Rodolfo Llinás y el arte de descifrar el cerebro

El científico colombiano que ha estado más cerca de recibir el Nobel de Medicina, por sus estudios sobre el cerebro, trabaja en la búsqueda de la cura del párkinson y el alzhéimer.

El neurocientífico  Rodolfo Llinás. / Óscar Pérez
El neurocientífico Rodolfo Llinás. / Óscar Pérez

Rodolfo Llinás Riascos, director del Departamento de Fisiología y Neurociencias de la Universidad de Nueva York, nació en Bogotá el 16 de diciembre de 1934. Es profesor de la escuela de medicina de esa misma universidad y probablemente el colombiano que más cerca ha estado de recibir un premio Nobel.

Su pasión por el estudio de la estructura cerebral lo ha llevado a liderar investigaciones sobre la fisiología comparada del cerebelo, las propiedades electrofisiológicas de las neuronas y la relación entre la actividad cerebral y la conciencia.

Motivado por su padre y su abuelo neuropsiquiatra, en 1952 Llinás ingresó a la Facultad de medicina de la Pontificia Universidad Javeriana, de donde se graduó siete años más tarde y viajó a los Estados Unidos para iniciar su residencia en neurocirugía. Interesado en conocer más sobre el área de la neurociencia experimental, el científico se vinculó a la Universidad de Minnesota para realizar sus primeras investigaciones.

En 1995, The New York Times catalogó al médico bogotano como uno de los mejores científicos en el campo de la neurobiología en el mundo. El diario estadounidense exaltó sus logros, ubicándolo en el mismo nivel de los dos colombianos universales en ese momento: Gabriel García Márquez, en la literatura, y Fernando Botero, en las artes plásticas.

Luego de haber desarrollado minuciosos experimentos en la Universidad de Nueva York, Llinás realizó una serie de hallazgos que dividieron en dos los estudios sobre el funcionamiento del cerebro, pues logró establecer con precisión cómo se formaban las imágenes de la realidad dentro de la cabeza humana. De esta manera desvirtuó los postulados aceptados por la comunidad científica al respecto.

El científico ha sido nombrado miembro de la Academia Estadounidense de Artes y Ciencias, de la Sociedad Filosófica Estadounidense, Real Academia Nacional de Medicina, en España, y también de la Academia de Ciencia Francesa.

Entre los pocos detalles que se conocen sobre su más reciente investigación, Llinás, de 77 años, ha dicho que está trabajando junto a Revalesio, una compañía estadounidense de biotecnología, en la creación de unas nanoburbujas que podrían cambiar la configuración del agua, aumentando su concentración de oxígeno a través de un proceso conocido como cavitación. De conseguirlo, al entrar en contacto con células de cualquier tejido, esta “nueva agua” tendría la capacidad de potenciar las funciones celulares, abriendo la puerta para la cura de un gran número de enfermedades, como el cáncer y las insuficiencias cardiacas, el alzhéimer y el párkinson, ha dicho el científico.

“Si es cierto lo que usted dice, ¿estaríamos a punto de conocer un avance científico que revolucionaría nuestra forma de entender la vida?”, preguntó impactada una profesora de química desde uno de los auditorios que recibieron a Llinás en una de sus ultimas visitas a Colombia. A ello que el neurocientífico respondió tranquilo: “Sí. A punto de descubrir algo excepcional, a punto de generar un nuevo concepto revolucionario”.