Devenir con el Mundo

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Presentamos una reseña curatorial de la obra Becoming Earth, de la artista suiza Ursula Biemann.

Los mundos que hoy habitamos atraviesan unas transformaciones radicales, unas intensas metamorfosis originadas por combinaciones diversas de crisis —clima, biodiversidad, polución— que están alterando a toda velocidad el planeta y sus innumerables ecosistemas. La magnitud y el alcance de esos cambios no tiene precedentes: las consecuencias globales de la radicalmente asimétrica agencia humana están cerca de reventar los límites de la biosfera, mientras unas fuerzas planetarias exasperadas amenazan lo que en otro tiempo concebíamos como historia “humana”.(1) Por si fuera poco, a esa escena terrorífica hemos de sumar una escasez fabricada que deja a las masas clamando por una supervivencia digna y hace que valores anteriores, así como prácticamente todas las formas tradicionales de pensar y actuar, se hayan convertido en los enemigos de la acumulación infinita.

Becoming Earth, una brillante monografía de la artista Ursula Biemann, compone una secuencia cuidadosamente tejida de microescenas extraídas de los diversos escenarios de crisis que se despliegan de manera dispar en el mundo. El resultado es una antología creativa de videoensayos que da contexto a esas transformaciones y que, en esta era nuestra del devenir, reclama una ética acorde con ese proceso. Como publicación, Becoming Earth evidencia asimismo un giro de pensamiento fundamental. Pensar significa aquí conocer, imaginar, inventar y crear nuevas formas o posibilidades de vida. Es un pensar con la vida, y es por ello que las obras transmiten un sentido de emergencia desde, y de fusión con el medio. Como sugirieran Gilles Deleuze y Félix Guattari, ese comenzar desde el medio permite expresar la subjetividad propia, integrando a cada uno de nosotros en medio de fuerzas distintas y de interrelaciones intensas.(2) En otras palabras: dichas concurrencias, en las que la vida genera sin cesar su vasta red de inteligencia que abarca lo humano pero no solo lo humano, hacen posible el devenir.(3)

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Unas transformaciones que, sin embargo, no son fruto de acontecimientos causados por individuos o seres autónomos; en lugar de eso, se despliegan a través de unos conjuntos mutantes de relaciones que comprenden individuos, afectos, acciones y pasiones, y que tienen lugar entre actores heterogéneos, incluyendo entre ellos objetos dotados de infinitas propiedades, capacidades y tendencias.(4) En medio de esos conjuntos de relaciones, la vida, o se readapta, recodifica y perdura por nuevos itinerarios, o se diluye en su reacción ante perturbaciones destructivas y abiertamente caóticas. Esos agentes otros-más-que-humanos son actores necesarios dentro de este vendaval de devenires, si bien hemos de entender que son algo más que meros instrumentos, que medios para un fin, pues sus capacidades de agenciamiento para la interacción exceden (y en muchos casos sostienen) lo humano: el mundo está alterado por una pluralidad infinita de ensamblajes heterogéneos, que en ocasiones cumplen diversas funciones y en otras impiden, o disuelven, otras configuraciones de materia, sentido y pensamiento.(5)

Dentro de ese marco dúctil de pensamiento, las obras de Biemann abren un horizonte ético para la acción, que es lo mismo que decir, para el devenir. Sus sujetos se definen por la propia posibilidad de acción que poseen, por el poder que son capaces de desarrollar y por su fuerza potencial para persistir y para afirmar el pensamiento como relación con el mundo. Lo que aquí importa son los procesos de codevenir. Las obras nos plantean cuestiones sobre cómo pensar con nuestro entorno y permitir que nos afecte, y sobre qué formas de acción podemos adoptar para sumarnos a las redes de mutualidad y multiplicidad entre seres e inteligencias que se dan en las entidades —bosques, selvas, mares, ríos, minerales, glaciares— a las que los habitantes originarios dan diversos nombres. Esos son los lugares en los que Biemann pregunta: ¿Cuáles son las posibilidades? ¿En qué podemos convertirnos? ¿Cómo podemos incorporarnos al devenir de la Tierra? Creativamente, reúne esas vivencias y varias conversaciones mantenidas con los actores implicados, invitándonos a participar en la respuesta y transmisión de esos encuentros ecofilosóficos.

Esa visión del devenir guarda una estrecha relación con las ideas lanzadas por primera vez por Spinoza: solo sabremos de verdad en qué vamos a convertirnos y cuáles serán los límites de nuestros poderes cuando una constelación de fuerzas entre en la composición junto a nosotros, como otros, y consiga así incrementar su poder. Lo “bueno” (es decir, lo gozoso) es aquí lo que compone, integra y combina para activar la energía y la fuerza del todo; por el contrario, lo “malo” (eso que se conoce también como “pasiones tristes”) es lo que ni compone ni integra, lo que resta poder a sus fuerzas y las diluye. Esta sensibilidad es lo que está en la base de toda ética del devenir, de ahí la afirmación de Spinoza de que “Desconocemos de antemano lo que un cuerpo puede”. (6)

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La ética del devenir

Becoming Earth es, por tanto, un corpus de obra que explora y atraviesa un largo proceso de materialización de una ética del devenir; una reunión de constelaciones, experiencias y acontecimientos plasmados en una diversidad de cuerpos: del cuerpo microscópico a los tejidos más complejos de la naturaleza. Busca cocrear unos microcosmos en los que imaginar el devenir en una vida inspirada por, y gestada en, aquellos que iluminan el camino con su capacidad de actuar, de resistir, de pensar de otra forma y de defender un conocimiento profundo del entorno, entendido como extensión de ellos mismos, en un continuum que fluye entre las personas y seres otros-más-que-humanos.

Cada pieza encarna un marco propio para la creación de mundos específicos. Entre las variables se encuentra la diversidad de todos y cada uno de los entornos y la excepcionalidad de las gentes que interactúan con ellos. Todos los viajes de Biemann tienen en cuenta la multiplicidad de variables en juego en los distintos microcosmos; su tratamiento y su implicación amplían su investigación para enmarcar estéticamente y transmitir unas visiones que se hallan presentes en cosas que no vemos y que forman parte de una constelación de poder que busca materializarse y afirmarse, pero que no está aún decidida; es decir: transmite las vicisitudes de unos poderes que se encuentran siempre en proceso de realización a través de unos caminos de transformación que son únicos.

Biemann es una artista-filósofa que se alimenta de un diálogo ininterrumpido con creadores de conceptos, muchos de ellos científicos, que sirven para explicar este momento de transformación. En esta monografía multimedia, nos hace partícipes de su cartografía conceptual y nos ofrece la oportunidad de ponernos en contacto directo con sus amigos e interlocutores, entre los que hay grandes pensadores de esta visión planetaria, muchos de los cuales han pasado, a través de su participación, a formar parte de Becoming Earth. Hablo, entre otros, de Emmanuel Alloa, Rosi Braidotti, Marisol de la Cadena, Emanuele Coccia, Kodwo Eshun, Hélène Guenin, Eduardo Kohn, Elizabeth Povinelli y Paulo Tavares.

Una obra cuya preocupación ética por la temporalidad y los ritmos vitales a través de fuerzas otras-más-que-humanas explica mi osadía de ubicarla dentro del esquema teórico de una constelación spinoziana, niezscheana y deleuziana. A priori, el agenciamiento no es ni grande ni pequeño, ejerciendo su potencia a través de la sensibilidad de la artista en relación con el lugar. Cualquier relación, por leve que sea, que se establezca lleva en sí la potencialidad transformadora el agenciamiento. De ahí que Biemann escenifique las conexiones zoé-geo-tecno-políticas de lugar dentro de las dinámicas planetarias de la biosfera. Ya no es posible estudiar por separado un delta, un río o un bosque; esos lugares forman parte de una red indisoluble de conexiones, con independencia de que muchas de esas relaciones se encuentren hoy alteradas o amenazadas. Como Biemann pone —tan convincentemente— de manifiesto, cuando una mano humana hace daño en una región supuestamente remota (extrayendo carbón, petróleo o cualesquiera otros de los llamados “recursos naturales”), ese acto repercute de forma decisiva en las capacidades y tendencias de ecosistemas situados al otro lado del planeta.

Esas complejas relaciones existenciales descartan la división moderno-colonial entre naturaleza y cultura y no entienden lo humano como una excepción situada al margen de todo cuanto existe; bien al contrario, esta visión relacional contempla toda actividad como parte de un mundo de materia y energía único y unívoco, que se autoorganiza dentro de una variación constante, infinita. En esta visión, la mente es asimismo parte inseparable del cuerpo humano, del que es atributo, y el cuerpo de cada uno de nosotros forma parte de esa gran divinidad-cuerpo-mente que es la Tierra, así como del cosmos. Spinoza ya entendió que cada “cuerpo” individual forma parte de Dios, se encuentra integrado en esa sustancia unificada. “La selva como mi cuerpo y como mi casa, en comunión con los espíritus”, dicen los indios de Sarayaku en Forest Law.(7) No hay aquí jerarquías en funcionamiento: ni Dios, ni el Ser Humano, ni el Sujeto mantienen un estatus de superioridad en relación con otros seres existentes, ni los juicios sobre el Bien y el Mal —una moralidad categórica que se ubica por fuera de la vida— son de aplicación aquí, pues todo se encuentra al mismo nivel, todas las fuerzas actuantes son determinantes y todas las partes del todo poseen idéntico derecho a existir.(8) La naturaleza —vida— es el devenir de lo sagrado, y fuera de ella no hay nada.

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Visiones sintéticas

La lucidez de la visión de Biemann se explica, en parte, por la manera en la que incorporara las ciencias de la vida a sus proyectos para llevar a cabo la reintegración de esos micromundos en un cosmos ético. En su producción de la última década, la artista ha invertido mucho tiempo en el estudio científico, promoviendo una interlocución permanente con sus actores. La vieja dicotomía entre ciencia pura por un lado, y artes y humanidades por el otro, se ha revelado como una de las debilidades elementales del sistema-mundo binario, que ha condicionado históricamente nuestra mirada y nuestras maneras de pensar. Una visión planetaria rompe con esas falacias heredadas para insistir y celebrar las conexiones transversales propias de la existencia como rutas a seguir en un pensar-con la vida, y como la vida, en la producción de conocimiento y en el actuar.

La separación entre disciplinas, formas de percepción y espiritualidad hace nuestra sociabilidad sectaria, insuficiente, incompleta e inoperante. Las metamorfosis que estamos presenciando y experimentando —con la naturaleza reafirmándose como un actor imposible ya de soslayar— exige otra forma de pensar. La naturaleza ha sido combatida y explotada sin tener en cuenta siquiera su presencia; ha sido mero telón de fondo de batallas, o proveedora de recursos para el armamento humano. La devastación de la naturaleza mediante mecanismos de extracción, expulsión y sometimiento precariza cada vez más la vida de todas las comunidades, sean humanas, sean otras-más-que-humanas.

Como Michel Serres explica en El contrato natural, existe una necesidad urgente de establecer un nuevo contrato entre sociedad y naturaleza.(9) Solo una constelación compleja de conocimiento podrá buscar y encontrar soluciones y acuerdos atinados, duraderos y adecuados con la naturaleza, lo que forma parte del cambio drástico en la configuración de los sujetos que nos hallamos en proceso de devenir, unos sujetos que conocen las ciencias, las múltiples epistemologías y formas de vida, y que actúan con ellas y en ellas. Comprobamos esa necesidad de transformación subjetiva entretejida en los mundos imaginados por Biemann, que nos conduce a un reconocimiento de nuestro papel en la transformación y el devenir de la vida sobre la Tierra.

Junto a su compromiso científico, Biemann integra en su obra un concepto del mundo como una vasta red de interconexiones descentralizadas, un cerebro inconmensurable que se autoconfigura y que activa su pensamiento en cada una de las relaciones que establece con sus diversos ecosistemas o mesetas. La acción afirmativa del vivir —el conocimiento profundo y la ética de interrelaciones que comparten las comunidades que habitan esos lugares tan esenciales para la supervivencia del planeta— emergen como la fuerza dinamizadora del periplo flexible y diverso de Becoming Earth.

Durante el último siglo, investigaciones en campos como la física, la química, la geología, la biología y la genética, y diversos estudios de sistemas bióticos complejos, llevaron a la ciencia a confirmar la superestructura ecológica de la que depende la vida humana. Partiendo de esos corpus oficiales de conocimiento, Biemann navega además por conceptos en otro tiempo tildados peyorativamente de “espirituales” o “mágicos”, pertenecientes a las cosmologías negadas o destruidas por el colonialismo y su ciencia auxiliar de sometimiento: la antropología. Desaprendiendo esas restricciones, Biemann nos permite acceder a las consecuencias metafísicas de creencias culturales y prácticas sagradas que iluminan el marco viviente del mundo. Una vez más, las obras de Biemann nos descubren que otra dicotomía —la que opone razón a revelación— resulta indefendible: la línea entre las cosmologías de lo viviente que ocupan un plano inmanente a lo sagrado, y la investigación científica, comienza a desdibujarse. En efecto, cabe entender muchos de los hallazgos de las ciencias de la vida como revelaciones que ya eran conocidas y celebradas por sistemas de conocimiento enterrados por la cegadora soberbia de la modernidad colonial.

La última selva

Conozco y quiero a Ursula Biemann y su trabajo desde hace muchos años. El encargo de esta monografía por el Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) representa para nosotros —que soportamos el peso de una guerra interminable en medio de esta geografía de desarrollo desigual— una posibilidad de adentrarnos por una ética y una acción que son afirmadoras de vida. Una afirmación que Biemann interioriza en su trabajo y en su persona; su visión es crucial para empoderar y fortalecer a todos los seres que resisten en Colombia y en todo el territorio de esta parte del mundo que se ha dado en llamar el Sur Global.

El Museo de Arte de la UNAL participa en un programa de Patrimonio Cultural desde el que defendemos un trabajo transversal por el arte y la memoria, con proyectos experimentales e investigaciones que tienen la vista puesta en el largo plazo. Desde que iniciamos nuestro trabajo y colaboración con ella en el marco de la exposición Selva Cosmopolitica, Biemann ha sido para nosotros una fuente inagotable de aprendizaje por su apuesta por dar presencia a la Amazonía como entidad cognitiva, semiótica e histórica. (10)

Aquel primer encuentro nos permitió presentar una obra fundamental, Forest Law|Selva Jurídica, desde entonces acogida y elogiada en todos los continentes.(11) En ella, Biemann y su colaborador Paulo Tavares expresan su compromiso con la voluntad y las capacidades de los pueblos indígenas y los campesinos locales para cogobernar sus tierras con el mundo natural, y afirman la necesidad de respetar y preservar las vastas zonas estratégicas del ecosistema planetario que la humanidad no puede permitirse poner en peligro. Desde aquella muestra, Biemann se ha convertido en parte esencial de Selva Cosmopolítica, un programa en marcha en el que llevamos colaborando varios años y al que Biemann ha aportado dos procesos que en estos momentos se encuentran en desarrollo: El bosque como campo de pensamiento [The Forest as a Field of Thought] y Devenir Universidad [University of Becoming].

Biemann ubica El bosque como campo de pensamiento en un espacio de convergencia entre historias científicas y coloniales, con la ambición de descolonizar el conocimiento indígena y llevarlo a un registro común con ciencias contemporáneas como, por ejemplo, la neurobiología de las plantas. Parece, sin embargo, insuficiente comparar el estado del conocimiento sobre determinadas plantas o ecologías desvinculándolas de su marco de sentido; de ahí que las cosmologías indígenas hayan sido puestas a dialogar con filosofías occidentales y con visiones biocéntricas de la ciencia para analizar posibles rasgos en común en su forma de concebir la realidad. Hay un solapamiento creciente de los enfoques que el proyecto aspira a reforzar y promover mediante la creación de una figura chamánica híbrida, que navegue por este vasto espectro ontológico.

Biemann codirige y codesarrolla Devenir Universidad de manera parecida, reuniendo a las comunidades indígenas del pueblo inga de Colombia con diversas organizaciones culturales y artísticas y con universidades, así como con intelectuales, científicos y filósofos. A partir de un archivo viviente de voces indígenas que comparten sus memorias históricas, narrativas culturales y métodos de producción de conocimiento dentro del territorio y a través de él, el grupo coproduce lo que sin duda será un corpus material de recopilación visual y sonora al servicio del aprendizaje. La recopilación da inicio a un ambicioso ejercicio que busca crear conceptos y un proyecto científico-educativo que una epistemologías dispares del corazón de la selva amazónica colombiana, comenzando con el conocimiento chamánico, en un paradigma biocultural y cosmopolítico.

En esas piezas, Biemann desarrolla una práctica artística captadora de fuerzas e intensidades —que a menudo trascienden el ámbito de lo visible— para sensibilizarnos frente a ellas, ensanchar nuestra percepción y encarnarlas con su materialización. En el curso de su investigación, un abuelo chamán inga explicó, en su propia lengua, a Biemann que su papel era sentir: sentir un sistema espiritual en el que la vida se encarna. Del mismo modo, con su arte —y el proceso de creación de las obras—, Biemann activa y empodera una inteligencia colectiva que materializa esas visiones dentro de un cuerpo social y por vía de las singularidades que ese cuerpo social hace posibles.

Los proyectos de Biemann se despliegan en el contexto de esos territorios —en otro tiempo cubiertos de bosques y seres, hoy saqueados por el expolio capitalista— y junto a unas comunidades empobrecidas y desatendidas; unos territorios en los que un progreso drásticamente desigual se corresponde con antiguas geografías colonizadas y hoy frecuentemente recolonizadas. Todo cuanto nos rodea hoy parece conectado a esos mecanismos de extracción o expulsión, es decir, el actual statu quo de “acumulación por desposesión” que, además, perpetúa los conflictos cada vez más violentos que encierran los amenazantes fascismos del siglo XXI.(12)

¡Esta violencia, lenta pero persistente!(13) En ella estamos inmersos, como la mayoría de los países que forman el cinturón intertropical: el lugar de las selvas. En Colombia, líderes defensores de la vida están siendo asesinados uno tras otro, con consecuencias devastadoras. Se trata de masacres continuadas de pequeños grupos, sin olvidar los desplazamientos permanentes, que en ciertas partes del territorio pueden llegar a producirse más de diez veces en una sola generación. Hay expulsiones en masa, como las que afectan a grupos étnicos completos; otras se centran en grupos familiares que intentan regresar o se ven desplazados en condiciones miserables. Todos los días desaparece gente. Aunque se dice que se trata de un conflicto de “baja intensidad”, la realidad es que tanto seres humanos como ecosistemas son víctimas de una violencia constante y extrema. La responsabilidad de esos actos queda diluida en un estado general de violencia ejercida con impunidad.

En Colombia, multitudes de habitantes originarios coexistieron en armonía a lo largo de los siglos en grandes extensiones selváticas, sea en el Urabá, el Chocó o en el istmo de Darién, sea en la cordillera de San Lucas, el Catatumbo, la Orinoquía o la Amazonía: las zonas con mayor biodiversidad del planeta, desgarradas hoy por un siglo de violencia lenta pero ininterrumpida. La última gran selva tropical del planeta, la Amazonía, se ha visto perturbada y transformada en paralelo al conflicto (humano) colombiano que amenaza la región y que inicia ahora un nuevo ciclo caracterizado por la explotación minera y maderera a gran escala, la quema de bosques para crear pastos para el ganado o la extensión de monocultivos de palma, soja o eucaliptos, por no mencionar la plantación de coca para la producción de cocaína. La situación se extiende a lo largo y ancho de la gran cuenca fluvial del Amazonas, afectando a varios países sudamericanos, con poblaciones asediadas y vidas y culturas exterminadas.

Una era de devenir

Tenemos la voluntad de resistir y de afirmar con nuestra resistencia que nos encontramos en la era del devenir. Con este proyecto ético, Biemann se enfrenta a una supremacía y un excepcionalismo humanos profundamente arraigados, que hacen que toda vida acabe siendo devorada. Si la historia humana tiene aún la posibilidad de cambiar de rumbo será porque hemos conseguido reconectarnos con la inteligencia de la vida. Una inteligencia con una historia larga y profunda de pensamiento, que reside en las selvas, esas mismas selvas que en Colombia han presenciado, y llorado, la acción de la barbarie moderno-colonial. Ursula Biemann y todos los protagonistas de sus creaciones estéticas participativas iluminan ese camino de la selva y lo mantienen abierto. Y en el camino, deberán responder a esa pregunta planteada por Ricardo Etchegaray, que todos compartimos y todos debemos confrontar, cada uno a su manera: ¿cómo llevar esas fuerzas a sus límites para crear un mundo nuevo sin acabar devorados por el abismo de la destrucción?

Notas

(1) Michel Serres, The Natural Contract, trad. Elizabeth MacArthur y William Paulson (Ann Arbor: University of Michigan Press, 1995). Ver también Martin J. S. Rudwick, Bursting the Limits of Time: The Reconstruction of Geohistory in the Age of Revolution (Chicago: University of Chicago Press, 2005).

(2) Gilles Deleuze y Félix Guattari, Rizoma (Valencia: Pre-textos, 2003), 56–60.

(3) Gilles Deleuze, Pure Immanance: Essays on A Life, trad. Anne Boyman (Nueva York: Zone Books, 2005).

(4) Deleuze, Gilles. 1995. Conversaciones. Valencia: Pre-Textos.

(5) Karen Barad, Meeting the Universe Halfway: Quantum Physics and the Entanglement of Matter and Meaning (Durham y Londres: Duke University Press, 2007).

(6) Benedictus de Spinoza, A Spinoza Reader: The Ethics and Other Works, ed. y trad. Edwin Curley (Princeton: Princeton University Press, 1994), 155.

(7) Ursula Biemann, “Forest Law,” Becoming Earth (Bogotá: Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia de Bogotá, 2021); https://becomingearth.unal.edu.co/video-works/ForestLaw.

(8) Friedrich Nietzsche, Beyond Good and Evil, trad. Walter Kaufmanm (Nueva York: Vintage, 1989).

(9) Serres, The Natural Contract.

(10) Selva Cosmopolitica, 1 de octubre a 13 de diciembre de 2014, Museo de Arte de la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá; http://patrimoniocultural.bogota.unal.edu.co/internas-museo/2014/selva-cosmopolitica.html.

(11) Ver Ursula Biemann, “Forest Law,” https://becomingearth.unal.edu.co/video-works/ForestLaw, y Ursula Biemann y Paulo Tavares, Forest Law|Selva Jurídica: On the Cosmopolitics of Amazonia (East Lansing, MI.: Eli and Edythe Broad Art Museum, 2014).

(12) David Harvey, Spaces of Global Capitalism: Toward a Theory of Uneven Geographical Development (Londres: Verso Books, 2006).

(13) Rob Nixon, Slow Violence and the Environmentalism of the Poor (Cambridge, MA.: Harvard University Press, 2013).

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