15 May 2021 - 5:00 p. m.

Viktor Frankl: “La libertad interior confiere a la vida intención y sentido”

A pesar de las bajezas físicas y mentales, Frankl entendió que en medio del campo de concentración se podía cultivar la vida espiritual. Aunque parecía que el control sobre la vida propia lo tenían los demás, que el cuerpo funcionaba bajo las decisiones arbitrarias de otros, argumentó que, a pesar de todo, el ser humano tiene la capacidad de decidir, la posibilidad de alimentar su espíritu.

Viktor Frankl vivió la deshumanización en carne y hueso. Ser recluido en campos de concentración lo llevó a conocer dos lados de la humanidad: el de la brutalidad y el de la resistencia, el de apegarse a la mínima señal de esperanza para sobrevivir. Al ser despojado de todo, viendo a sus compañeros intentar no perder el anillo matrimonial, una medalla o alguna pieza que consideraban un amuleto, se aferró al manuscrito de su primer libro científico, el trabajo de toda su vida. Sus súplicas, tratando de convencer al guardia para que lo dejara conservar el mayor tesoro que traía consigo, que no era más que sus letras e ideas, no fueron escuchadas. Lo despojaron de todo, quedó en completa desnudez, en total vulnerabilidad, en un estado en el que no tenía control de su propio cuerpo, casi que ni de su propia vida, pero sí de su mundo interior. El hombre en busca de sentido narra eso: cómo sobrevivir a la barbarie entendiendo que, en medio del sufrimiento, la vida es digna de ser vivida. Dostoyevski lo dijo: el hombre puede acostumbrarse a todo. Nietzsche afirmó algo parecido: “Quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”.

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