y el Acero, órgano que monitorea los embarques, las importaciones de acero fueron un 19,4 por ciento más altas en los primeros 10 meses de 2017 que en el mismo periodo del año pasado.

Este aumento repentino de las importaciones ha dañado a las acereras estadounidenses, las cuales ya estaban teniendo dificultades con un exceso de acero barato de China. Cuando ArcelorMittal anunció los despidos en Conshohocken, la empresa culpó a estas importaciones, así como a la baja demanda de acero para puentes y equipamiento militar. (Lea "¿Colombia importó un riesgo sísmico?")

James Rockas, un vocero del Departamento de Comercio, señaló que la administración estaba “consciente del apuro en el que se encuentran las acereras de Estados Unidos, y seguiremos trabajando para poner un alto a las prácticas comerciales que dañan nuestra economía y eliminan los trabajos para los estadounidenses”.

Reformar el comercio fue una de las promesas distintivas de la campaña del presidente y, durante sus primeros meses en el cargo, Trump emitió decenas de acciones. Una sacó a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico, un pacto comercial de 12 países. Otras ordenaron investigar las importaciones o renegociaciones de los acuerdos comerciales.

La incertidumbre respecto de cómo estas medidas darán una nueva forma a las reglas comerciales está teniendo un peso específico en muchas industrias. Las empresas están esperando para invertir o encontrar proveedores adicionales fuera de Estados Unidos, según han mencionado ejecutivos en las industrias agrícola, automotriz, de energía solar y de tecnologías de la información.

En abril, el presidente ordenó investigar de modo paralelo las importaciones del acero y del aluminio conforme la poco utilizada Sección 232 de la ley comercial de 1962, la cual permite restricciones de gran alcance para proteger la seguridad nacional.

A principios de este año, los aranceles parecían inminentes. A finales de mayo, Wilbur Ross, el secretario de comercio, señaló que esperaba concluir la investigación sobre el acero para finales de junio.

A inicios de junio, Trump mencionó a una multitud en Cincinnati: “Esperen a ver qué voy a hacer a favor del acero y las acereras de ustedes”, y prometió que “detendría el desecho” de productos a precios muy bajos que realizaban otros países.

“Lo veremos muy pronto. Los acereros estarán muy contentos”, aseguró.

Sin embargo, el anuncio nunca llegó.

Al parecer esto lo provocaron en parte las divisiones internas de la Casa Blanca. Algunos funcionarios, como Ross —un exejecutivo del acero que estuvo en la junta directiva de ArcelorMittal hasta que en febrero lo confirmaron en el cargo—, querían seguir presionando para implementar los aranceles. No obstante, hubo otros, entre ellos los asesores económicos y de seguridad nacional, a quienes les preocupaban las repercusiones, aseguran los asesores comerciales.

Los aranceles tenían muchos oponentes. Las automotrices, los procesadores de alimentos y otras empresas en más industrias que utilizan el acero y el aluminio en sus productos se quejaron porque los aranceles elevarían los costos y los harían menos competitivos, por lo que al final se sacrificarían más trabajos de estadounidenses de los que se iban a salvar. Los exportadores de acero, como la Unión Europea, amenazaron con implementar represalias. Economistas prominentes resaltaron el riesgo de que hubiera una guerra comercial.

“Creo que la Casa Blanca está inmovilizada porque hay una gran cacofonía de voces”, comentó el senador demócrata por Ohio, Sherrod Brown, quien se describe como un aliado del presidente en el tema comercial. “Esta administración no parece saber qué piensa del comercio”. (Lea "Norma de barras corrugadas divide al sector del acero")

El próximo año, la administración enfrentará una serie de fechas límite sobre las medidas relacionadas con el acero. El 15 de enero, el Departamento de Comercio debe presentar al presidente los resultados de su investigación. Después, el mandatario tendrá 90 días para decidir qué hacer.

Trump y sus asesores señalan que se han concentrado en la legislación tributaria, la cual aprobó el congreso esta semana. La Casa Blanca mencionó que planea recurrir a medidas para resolver los asuntos comerciales, entre ellas la investigación sobre el acero, una vez que el proyecto se convierta en ley.

No obstante, el retraso ha amenazado con fracturar la frágil alianza forjada por el presidente con algunos sindicatos laborales, a los cuales les agrada la manera en que Trump aborda el comercio.

El senador demócrata por Pensilvania, Bob Casey Jr., afirmó que era probable que el compromiso de la administración hacia los trabajadores fuera un problema en las elecciones intermedias. “Se han quedado estancados en este tema demasiado tiempo”, mencionó.

El sindicato acerero, que incluye a los trabajadores de Conshohocken, United Steelworkers, se ha alineado históricamente con los demócratas. Sin embargo, muchos trabajadores se opusieron a los acuerdos comerciales que establecieron los presidentes Bill Clinton y Barack Obama, así que percibieron como hipócrita la postura de Hillary Clinton en el tema del comercio.

En un giro de la política relacionada con el comercio, el sindicato defendió la agenda comercial de la administración de Trump ante las críticas de los grupos empresariales que tradicionalmente están del lado de los republicanos, como la Cámara de Comercio. (Lea "La economía de EE.UU. creció 3,2 % en tercer trimestre de 2017")

No obstante, Scott Paul, el presidente de Alliance for American Manufacturing, el grupo comercial que representa a los trabajadores del acero, mencionó que había “un profundo sentimiento de frustración entre los obreros siderúrgicos porque el presidente los usó como utilería política”.

“La situación que provocaron las palabras y la falta de acción del presidente en verdad han dejado a la industria peor que si no hubiera hecho absolutamente nada”, concluyó.

The New York Times 2017