Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Además de las ventajas de los encuentros de escritores para el público, entre esas ponerle voz y cara a sus autores preferidos y descubrir nombres nuevos, existe siempre la posibilidad de, fuera de la programación, crear charlas imposibles, ya que los interlocutores no necesariamente se conocen o hablarían, lo que las hace extremadamente interesantes.
En este caso editor, escritora y periodista se confrontan sobre la relación entre América y España; la iniciación a la lectura y el destino de los libros. El editor argentino Mario Muchnik, el periodista gastronómico catalán Daniel Vásquez y la escritora mexicana Guadalupe Nettel discutieron también sobre libros y lectura, tema que los preocupa, interesa y les suscita todo tipo de teorías.
Editor por más de 30 años, Muchnik se formó como físico y por algún tiempo trabajó como tal. Hasta que un buen día la vena cultural le pudo más y se convirtió en editor para beneficio de las letras. Fue director de Seix Barral, Barcelona, y de Ananya & Mario Muchnik, en Madrid, además de escritor. A sus 77 años, afirma que de su profesión inicial lo que más le ha servido es el método científico. “Es una cuestión de apreciación. El escepticismo me ha guiado a lo largo de toda mi carrera de editor. El no aferrarme a una estimación de posibilidades y a una idea. Es decir desconfiar de las grandes ideas. Cuando recibo un manuscrito lo primero que digo es ‘esto debe ser malo’. Y luego el manuscrito me tiene que convencer de lo contrario”.
Daniel Vásquez Sallés, colaborador de El País y autor de varios libros, se ha dedicado a las crónicas gastronómicas por pura casualidad. Una vez por encargo hizo una crónica del Bulli, antes de que Ferrán Adria llegara, y tras ganarse el premio Juan Mari Arzak encontró en la gastronomía otra forma de arte. “Intento plasmar en la crónica todo lo que me sugiere ese plato: desde canciones, hasta poemas, todo lo que se me ocurre. Pues cada plato evoca partes de mi vida”. Vásquez y Muchnik se conocen de antes. A lo largo de la conversación el editor hace algunas referencias al padre de Vásquez que develan una relación con la comida que viene de casa y que es bien compartida con los amigos de familia.
La última en llegar a la conversación es la escritora mexicana Guadalupe Nettel. Tiene un aire tímido y silencioso, pero lejos de eso, cuando se le pregunta por el oficio de escribir en francés, pues ha ganado el premio a novela extranjera en francés y desarrolla su oficio de manera bilingüe, explica con suficientes palabras cómo cada idioma tiene una estética propia: “Los franceses buscan en aliteraciones y otras formas literarias, un refinamiento que en nuestra lengua suena cacofónico en ocasiones. La estética más sobria del español se ajusta mejor a mi manera de sentir la literatura”.
¿Madre o madrastra patria?
En un encuentro llamado VivAmérica, donde lo que principalmente se celebra es aquel “encuentro” de culturas de 1492, la pregunta obligatoria tiene que ver con esa relación que existe entre España y Latinoamérica, entre las culturas y las literaturas.
Vásquez, oriundo de Barcelona, puede tener una desventaja con un argentino y una mexicana que han vivido en la madre patria; no obstante responde con toda la sinceridad: “Mi relación inicial fue más con culturas como la francesa o italiana; sin embargo, mis lazos con América llegaron por la cultura. Mi acercamiento ha sido a través de la literatura. No es una relación de toda la vida”.
Nettel, por su parte, ha vivido mucho tiempo en Francia y España. Ahora, tras su regreso a México, tiene muy vívido el vínculo entre los dos continentes: “Sí, creo que hay un vínculo muy estrecho, sobre todo porque hablamos el mismo idioma, aunque muchos no estén de acuerdo. Y bueno, son siglos de historia común. Pero mi sensación, después de cuatro años en Barcelona, es que en España no hay recuerdo de esto. Me da tristeza porque hace menos de 50 años España vivió una guerra y muchos fueron acogidos en América Latina. En México eso sí está muy presente”.
Desde la propia experiencia, como un físico práctico, Muchnik interviene con su mezcla de acentos —qué mejor muestra de la integración cultural—. “De niño el exilio español llegó a Argentina y yo lo viví en el salón de mi casa, porque entre otros Margarita Xirgú (actriz catalana), Rafael Arberti, entre otros, fueron recibidos por mi padre y la pasaron “canuta”, terrible. Alberti pintaba pañuelos para las damas de la sociedad bonaerense; María Teresa León tenía un espacio en el programa radial de mi padre para hablar del gaspacho y de otros platos españoles y con eso vivían. Así que tampoco fue fácil para ellos, y no fue una gran diáspora que llegó a América, fueron algunos pocos intelectuales. Así que, sí hay un vínculo reciente, pero no por la mayoría de españoles, sino por unos pocos”.
Luego, hablando de su interés por la literatura en general sin importar el origen, agrega: “Por otra parte, yo quisiera que VivAmérica de alguna manera se abriera a todo, que fuera mejor ‘Vivan las letras’, pues el tema no es sólo de idioma común, es de cultura, que es mucho más que la lengua. Aunque el castellano sea una gran lengua, la riqueza en la manera de hablar del policía colombiano o del campesino mexicano cuando habla de la revuelta, es como oír a Kapuscinski, cuando han terminado de hablar a mí me viene decir ‘¡a imprenta!’ por la riqueza del lenguaje”.
Los libros, tema del pasado
“El amor por la lectura no se obliga —interviene con la voz de la experiencia, Muchnik—. Yo recuerdo que un día cuando tenía 14 años mi madre dijo: ‘Bien, ya es hora que este muchacho lea Guerra y Paz’, en ese momento sentí pánico de los 7 tomos que me esperaban, pero a medida que fui leyendo, sentía pánico de que los tomos se acabarían en algún momento”. Recuerda el editor acerca de su iniciación con los libros. Para Vásquez no sería muy diferente, salvo que su padre, sin obligarlo, le regaló a los 14 años Moby Dick. “Tal vez no era el mejor libro para ese momento, pero también descubrí un mundo que me resultó fascinante. Yo considero que la mejor manera de invitar a la lectura es no obligar”, concluye el catalán.
Guadalupe Nettel interviene con entusiasmo, “Bueno y además, relacionar a los niños y jóvenes con los temas de los libros antes de leerlos. A mí me sorprendió mucho Colombia la vez anterior, para Bogotá 39, por el interés que hay entorno al fomento de la lectura. Recuerdo la vez pasada en una escuela en Bogotá que niños de 7 y 8 años sabían quiénes eran los personajes de Cien años de soledad y los pintaban, sus maestros les habían contado las historias. Esos niños tendrán más adelante la curiosidad de leer este libro”.
Ante la referencia a García Márquez, Muchnik recuerda una anécdota que el Nobel le relatara hace muchos años: “García Márquez me contaba de una forma peculiar de leer con su mujer: en el tren, el leía un libro pero cada página leída la arrancaba para que Mercedes pudiera leerla en seguida. Apostaría que no es cierto, pero lo importante es que el libro hay que desmitificarlo, pues es sólo un objeto que contiene ideas. Cuando se queman libros, se queman objetos y es simbólico, lo que contienen permanece”.
“Además —interviene la mexicana— aunque soy una fetichista del libro objeto, reconozco que cada vez se lee más en la pantalla”. “¡Ah!, es que el libro está en vías de extinción”, asevera Muchnik. Esto roba a Vásquez una expresión nostálgica, pues se confiesa negado para la tecnología, pero por más de que ellos hayan aprendido su oficio sobre las páginas, reconocen que las nuevas generaciones lo vivirán distinto, sin saber muy bien cómo pero de manera diferente a lo que ellos han vivido.