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Un libro jardín

El libro Un jardín es una viaje por las diferentes dimensiones de la vida. Aquí una pequeña reseña sobre él.

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Juliana Muñoz Toro
24 de junio de 2020 - 02:00 a. m.
"Un jardín" reúne la pluma poética de María José Ferrada y la habilidad ilustradora de Isidro Ferrer
"Un jardín" reúne la pluma poética de María José Ferrada y la habilidad ilustradora de Isidro Ferrer
Foto: Archivo Particular
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Si los libros pudieran desplegarse como rollos japoneses y convertirse en un cerco de papel entonces serían jardines.

Las palabras son sus habitantes. Algunas son sencillas como ranas, otras, hifaltas como mirlas. Brotarían, se enredarían, se harían flor como su último deseo antes de morir, así no serían olvidadas. Renacerían sus semillas, que son como puertas de donde salen nuevas palabras y nuevos frutos. Serían saboreadas y sus jugos mancharían los labios de todo aquel que las leyera en voz alta.

Un jardín (A buen paso editorial), de Isidro Ferrer y María José Ferrada, es ese tipo de libro. Está hecho para ser caminado y entregarse al misterio del señor Wakagi, o para que uno se pierda en sus propias evocaciones. Se puede andar de derecha a izquierda, siguiendo el transcurrir del hombre que sueña, o que imagina, o que vive, hasta llegar a su muerte. O puede desandarse y empezar por la muerte para que el señor Wakagi cobre vida a medida que habitamos su jardín.

Le sugerimos leer “Navegando en prosa y escribiendo en kayac” (Como de cuento)

¿Hubo alguna vez un derecho? Tal vez los libros jardín no tienen sentido. Son el sentido mismo. No hay forma de saltar a la última página sin haber pasado por todo lo demás. Como el destino, la única forma posible de vivir Un jardín es paso a paso, palabra a palabra. Cuando el cerco esté desplegado por completo las palabras estarán del otro lado y ante nosotros, un jardín abierto. En él caben el zorro, el viento, la luz, el señor Wakagi. El señor que “era todos los seres que habitaban su sueño”.

Dice Arianna Squilloni, la editora de Un jardín, que, “por la noche, el señor Wakagi accede a otra manera de ser sí mismo. Su jardín es un jardín que sale a la luz precisamente por la noche. Su jardín, su lugar otro, pertenece al tiempo salvado de un día a día hecho de compromisos y prisas”. Asimismo soñamos con ese espacio secreto, lleno de sombras y verdor, al que podremos escapar al afán de los días.

Un libro jardín no puede ser una ilusión. No es una pintura o la representación bidimensional de un mundo, sino un despliegue de dimensiones, una escultura viva de papel que se mantiene en pie. La forma es su contenido y el contenido es su forma.

Los libros jardín, que quizá son todos, dejan resonando en nosotros sus palabras. Y nos sentimos cercados por ellas.

Le sugerimos escuchar el capítulo 13 de la audionovela Yo Confieso

Por Juliana Muñoz Toro

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