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11 Feb 2021 - 9:00 p. m.

Poemas para recordar a John Keats (Extractos literarios)

En febrero de 2021 se cumple el bicentenario del nacimiento de John Keats, uno de los principales poetas del romanticismo. Keats murió a los 25 años, edad en la que, a pesar de sentir que escribía a la sombra de los mejores poetas de tiempos anteriores, produjo sus textos más aclamados.

John Keats

John Keats falleció el 23 de febrero de 1821, en Roma.
John Keats falleció el 23 de febrero de 1821, en Roma.
Foto: Archivo particular

A la soledad

¡Oh, Soledad! Si contigo debo vivir,

Que no sea en el desordenado sufrir

De turbias y sombrías moradas,

Subamos juntos la escalera empinada;

Observatorio de la naturaleza,

Contemplando del valle su delicadeza,

Sus floridas laderas,

Su río cristalino corriendo;

Permitid que vigile, soñoliento,

Bajo el tejado de verdes ramas,

Donde los ciervos pasan como ráfajas,

Agitando a las abejas en sus campanas.

Pero, aunque con placer imagino

Estas dulces escenas contigo,

El suave conversar de una mente,

Cuyas palabras son imágenes inocentes,

Es el placer de mi alma; y sin duda debe ser

El mayor gozo de la humanidad,

Soñar que tu raza pueda sufrir

Por dos espíritus que juntos deciden huir.

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¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!

¡Ten compasión, piedad, amor! ¡Amor, piedad!

Piadoso amor que no nos hace sufrir sin fin,

amor de un solo pensamiento, que no divagas,

que eres puro, sin máscaras, sin una mancha.

Permíteme tenerte entero… ¡Sé todo, todo mío!

Esa forma, esa gracia, ese pequeño placer

del amor que es tu beso… esas manos, esos ojos divinos

ese tibio pecho, blanco, luciente, placentero,

incluso tú misma, tu alma por piedad dámelo todo,

no retengas un átomo de un átomo o me muero,

o si sigo viviendo, sólo tu esclavo despreciable,

¡olvida, en la niebla de la aflicción inútil,

los propósitos de la vida, el gusto de mi mente

perdiéndose en la insensibilidad, y mi ambición ciega!

Canción de la margarita

Con su gran ojo, el sol

no ve lo que yo veo.

La luna, toda plata, orgullosa, pudiera

ocultarse igualmente en una nube.

Y al llegar primavera -¡oh, primavera!-es la de un rey mi vida.

Echada entre los brotes de la hierba,

acecho a las muchachas bonitas en su paso.

Miro por los lugares donde no osara nadie

y se fijan mis ojos donde nadie los fija,

y si la noche viene,

me cantan los corderos una canción de cuna.

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Sobre la Muerte

I

¿Puede la Muerte estar dormida, si la vida es solo un sueño,

Y las escenas de dicha pasan como un fantasma?

Los efímeros placeres a visiones se asemejan,

Y aun creemos que el dolor más grande es morir.

II

Cuán extraño es que el hombre deba errar sobre la tierra,

Y llevar una vida de tristeza, pero que no abandone

Su escabroso sendero, ni se atreva a contemplar solo

Su destino funesto, que no es sino despertar.

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