La suma de las voces

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26 May 2022 - 11:00 a. m.

Enrique Gómez y la influencia de los rusos en su forma de hacer política

El candidato del Movimiento de Salvación Nacional, nieto de Laureano Gómez y sobrino de Álvaro Gómez Hurtado, habla de su estrecha cercanía con las obras de Chéjov, Ayn Rand, Tolstói y Dostoyevski. Explica, entre otras cosas, que ser un hombre de derecha y conservador no solo obedece a un legado familiar, sino literario.
Joseph Casañas Angulo

Joseph Casañas Angulo

Periodista Cultura
Enrique Gómez, es el candidato a la Presidencia de Colombia del Movimiento de Salvación Nacional.
Enrique Gómez, es el candidato a la Presidencia de Colombia del Movimiento de Salvación Nacional.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

La pregunta no es retórica: ¿qué tiene en la cabeza Enrique Gómez Martínez? Y me lo pregunto, entre otras cosas, porque después de la investigación publicada por El Espectador, Vorágine y la revista Cambio, sobre los serios cuestionamientos al operativo militar del pasado 28 de marzo que dejó 11 muertos en Puerto Leguízamo (Putumayo), el candidato presidencial del Movimiento de Salvación Nacional tildó a los medios de comunicación de “asumir las banderas del narcotráfico”.

Lo dicho por Gómez Martínez fue rechazado por la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), que dijo que “este tipo de señalamientos, infundados y que además vinculan a los periodistas con acciones ilegales como el narcotráfico, buscan deslegitimar su trabajo, pero sobre todo, los pone en peligro”.

Además, el editorial de El Espectador del pasado 12 de abril recordó que “lo que al candidato le parece un apoyo al narcotráfico es, en realidad, ir al territorio, hablar con los pobladores, retomar sus justas preguntas y contrastarlas con la versión oficial. De eso se trata el periodismo, no de retomar los comunicados oficiales y reproducirlos sin más”.

Según el jefe del Movimiento de Salvación Nacional, la investigación periodística fue presentada en “contexto con el que presentan la noticia es claramente parcializado”. En esta charla y para hablar de periodismo, Gómez recurre a la Biblia. “Para nuestra formación periodística fue muy importante el evangelio según San Mateo. Por la ética, por la distancia del relato, por la puntualidad y la especificidad con la que se presentan los hechos”. Vale la pena repetir la pregunta con la que iniciamos estas líneas. ¿Qué tiene en la cabeza Enrique Gómez Martínez?

En esencia, Cultura presidencial, esta serie de perfiles que finaliza con esta entrega y que busca explorar la personalidad de los candidatos a la Presidencia desde sus influencias literarias, intenta entender si dichas influencias tienen que ver con la forma en la que los políticos hacen la política. A veces lo entendemos, a veces no.

Perfil cultural del candidato a la presidencia del Movimiento de Salvación Nacional, Enrique Gómez.

Enrique Gómez, quien se reconoce a sí mismo como un hombre de derecha y conservador, parece tener muy claras las esquirlas que saltaron de la literatura a su vida y a su vida en la política.

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“Crecí en un ambiente culto de mucha disciplina literaria. Mi papá tenía un hábito que no he podido replicar con mis hijos: nos daba a leer un libro por año. Un libro que él consideraba había que leer en ese momento de la vida. No era una cosa muy negociable. Tocaba leer”.

Aunque Martínez cuenta que El lobo estepario, la novela que el escritor suizo-alemán Hermann Hesse publicó en 1927, lo impactó en su personalidad, porque le hizo “crecer mucho en abandonar la neurosis propia de muchos adolescentes lectores y en superar la timidez”. La vida social y política del sobrino de Álvaro Gómez Hurtado está ampliamente marcada por las obras de los escritores rusos.

“Tuve tres grandes procesos: Tolstói, Dostoyevski y Chéjov. Esa era una de las reglas de mi padre. Tocaba pasar por los clásicos (…). Los cuentos cortos de Chéjov todavía los consulto para ver y entender las dimensiones humanas, para aprender a leerlas y a motivar sobre las motivaciones de la gente, que a mí me cuesta tanto, pues soy un poco llano e ingenuo.

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Crimen y castigo es un libro que hay que tener leído y que de pronto uno debe leerse varias veces en la vida, si no fuera tan asustador y terrible. Después de los clásicos, que fue la primera aproximación, vino Ayn Rand, ese sí fue un paso a mi formación cultural política”.

Rand, a quien el novelista y periodista británico Jonathan Freedland describe como la “virgen atea de la derecha”, “la autora preferida de la derecha libertaria estadounidense” o “una heroína y abogada de una filosofía particularmente dura del fundamentalismo capitalista”, fue para Gómez la llave que le abrió las puertas de la política.

“La rebelión del atlas (1957), sin lugar a duda, es un libro que marcó mi camino en la política. No adscribo a toda la filosofía del realismo de Ayn Rand, pero sí a una gran parte, y obviamente, el testimonio de ella sobre lo que fue la dictadura leninista y de alguna manera trotskista, me cambió la forma de ver el mundo y la historia. Su obra, en general, me transformo como político, como ser humano, como intelectual, que no lo soy, pero intelectualmente sí me transformo”.

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No fue la única transformación. Como migas de pan que alguien fue dejando para encontrar el camino, las obras rusas se le fueron atravesando. “Después vino una etapa muy difícil con Archipiélago Gulag (obra del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn). No pude. Por el contenido, por lo pesado, por el ritmo. De Solzhenitsyn preferí Un día en la vida de Iván Denísovich, para tratar de entender lo que era toda la cultura de la destrucción de la humanidad del reo y de lo que es el totalitarismo. Nadie niega la importancia de Solzhenitsyn en la gran tradición literaria rusa, pues se acoge a muchos de esos cánones como en la densidad y la profundidad de los personajes”.

Tal vez porque se crió en Europa, tal vez porque los pensamientos de los clásicos rusos le removieron algo, tal vez por las exigencias intelectuales de su tío, Álvaro Gómez Hurtado, quien diariamente le hacía exámenes de literatura universal, o tal vez por todo al mismo tiempo, Enrique Gómez encontró mayores simpatías en los dramas paridos del otro lado del Atlántico, que en un vallenato de 350 páginas, como llamó Gabriel García Márquez a Cien años de soledad.

“Hay autores para uno y hay personas que son para los autores. Creo que en eso uno no debe forzarse tanto. A veces también hay autores que definitivamente el estilo no le cala a uno, así sean muy importantes y reconocidos. U obras de autores, por ejemplo, he tenido con García Márquez una relación difícil con Cien años de soledad y muy cariñosa con El amor en los tiempos del cólera. Cien años de soledad me dio una guerra terrible, habiendo gozado muchas cosas de García Márquez, de pronto por la estructura del libro, no lo sé”.

Y de nuevo: ¿qué pasa por la cabeza de Enrique Gómez? Y de nuevo la respuesta, o una aproximación a ella, está en lo que ha leído.

“Cuando usted quiere pensar sobre la vida en general, sobre la fe, sobre lo que es lo conservador, debe recurrir a quien es posiblemente el mayor filósofo mundial de lo conservador, que es Nicolás Gómez Dávila”. Gómez se reacomoda en su sofá, mira la hora, sabe que debe terminar pronto esta charla porque tiene que atender otra entrevista. Lee apartes de Escolios, obra del escritor y filósofo colombiano en mención.

“Pocos comprenden que lo que dicen solo sería importante si otros lo dijeran”, “el marxismo incomoda al izquierdista exigiéndole que se tome en serio”, “el capitalismo redacta la apología del comunismo, mientras el comunismo redacta la del capitalismo”, “nuestra última esperanza está en la injusticia de Dios. Porque si Dios fuera justo, para el infierno todos para el infierno”.

Para finalizar esta charla, Enrique Gómez escoge un apartado de El Quijote, editada por Frailejón. “Es la historia de un hombre que pierde, que juega con su destino para dejar imperar la duda y destruye todo, destruye su gran amistad, a su esposa Camila”.

¿Es acaso aspirar a ser presidente de Colombia una locura tan grande como las consignadas por el manco de Lepanto? “Entonces uno hace las cosas por plata, o por Dios y la patria o las hace porque quiere ser un ángel”, dice. ¿Qué tendrá en la cabeza Enrique Gómez Martínez?

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