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hace 7 horas
Por: Valentina Coccia

El arte y la liberación femenina

Últimamente me he sentido muy intrigada por el hecho de ser mujer y de haber vivido la mayor parte de mi vida en la obnubilación del patriarcado. Toleraba cada día actos violentos, imposiciones del deber ser y autoengaños frecuentes, naturalizando comportamientos tóxicos y permitiendo que todos los hombres, desde mi padre hasta el portero del edificio, me atacaran con sus machismos grandes o pequeños. Toleré y aprendí machismos también de mi madre, de mi hermana y de amigas más próximas. Aunque pasé por mi período de rabia y ofuscación contra muchas de las personas que me enseñaron a permanecer en zona de tolerancia y también contra mí misma por haber permitido semejante manipulación, hoy en día comprendo que hombres y mujeres hemos sido víctimas del sistema patriarcal y que si hemos asimilado, tolerado o perpetrado ciertos comportamientos es solo porque dicho sistema ha sido la única vía de supervivencia.

Sin embargo, dicha supervivencia ha tenido un costo: la mayoría de mujeres históricas no alcanzaron nunca a comprender la violencia a la cual habían sido sometidas en todos los frentes y murieron cargando el peso de la represión. A pesar de esto, hubo otras mujeres que alcanzaron a construir una vía de escape. Uno de los caminos hacia la liberación más recurrentes fue el sendero de las artes. Con motivo de la celebración del 8 de marzo me gustaría homenajear a algunas de las mujeres que encontraron su escape en esta vía y reconocer el poder del arte para liberar y para hacer de la creación un lugar de pertenencia.

Parte de lo que hace la violencia es decirnos que no somos lo suficientemente valiosos para pertenecer a ningún grupo y además decirnos que aquello que pensamos o sentimos no es válido. Esto nos condena al sometimiento y a la obediencia. No obstante, el arte nos permite escapar de dicho destino, pues el pedestal que lo sostiene es la capacidad de crear. Cuando yo puedo identificar mis pensamientos y emociones dándoles un valor, materializándolos en un acto creativo y además mostrándolos al mundo, me otorgo un lugar de pertenencia y le doy valor a quien soy. De esta forma, el arte ha empoderado a muchas mujeres que encontraron su lugar en el mundo dando a conocer su creación.

En esta ocasión me gustaría rendirle un homenaje a dos de mis artistas favoritas: Marvel Moreno, escritora barranquillera e Isadora Duncan, bailarina norteamericana. La obra de Marvel fue conocida en Colombia solo 20 años de su muerte. Hoy en día Marvel Moreno es reconocida como una novelista de enorme importancia. Su obra muestra cómo un mundo gobernado por un sistema de poder está lleno de perversión y locura. Machismo, homofobia, represión y violencia son las consecuencias de una sociedad “de bien”. Regida por la ofuscación de los instintos y la desnaturalización de la humanidad, nuestra sociedad se aleja cada vez más de las fuerzas poderosas del amor.

Isadora Duncan era una obra de arte por sí misma. Liberó a la danza de las formas estrictas del ballet clásico y volvió a naturalizar el cuerpo de la mujer. De hecho, uno de los postulados más famosos de Isadora (que también tuvo una prolífica creación escrita) era que la bailarina del futuro no iba a representar un hada, una ninfa o un ángel (figuras comunes en la narrativa del ballet clásico) sino que iba a representar a la mujer verdadera.

Lo más bello de la creación de estas dos artistas fue que su pensamiento y su sentir, materializados en su obra, lograron ir más allá de ellas mismas y repercutir en los corazones de hombres y mujeres cambiando la perspectiva de muchos sobre la veracidad del patriarcado. En estos casos la creación no fue solo su lugar de pertenencia, sino también el hogar de otros que se identificaron con sus preceptos. Feliz día internacional de la mujer, queridos lectores.

@valentinacoccia, [email protected]  

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