El arte de lustrar una vida de altibajos
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¿Qué pasó con Lucho el “embolador”, exconcejal de Bogotá?

Luis Eduardo Díaz incursionó en la política como concejal de Bogotá y hoy su vida es la inspiración del libreto de una serie que se estrenará el próximo lunes en la televisión colombiana. Luego de cambiar su caja de lustrar zapatos por un maletín de negocios, hoy se dedica a su familia y tiene un puesto de empanadas en el norte de la capital.

“Perdón la humildad”. Con estas palabras Lucho recibe a los visitantes mientras ingresan por el garaje de su casa, convertido en una tienda, en el barrio 20 de Julio. En el segundo piso, invadido por un aroma a café recién preparado y decorado con fotos familiares en cada pared, comienza a contar de manera descomplicada qué ha pasado con su vida en los últimos años.

Luis Eduardo Díaz es un bogotano de 55 años, que desde joven se dedicó a lustrar zapatos en el centro de la capital. Su rutina cambió el 29 de octubre de 1999, cuando, por accidente pero con 18.000 votos a favor, llegó a ocupar una curul en el Concejo de Bogotá, en la que estuvo hasta 2007. Según cuenta, ese año le robaron su puesto por ser una piedra en el zapato para algunos corruptos. No obstante, la razón legal de su destitución e inhabilidad por diez años fue que estuvo en prisión (cuando tenía 18 años) por robar para salvar la vida de su hija, que sufrió un accidente.

Aunque reconoce no ser un santo, recalca que no es el tipo de persona que la gente se imagina. Simplemente pecó al creer que, pese a ocupar un cargo público, su vida privada iba a ser invisible e irrelevante. Por eso siguió entre las parrandas y el licor, cuando su tiempo libre se lo permitía.

“Todos los medios me atacaron por borracho. La gente me señaló y eso me hizo muchísimo daño moral, tanto que ni podía salir a la calle”, recuerda mientras marca cada frase con sus manos, ademán arraigado en la oratoria de muchos políticos. Tras la expulsión del Concejo y con la amargura por lo que aún considera una injusticia, Lucho retomó su labor como lustrabotas. Desde entonces, dice, no se toma un trago .

Vendedor de empanadas

Hace cinco años su frustración se desvaneció de la manera más impredecible (como todo lo que venía ocurriendo). Gloria, el amor de su vida y la madre de sus cuatro hijas, lo puso un día a cuidar un puesto de empanadas, ubicado en la calle 85 con 11. “Me dijo que iba a hacer una vuelta, que no se demoraba. En ese momentico que me quedé solo, la gente me reconoció. Se me acercaba y me hacían la charla, mientras se comían una empanada. Mi esposa quedó sorprendida con la venta y me pidió que me quedara. Y así fue”.

Desde entonces su día comienza a las tres de la mañana. Mientras él se alista para salir a trabajar, su esposa prepara el tinto que debe vender en el negocio. Lo despide y a las seis de la mañana, Lucho y una de sus hijas mayores llegan a atender a sus clientes.

Nunca le dolió ni se sintió deshonrado por pasar de ser un “honorable concejal”, como le decían algunos, a vender empanadas en una esquina del norte de Bogotá. Por el contrario, de la forma más humilde agradece que tiene un sustento para mantener lo que más le importa en el mundo: su hogar.

A la pantalla chica

Cuando la estabilidad parecía llegar a su vida, en 2017 la rutina de nuevo se vio interrumpida por una visita inesperada: hasta su puesto llegaron unos productores de televisión a preguntarle si estaría dispuesto a que su historia fuera la inspiración de una serie de televisión. No fue capaz de dar una respuesta de inmediato. Pasaron tres meses antes de que Lucho y su familia dieran el sí.

“Creo que eso va a ser espectacular, porque no es la típica novela de guerra y narcotráfico, sino la de muchas familias que han pasado por cosas que la gente desconoce. Acepté la propuesta, porque con Gloria hemos creado una familia loca, pero inseparable. Cuando llegué al Concejo aparecieron mujeres bonitas, tentaciones en las que cualquier hombre caería. Yo no, yo he tocado la gloria y jamás sería capaz de cambiar a mi esposa. Siempre hemos estado juntos en las buenas y en las malas, y no solo los dos, sino con nuestras hijas”.

Gloria es una boyacense, cuyo carácter templado se desvanece cuando habla sobre su familia. Complementa la afirmación del exconcejal: “Voy a cumplir cuarenta años de estar con Lucho y hemos pasado por muchas pruebas, pero el amor y la unión nunca nos han faltado. Quiero que seamos el ejemplo vivo de que ningún problema es tan grande como para acabar una familia. Yo sé que con nuestra historia se van a reconstruir muchas familias y eso me hace feliz”.

De nuevo a la política

En medio del trampolín de oportunidades que estaba viviendo, Lucho decidió llenar el vacío con el que quedó en 2007, cuando tuvo que dejar el Concejo. El año pasado, tras terminar su inhabilidad, volvió a la arena política y se presentó como candidato a la Cámara de Representantes por Bogotá. Aunque se quemó, no desiste de la idea de volver a ser la voz de una minoría.

“Yo quiero volver al Concejo, pero ya sería en otro escenario. Ya no soy el Luis que llegó sin saber cómo se movían las cosas y solo sabía que iba a defender a las personas más vulnerables de Bogotá. Ya no soy el Luis que manipulan por su ignorancia. Ahora sé que cada cosa que haga y cada palabra mal dicha me pueden meter en problemas, así como también sé que puedo decirle la verdad en la cara a cualquiera sin miedo”.

Lleno de entusiasmo, Lucho idealiza su regreso como un gran paso para desempolvar proyectos de desarrollo local y distrital represados y hacerlos públicos, para poder beneficiar a las poblaciones vulnerables de la ciudad. “Esos proyectos no salen a la luz, a pesar de que el Concejo sea un cuerpo público, porque a los corruptos no les conviene gastarse su platica ayudando a la gente. Si nunca se conocen, pues nunca se van a exigir”.

Con el mismo entusiasmo que habla Lucho de la gente que quiere ayudar, también lo hace de la serie que se estrenará el lunes 11 de febrero a las nueve de la noche en el Canal Caracol. Como cualquier televidente, está con la incertidumbre de ver su historia en la pantalla chica y de esa manera revivir las etapas más difíciles de su vida, las mismas que forjaron su carácter y le enseñaron a lustrar y corregir los errores.