Según el Informe Global de Competitividad 2017-2018

Un país corrupto no es competitivo

Para garantizar el crecimiento económico se requiere innovar, cuidar el medioambiente y aprovechar el talento humano. Expertos consideran que los líderes deben volcar su mirada a los valores.

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La economía mundial ha comenzado a mostrar signos de recuperación. Sin embargo, los responsables políticos y líderes empresariales y sociales están preocupados por las perspectivas de crecimiento, disminuir la pobreza y mejorar la calidad de vida del ser humano, y para lograrlo se necesita determinación, propuestas y soluciones más creativas que trasciendan en el tiempo.

Los resultados del Informe Global de Competitividad 2017-2018 presentan las oportunidades que tienen los países para impulsar el crecimiento y el desarrollo sostenible, en donde Colombia ocupó el puesto 66, según el ranquin de las 137 economías evaluadas -cayó cinco posiciones respecto al año pasado-. “La caída se da por un deterioro en el entorno macroeconómico, debido al aumento del déficit presupuestario, la inflación y la falta de eficiencia de las instituciones del país”, detalla el informe.

La corrupción representa uno de los indicadores negativos para que Colombia pueda ser competitiva y dar el salto a un país desarrollado. Además, redescubrir nuevas fuentes de sostenibilidad y así apostarle a un crecimiento que trabaje en equipo entre los sectores público y privado, que generen negocios más competitivos.

Sin embargo, no es sólo una problemática de Colombia, sino un mal que aqueja a la región. El informe también revela que América Latina tiene problemas de confianza en el Gobierno y un desafío importante para brindarles seguridad a los inversionistas.

Para avanzar en el camino se debe dar prioridad a la educación y entender que es la única herramienta eficaz para el desarrollo de las sociedades que operan. “Nuestro deber es formar funcionarios públicos integrales, con capacidad de cambio, que piensen en la cohesión social, en la cultura y en la inmensa responsabilidad que tienen con las generaciones futuras”, afirmó Juan Luis Mejía, rector de Eafit.

En ese camino también la inversión privada tiene un papel determinante, porque genera beneficios en los accionistas, pero también en las comunidades, por eso debe tener un vínculo cercano con su entorno y brindar herramientas para alcanzar equidad social. “Tenemos como propósito mejorar la educación pública y dar una línea de partida para que todos tengamos igualdad de oportunidades. Por eso debemos asumir el rol de formar líderes conscientes de generar cambios y que tengan noción de país”, comenta Antonio Celia, presidente de Promigás.

La formación de líderes no sólo hace referencia al sector empresarial, sino a liderazgos que vienen de la poesía, la literatura, la filosofía y la arquitectura. Líderes que inspiren y se adapten al cambio, y les apuesten a emprendimientos como motor para capitalizar nuevas tecnologías y traerlas a un punto de comercializacíón que generen más empleos y dinamicen la economía.

Esto es determinante para tener un ecosistema sólido. En palabras de Kathleen Kennedy, directora de proyectos especiales del Massachusetts Institute of Technology, “es más difícil lograr resultados si no hay un mercado sólido, si hay una lucha constante en el Gobierno y hay maldad, porque el ambiente no es seguro y los empresarios talentosos se trasladan a escenarios que les generan confianza, por eso es importante que haya buenas regulaciones y cero corrupción”.

No todo es malo. De acuerdo con el informe, la región avanzó en temas de infraestructura, salud y educación, pero tiene el reto de aprovechar la tecnología y generar más innovación. Juan José Güemes, presidente del Centro de Emprendimiento e Innovación de IE University, dice que “América Latina debe aprovechar el talento y apoyar cada idea para alcanzar grandes metas. El emprendimiento es indispensable para hacer crecer el mercado y se necesita el trabajo en equipo de la academia y de los sectores público y privado”.

La hoja de ruta está trazada y ahora la responsabilidad es de quienes están en posiciones de liderazgo para habilitar espacios y dar herramientas pertinentes para dar el salto a una economía desarrollada. Esto, con proyectos que se enfoquen en la comunidad, transiten en la legalidad y le apuesten a negocios transparentes.