¿Y el voto en blanco, qué?

Esta vez, serán dos casillas representando el mecanismo. Para que el sufragio sea efectivo, solo se debe marcar una de ellas.

Archivo El Espectador

Para los que no les convence el rojo, ni el verde, el amarillo, ni el azul, está el blanco. El color de la tregua, la calma y la neutralidad cobra un significado completamente diferente cuando se convierte en una opción de voto en el tarjetón electoral. Inconformidad, rechazo, disenso, oposición y resistencia, son generalmente los motivos que llevan a los sufragantes a considerarlo como su elección a la hora de acudir a las urnas y abstenerse, no de ejercer su derecho al voto, sino de elegir entre los candidatos inscritos.

Y no es solamente un símbolo revolucionario. Este instrumento también tiene sus efectos políticos y jurídicos. Y no son menores. El artículo 258 de la Constitución le puso “garras” y lo dotó de la capacidad de hacer repetir unas elecciones. En los comicios de hoy, esto representa que, según lo suscribió el Acto Legislativo 01 de 2009, si el voto en blanco obtiene más sufragios que el candidato más votado, debe realizarse una nueva primera vuelta presidencial, con otros aspirantes. Es decir, esta expresión de disentimiento tiene el poder de interrumpir el camino hacia la Casa de Nariño para Iván Duque, Gustavo Petro, Sergio Fajardo, Germán Vargas Lleras, Humberto de la Calle y Jorge Antonio Trujillo.

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La Corte Constitucional, en la sentencia C-490 de 2011, contradice este presupuesto e insiste en que debe recoger el 50 % más 1 de los votos para poderse cumplir dicha medida. Aunque no es fácil alcanzar más de la mitad de los votos, tampoco es imposible. En 2003, en Susa, Cundinamarca, y, en 2011, en Bello, Antioquia, las elecciones para alcalde tuvieron que repetirse ante la victoria del voto en blanco.

Sin embargo, según analistas consultados por El Espectador, prima lo que dictamina la Carta Magna. No es de extrañar que existan vacíos jurídicos alrededor de un instrumento que podría poner en jaque al sistema electoral y a la clase política tradicional.

Y, junto a los limbos legales, están los mitos. Que “se le suman al candidato que obtenga la mayor votación” o que “no sirve de nada”, son algunas de las frases que se le atribuyen al mecanismo, que realmente es contabilizado de forma independiente, al igual que se hace con los sufragios alcanzados por cada candidato.

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Ahora bien, hoy por primera vez, el voto en blanco tiene una representación adicional. No estará únicamente en la casilla institucional al final del tarjetón, sino también en el segundo recuadro, que pertenece al Partido de Reivindicación Étnica (PRE), promotor de esta alternativa. Esta figura fue introducida en la Ley 1475 de 2011, que permite que el comité promotor reciba recursos por concepto de reposición de gastos de campaña, según los apoyos marcados en su casilla.

Tener dos opciones para irse por el blanco ha causado confusión en los electores. Si se marcan las dos al tiempo, el voto es considerado nulo, por lo que es esencial elegir solo una de ellas. Al final de la jornada, los sufragios obtenidos por las dos alternativas serán sumados y, según apuntan las encuestas, esta vez prometen una cifra histórica, cercana al 7 %, y se espera que supere, incluso, a varios rostros en el tarjetón.

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