El reto de la reunificación liberal

A pesar de que Cambio Radical y el Partido de la U lograron sostenerse en las elecciones de este domingo e incluso conservar importantes posiciones en alcaldías, gobernaciones, concejos y asambleas, de acuerdo a como se advierte la evolución de los movimientos independientes, si no quieren entrar en una ruta de dispersión, están abocados a una idea que cada día cobra mayor fuerza: la reunificación del partido Liberal.

Hoy, tanto Cambio Radical como la U pueden plantear que siguen un derrotero sólido. La U, por ejemplo, ganó en Sincelejo, Santa Marta, Arauca, Villavicencio, Florencia y Neiva, entre otras alcaldías, y se alzó con las gobernaciones de Córdoba, Cesar, Boyacá, Arauca, Huila y Risaralda. A su vez, Cambio Radical ganó en Barranquilla, Quibdó, Pasto y en las capitales de Vichada, Guainía y Amazonas. Además, ambas colectividades alcanzaron buenos resultados en Bogotá y otras capitales departamentales.

Sin embargo, el partido Liberal logró un avance respecto a sus últimas intervenciones electorales al punto que se quedó con las gobernaciones de Sucre, Bolívar, Atlántico, Guainía, Tolima y San Andrés, así como las alcaldías de Riohacha, Yopal, Ibagué, Armenia y Medellín, entre otros. Eso sin excluir que en Bogotá siguen teniendo una buena porción de curules en el Concejo. Claro está que la U y Cambio Radical continúan dominando el panorama en el cabildo distrital, ahora animado por los Progresistas.

Con estos resultados y decantado el panorama inmediato, en el contexto del modelo de Unidad Nacional planteado por el presidente Santos, tanto Cambio Radical como la U podrían fusionarse con la estructura política de la cual nacieron, el partido Liberal, consolidando una fuerza representativa que podría hacerle frente a los movimientos independientes que cada día ganan mayor terreno y a su rival histórico el conservatismo, que después de ser la fuerza con mayor avance en los últimos años, decayó a nivel nacional en los comicios electorales de este domingo.

Las pugnas internas en el partido Liberal en la etapa contemporánea vienen de vieja data, aunque nunca se atomizó tanto esta colectividad histórica como en la última década. Basta recordar que una división liberal entre Gabriel Turbay y Jorge Eliécer Gaitán, dio al traste con la llamada República Liberal en 1946. El liberalismo sólo volvió a marchar unido cuando comenzó el Frente Nacional y tuvo como presidentes a Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo, con la disidencia del Movimiento Revolucionario Liberal de Alfonso López Michelsen.

Sin embargo, durante el gobierno de Lleras Restrepo y en el contexto de la reforma constitucional de 1968 y la creación de nuevos departamentos, López Michelsen disolvió el MRL y volvió al seno del partido Liberal, anticipándose a los comicios electorales de 1974, que le permitieron acceder a la Presidencia de Colombia con un partido unificado. Pero, a la vuelta de la esquina, ya se dejaban ver las fisuras que llevaron a una nueva división en el liberalismo y la consecuente pérdida del poder.

De cara a las elecciones presidenciales de 1978, surgieron dos candidaturas diametralmente distintas: la de Julio César Turbay, a la postre ganador, y la reeleccionista de Carlos Lleras. Fue necesario convenir un método para impedir la división que tomó el nombre del Consenso de San Carlos, para que una convención de la colectividad determinara quién debía ser el destinatario de los votos liberales. Esta lid política la terminó ganando Julio César Turbay, pero también marcó el comienzo de la división en el liberalismo.

Aunque Carlos Lleras Restrepo empezó a retirarse de la política activa y se concentró en su revista Nueva Frontera, no cabe duda que fue el mentor de una nueva figura de la colectividad: Luis Carlos Galán. De alguna manera, éste fue su mano derecha en Nueva Frontera. Por eso, no sorprendió al país que hacia 1979, Galán anunciara la creación del Nuevo Liberalismo. La consecuencia de la fractura entre los rojos, condujo a la derrota en las presidenciales de 1982, con Belisario Betancur.

En ese momento el partido se dividió entre la candidatura reeleccionista de Alfonso López y el Nuevo Liberalismo encabezado por Galán. Sin embargo, la idea de reunificar al partido para la reconquista del poder se convirtió en una obsesión para los jerarcas de la colectividad. La misma dinámica política forzó este camino. Virgilio Barco alcanzó la presidencia en 1986 y sus contundentes resultados le mostraron a Galán que no tenía otro camino que buscar su regreso a las toldas del liberalismo.

El primer paso fue crear una presidencia múltiple que en 1987estuvo representada por Hernando Durán, Eduardo Mestre, Alberto Santofimio, Miguel Pineda y Ernesto Samper. Pero, meses después, se constituyó una jefatura única, en cabeza del expresidente Julio César Turbay, quien tendió las bases de una consulta interna en el liberalismo, que finalmente fue la fórmula que logró que Luis Carlos Galán aceptara la disolución del Nuevo Liberalismo para concurrir a esta justa interna en el entonces partido de Gobierno.

La historia cuenta que esa consulta tenía un ganador fijo, Luis Calos Galán, pero que fue asesinado el 18 de agosto de 1989. En su lugar participó el jefe de debate de su campaña, el exministro de Barco, César Gaviria, quien llegó a última hora a la consulta interna y terminó ganándola en 1990 frente a sus principales rivales. Semanas después se alzó con las presidenciales con un liberalismo unido que le permitió acceder de una manera relativamente fácil a la jefatura del Estado y posibilitar la Constituyente de 1991.

Pero la división estaba a la vuelta de la esquina. Después del gobierno Gaviria vino la era Samper y a raíz de la crisis del Proceso 8000, la colectividad se dividió irreconciliablemente. Una pugna que vino a tomar forma a la hora de buscar el sucesor de Samper, aunque surgió la candidatura liberal de Horacio Serpa, un grupo de influyentes liberales optó por apoyar una precandidatura del exfiscal Alfonso Valdivieso Sarmiento, y después terciaron en favor de la aspiración suprapartidista de Andrés Pastrana.

La derrota en 1998 dejó profundas secuelas en el liberalismo que siguió dividido. La prueba es que en 2002, Serpa volvió a perder, esta vez en primera vuelta frente a un candidato que siempre había sido liberal y que incluso apoyó a Samper para la consolidación de su carrera política: el mismísimo Álvaro Uribe Vélez, peso pesado de la política en Antioquia, que con una candidatura independiente, aunque de origen liberal, impuso un nuevo modelo político a partir de la propuesta de la seguridad democrática.

Esa victoria en 2002 acentuó aún más la división del liberalismo. El oficialismo se fue a la oposición y se consolidaron varios movimientos de estirpe liberal, pero con matices y jefaturas diferentes. El más exitoso fue Cambio Radical, con el liderazgo del entonces congresista Germán Vargas Lleras, nieto del expresidente Carlos Lleras y mano derecha de Luis Carlos Galán en las épocas del Nuevo Liberalismo. No obstante, Vargas fue el soporte del primer gobierno del presidente Uribe e incluso durante su presidencia del Congreso se estructuró el acto legislativo que permitió la reelección de Uribe.

Pero, faltaba otra derivación. A raíz de la reelección presidencial, los principales seguidores de Uribe crearon el Partido de la U, que se convirtió en la plataforma esencial de la victoria en 2006. En su organización y liderazgo apareció el entonces exministro Juan Manuel Santos, quien a pesar de que en principio estuvo distante de Uribe, terminó siendo una de sus manos derechas como Ministro de Defensa. Santos, quien en su momento fue opositor de Samper y ministro de Pastrana, quedó situado en la primera línea de la sucesión a Uribe en 2010.

Todo dependía de que la Corte Constitucional dijera sí o no a un referendo reeleccionista a través del cual Uribe buscaba un tercer mandato. Ese camino se frustró en febrero de 2010 y le despejó la ruta a Santos. Así fue como en una rápida campaña ganó la primera vuelta y para lograr la victoria en la segunda, trazó el derrotero de lo que hoy constituye la filosofía de su gobierno: la unidad nacional. Detrás de ella se vislumbra el anhelado camino de la reunificación del partido Liberal de cara a los retos de 2014.

Hoy, después de los comicios electorales del pasado domingo y con la visibilidad de unos movimientos independientes cada día con mayor fortaleza, la idea del liberalismo unido ya no surge como una premisa sino como un acto de lógica política. Sin embargo, el abanico de eventuales sucesores de Santos, sin descartar la posibilidad de que éste pueda ser reelecto en 2014, promete desde ya un debate interno en esta colectividad histórica que en buena medida va a marcar las incidencias del poder en los últimos años.