De la huelga

¿Y dónde está el piloto?

Resulta difícil idealizar más la imagen de los pilotos, ¿qué pueden ser para uno más que héroes? ¿Cuántas películas habremos visto en las que lo son? ¿Quién no tiene una imagen mágica, casi sagrada, de la cabina de un avión?

Foto: Inalde

Adelanto que no sé nada diferente de lo que sabe el lector, o quizá menos del conflicto de Avianca con sus pilotos: únicamente lo que dicen los medios y la experiencia de algún vuelo cancelado. Pero sí me pregunto, ¿quién los está aconsejando?

Comencemos por los pilotos. Resulta difícil idealizar más la imagen de los pilotos, ¿qué pueden ser para uno más que héroes? ¿Cuántas películas habremos visto en las que lo son? ¿Quién no tiene una imagen mágica, casi sagrada, de la cabina de un avión? Es sorprendente verlos agrupados en manifestación; aún más, oírlos advertir que están preocupados por el estado de ánimo de un piloto con un avión full de pasajeros si no hay acuerdo. Nada de eso se corresponde con la imagen que uno tiene de los pilotos: personas que están dispuestas, literalmente, a sacrificar sus vidas por salvar las de sus pasajeros.

Estoy seguro de que hay malentendidos, pero, ¿cómo dejaron que la conversación se fuera hacia iPad, impuestos y tiquetes en lugar de hacer comparaciones de salario y porcentajes internacionales?

Tampoco entiendo (pero seguro la razón es algo que no sé), por qué parecieron “ansiosos” de comenzar la huelga el 20 de septiembre, primer día en que era posible hacerla luego de la votación, en lugar de esperar hasta última hora: la empresa ya había suspendido la venta de tiquetes días antes y estaba cargando todo el peso del problema; del 20 al 27 el sindicato tenía el poder de “estar, pero no estar” en huelga y habrían podido incluso conciliar en esos días sin el costo de hacer una huelga. ¿Cuál era el afán?

Pasemos a Avianca. ¿Cómo no tenerle aprecio y sentir que es parte de uno? ¿Cuántos años, desde niños, llevamos oyendo que es la línea aérea de Colombia, la segunda más antigua del mundo, un récord que sentimos nuestro? ¿Qué colombiano que vuele no tiene tarjeta de Avianca de algún color? Es sorprendente verla arrogante por momentos, incluso proponiendo reformas laborales.

Hubo algo que me sorprendió mucho: según parece, el juez que declaró ilegal la huelga tuvo en cuenta el impacto que esta tiene en el país, lo que es evidente; pero lo llamativo es que la casi totalidad del impacto se debe a la posición dominante del mercado que tiene Avianca, es decir, que si la huelga fuera en otra aerolínea, ¿no sería un servicio esencial? O peor, ¿querría eso indicar que al país no le conviene la participación de mercado que tiene Avianca?

Ahora bien, ¿cómo permitió la empresa que las cosas llegaran a donde están ahora? Esto no es algo que se gestó de la noche a la mañana. ¿Cómo se llegó a la tal insatisfacción de sus pilotos?

Sea como fuere, la verdad es que a ninguna de las dos partes les conviene lo que está pasando y ninguna de la dos parece darse cuenta del peligro en que están. Tiene uno la sensación (insisto, viéndole desde afuera y sin tener más información), que lo que hay es una lucha de poder. El problema es que gane quien gane, a los dos les va a afectar. Es cierto que las empresas son de sus accionistas, pero también lo son de sus empleados; recuerdo el viejo chiste de un avión que está cayendo en vuelo y solo un pasajero parece estar calmado; cuando le preguntan que cómo puede estar tan calmado responde: “Es que el avión no es mío”. La verdad es que la empresa es de todos. Los pilotos pueden pensar que lo que dañe a Avianca no les concierne, pero ellos están montados en ese avión. La compañía puede creer que doblegar a sus pilotos no les afecta y saldrá favorecida, pero quienes comandan sus aviones son sus pilotos y, ¿a dónde irá todo ese resentimiento? ¿Qué están aprendiendo los demás empleados?

Los efectos de esta huelga serán costosos y prolongados para las dos partes. No es sólo las ya costosas consecuencias económicas para los pilotos y la empresa; es que es posible que la cuota de mercado de Avianca disminuya: han estado forzando a los pasajeros a probar otras aerolíneas. La reputación de ambas partes se va a resentir y la desconfianza es pésima para los negocios.

Salvo raras excepciones, negociar es siempre mejor que combatir. Y negociar incluye ceder siendo creativos y facilitarle al otro una salida digna. Esto último es lo que William Ury, en Supere el No llama “Tender un puente de oro”. Ambas partes deberían pensar en cómo acabar el conflicto sin mostrar al mundo que “vencieron”, más bien que conciliaron; encontrar una salida digna para el otro. Sin duda es difícil, muy difícil. Hay momentos en los conflictos en que las emociones toman el control y ya las decisiones no sólo no son racionales, sino que son destructivas; prima el ego, el mostrar “quién soy yo”. Y cuando eso pasa, la que sufre es la empresa, es decir todos: empleados, accionistas, proveedores y clientes.

Si me lo permiten, un consejo para las dos partes: no insistan

*Director académico de Inalde Business School

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