Países de bajos ingresos ya no dependerán exclusivamente de Occidente

El giro histórico de África para 2019

El vicepresidente y economista principal del Grupo Banco Africano de Desarrollo revisa la economía del continente negro con miras al nuevo año. De nuestra serie Pensadores Globales.

Taxistas de Zimbabue protestaron esta semana porque deben pagar la gasolina en dólares y eso sube sus costos operativos. / AFP

El año 2018 estuvo signado por una tremenda turbulencia económica y política en todo el mundo. Pero para los historiadores futuros, bien podría ser el año en que África comenzó a reclamar su independencia intelectual y en materia de política económica.

El improbable suceso que activó lo que podría ser un cambio estratégico pancontinental fue la decisión de Ruanda de aumentar los aranceles a las importaciones de calzado y vestimenta de segunda mano, en apoyo a la industria local de la indumentaria. Esto provocó una inmediata respuesta hostil de Estados Unidos, que suspendió la exención de aranceles otorgada a las exportaciones textiles ruandesas conforme a la Ley sobre Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA), la principal legislación comercial de Estados Unidos para el continente. (Más de Pensadores 2019: El caso de Venezuela).

No fue un hecho insignificante para un pequeño país africano sin salida al mar que depende en gran medida del comercio. Pero Ruanda se mantuvo firme, lo que confirma que los tiempos han cambiado. Si Ruanda está dispuesta a arriesgar el acceso preferencial al mercado estadounidense para desarrollar su industria local de la indumentaria, ha de confiar en que encontrará mercados alternativos para sus exportaciones.

En tanto, otros países africanos también adoptaron una actitud más independiente en relación a las grandes potencias comerciales. Los gobiernos africanos se han mostrado cada vez más decididos a fijar posición en una variedad de temas potencialmente controvertidos, entre ellos la política comercial en el este de África, la redistribución de tierras en el sur y las políticas macroeconómicas y de gestión de la deuda en el norte.

El motivo de los gobiernos africanos para hacerse oír no es solo económico; también es cuestión de dignidad, libertad intelectual y voluntad de atreverse a trazar el propio rumbo. Y, más en general, la dirigencia africana reconoce que la transformación que se está produciendo en la economía global implica que ningún país tendrá poder suficiente para imponer sus preferencias estratégicas a otros, por más pequeños que sean en comparación, como es el caso de Ruanda y Estados Unidos.

Un análisis de datos empíricos realizado por el Foro Económico Mundial muestra que la reducción de aranceles y el acceso a mercados ya no son tan importantes para el crecimiento económico como lo eran hace una generación. El comercio internacional ya no es cuestión de fabricar un producto en un país y venderlo en otro, sino, más bien, de cooperación a través de fronteras y zonas horarias para minimizar los costos de producción y maximizar la cobertura de mercado.

Según el Foro: “La reducción de barreras comerciales referidas a las cadenas de suministro puede aumentar el PIB [global] hasta seis veces más que la eliminación de aranceles”. Si todos los países mejoraran la administración de fronteras y la infraestructura de transporte y comunicaciones hasta apenas la mitad del nivel de la mejor práctica global, el PIB global crecería US$2,6 billones (4,7 %) y el total de exportaciones aumentaría US$1,6 billones (14,5 %). En comparación, la eliminación total de aranceles en todo el mundo solo aumentaría el PIB global US$400.000 millones (0,7 %) y las exportaciones US$1,1 billones (10,1 %).

Es evidente que las cadenas de valor globales son ahora el marco dominante del comercio internacional. Y como hemos visto, países africanos como Ruanda (así como Etiopía y Marruecos) ya están aprovechando este cambio de paradigma. En vez de perder tiempo en debates improductivos sobre política arancelaria, están redirigiendo sus estrategias hacia la facilitación del comercio internacional.

Es verdad que las actuales guerras comerciales afectaron las cadenas internacionales de suministro, y seguirán haciéndolo. Pero las nuevas restricciones también estimularán la creatividad y la innovación. Por ejemplo, como señala Meghnad Desai, de la London School of Economics: “A la luz de los avances en tecnologías, como la impresión 3D y la inteligencia artificial, no es aventurado imaginar que las empresas puedan fabricar localmente los productos intermedios que hoy compran al extranjero”. En tal caso, el comercio internacional seguirá, “pero en la mezcla de productos se pasará de los intermedios a los finales”.

Además, en un mundo cada vez más multipolar, los países de bajos ingresos ya no dependerán exclusivamente de Occidente para obtener financiación e ideas en materia de políticas (pero tendrán que estar atentos a los riesgos del endeudamiento y de marcos de gobernanza precarios). El movimiento tectónico que experimentó el comercio global no se replicó en las prácticas, políticas e ideas tradicionales referidas al desarrollo.

En tanto, en su búsqueda de desarrollo tecnológico e industrial para escapar de la “trampa de los ingresos medios”, las principales economías emergentes están modificando la distribución de papeles y responsabilidades en todo el sistema global de producción. El éxito económico de países como China, Vietnam e Indonesia genera importantes oportunidades para que otras economías de bajos ingresos en África y otras regiones creen empleo en industrias con uso intensivo de mano de obra. Al fin y al cabo, ahora China produce muchos de los bienes de alto valor agregado que en otros tiempos eran exclusividad de las economías avanzadas.

Conforme China y otros países continúen subiendo en la escala industrial y tecnológica, la necesaria reubicación de grandes partes de sus cadenas de suministro a países más baratos afectará los cálculos de costo y precio de los bienes y de la mano de obra en todo el mundo. Pero los países en desarrollo pueden usar su condición de recién llegados para obtener importantes beneficios económicos. Pese a la muy exagerada amenaza de la automatización, los países africanos, en particular, pueden aprovechar su menor costo de los factores para promover industrias exitosas con uso intensivo de mano de obra, en las que tienen una ventaja comparativa.

Por ejemplo, los países africanos pueden reducir el costo para las empresas mediante la creación de conglomerados de producción y parques industriales estratégicamente ubicados (con inclusión de las industrias ecológicas). También están en buena posición para atraer inversión extranjera directa, que aporta externalidades positivas a través de la transferencia de tecnología y conocimiento, la adopción de buenas prácticas gerenciales, el aprendizaje de los últimos avances y el acceso a grandes mercados globales.

Bien gestionada, esta estrategia dual puede generar abundante empleo para una fuerza laboral poco cualificada y al mismo tiempo producir un veloz aumento de los ingresos fiscales. Esto, a su vez, permitirá mejoras de las infraestructuras en otras áreas, que crearán las condiciones para una prosperidad y estabilidad social duradera.

Si bien acuerdos comerciales como el instituido por la AGOA todavía son muy importantes para los países africanos, cambios económicos y tecnológicos más amplios están generando nuevas oportunidades, y los gobiernos inteligentes las están aprovechando. Vivimos un momento trascendental en las relaciones Norte-Sur. Tras siglos de estar política e intelectualmente supeditada a las economías avanzadas, con poco que mostrar a cambio, África está emprendiendo un nuevo camino de autoafirmación.

En esta búsqueda de prosperidad, los líderes africanos se han mostrado dispuestos a soportar sanciones, amenazas y reveses. Quizá no todos hayan leído a Nietzsche, pero saben que “lo que no nos mata, nos fortalece”.

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