Comienza la campaña, ya en su recta final

CON EL ESTRECHO TRIUNFO DE NOEmí Sanín sobre Andrés Felipe Arias en la consulta llega a su fin el tumultuoso proceso de elección del candidato conservador para las elecciones presidenciales que se celebrarán el próximo 30 de mayo.

Lejos ya del bochornoso caos en la Registraduría, tanto por sus demoras como por la andanada gubernamental en contra del Registrador Nacional, comienza una muy corta campaña política que llevará a definir quién será el sucesor de Álvaro Uribe.

Será la más breve contienda electoral de la historia reciente colombiana, tras largos meses en que la indecisión del Presidente sobre sus verdaderas intenciones y el dispendioso trámite del referendo reeleccionista cerraron todos los espacios para un debate electoral profundo y provechoso. Empero, este amplio período de incertidumbre política sirvió también para catalizar algunos debates innovadores y promover discusiones ideológicas en el interior de los partidos. La tesis de la preeminencia del Estado de Opinión sobre el Estado de Derecho desató el rechazo de entendidos y opositores y en esa diferencia se resaltaron los peligros de la desinstitucionalización y la importancia de los pesos y contrapesos en una democracia. El hundimiento del referendo en su tránsito por la Corte Constitucional comprobó, finalmente, que en el país existen límites constitucionales y legales que no pueden traspasarse aun cuando las mayorías quieran imponerse a toda costa.

A pesar del tiempo invertido en debates que se creían superados, resulta refrescante poder tener hoy un escenario político abierto en el que cuando menos siete candidatos muestran la preparación suficiente para asumir el liderazgo que por momentos pareció coparse exclusivamente con la figura del presidente Álvaro Uribe. Sin embargo, con escasos dos meses para desarrollar esta atípica campaña hacia la primera magistratura, preocupa que la mecánica misma no permita el despliegue de los debates que desde hace tiempo se deberían estar dando para encontrar las verdaderas diferencias en los programas de gobierno que plantea cada uno de los candidatos.

Hoy, todavía, el debate político sigue centrado casi que exclusivamente en la continuidad de las políticas del presidente Uribe, como un acto de fe, pero no aparecen por ninguna parte preguntas de fondo frente a aquello que ameritaría revisión cuando no planteamientos alternativos. ¿Qué viene para Colombia tras el histórico retroceso de las Farc por el que el presidente Uribe será ampliamente recordado? ¿Cómo reducir la polarización a la que se nos ha conducido? ¿Cómo vamos, no solamente a mantener los niveles de inversión, sino a lograr que se traduzcan en generación de empleo y reducción de la desigualdad? Como éstas, muchas son las preguntas que deberían hacer parte de una evaluación seria de este largo gobierno que termina, pero a las que aún no se han enfrentado los candidatos en contienda.

Es natural que hacia el final de cualquier campaña electoral el enfoque sea el tradicional de “carrera de caballos”, que el interés se centre en quién va ganando, quién subiendo y quién bajando. Por ello mismo, es apenas entendible que por estos días no se hable sino de los más opcionados para llegar a una segunda vuelta o de las posibles alianzas que se pueden generar para voltear las encuestas. El problema está en que para esta elección se han juntado el comienzo y el final de la campaña. Ojalá que en estos dos escasos meses se pueda provocar el debate que ha estado ausente, para que los ciudadanos puedan tener verdaderas opciones para decidir, más allá del continuismo o la revisión, que resultan criterios muy pobres para definir el futuro de una Nación.

 

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