Venezuela va a las urnas

LAS ELECCIONES QUE SE LLEVAN A cabo hoy en Venezuela, para elegir a los 165 miembros de la Asamblea Nacional, tendrán efectos visibles en el corto y mediano plazo para el país vecino.

Esta es la oportunidad esperada por la oposición para resarcirse de un absurdo abstencionismo que hace cinco años le entregó al chavismo, en bandeja de plata, el poder legislativo. De otro lado, se abre la carrera para las elecciones presidenciales de 2012, que tendrán hoy una primera y significativa medición de fuerzas.

Para la oposición lo que venga es ganancia, luego de haber atravesado el desierto, en materia legislativa, en el último lustro. Viéndose en el espejo retrovisor, agarraron el toro por los cuernos y lograron lo que muchos, comenzando por el propio chavismo, consideraban imposible: escoger candidatos unitarios para estos comicios. Este ha sido un trabajo de filigrana manejado con muy buen tino por la llamada Mesa de Unidad Democrática (MUD). Sin embargo, y siempre hay un pero, la mayoría de los candidatos pertenecen al viejo bipartidismo adeco y copeyano, dándoles la razón a quienes los acusan de falta de renovación, no sólo en el gobierno sino en el abstencionismo de los llamados “Ni-Ni”.

Del otro lado, el PSUV le presenta al electorado una oferta que renueva en un 80% la actual composición de la Asamblea. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de los candidatos fueron validados, en el fondo, por el propio presidente Chávez. El mismo que, sin ser aspirante directo, se ha jugado completo como la figura única del chavismo mediante un activismo abierto que le permite beneficiarse aún más del ya de por sí descarado ventajismo del que viene haciendo gala el Gobierno en los últimos doce años.

¿Qué puede pasar hoy y cuáles serán los efectos futuros? Son varios e importantes. Según las últimas encuestas, la diferencia final de votos no sería muy alta a favor del PSUV, basada en el desgaste natural del Gobierno y acrecentada por todos los problemas conocidos de inseguridad, inflación, autoritarismo, corrupción, desabastecimiento, ineficiencia y cortes eléctricos, entre otros. Sin embargo, y debido a una nueva ley electoral hecha a la medida del chavismo, según la cual en los nuevos circuitos “el que gana toma todo”, la representación real de la oposición podría estar entre un 30% y un 40% de los diputados. De esta manera, y a pesar de que van a contar con una presencia que les permite manifestarse abiertamente, su poder real dentro de la Asamblea será marginal en la medida en que no lleguen al margen necesario para oponerse a la adopción de ciertas leyes. En caso de que se llegara a dar una excelente representación de la oposición y puedan bloquear la maquinaria chavista, el Presidente tiene tiempo de aquí a diciembre —mientras termina el período de la actual Asamblea— para emitir leyes habilitantes que le permitan gobernar por decreto sin pasar por el legislativo. Ya lo hizo con anterioridad, incluso contando con el pleno control de la Asamblea, para acelerar el trámite de leyes vitales.

En el mediano plazo, este resultado será la largada para las presidenciales. El caudal electoral que logre la oposición va a ser el “case” para construir una sólida candidatura de unidad y así revertir los repetidos triunfos del chavismo. Sin embargo, para entonces deberán enfrentarse a un titán que en ese papel de candidato presidencial ha demostrado ser imbatible.

Falta tiempo, por supuesto, y recién comienza a correr el agua de la política bajo el puente. El reto para el Gobierno será el de mejorar sustancialmente su desempeño en temas vitales para el día a día de sus ciudadanos. El de la oposición, entender que sólo a través de la unidad y con un discurso que combine la ampliación de los espacios democráticos y la sustentabilidad en el tiempo de muchos de los logros sociales que ha tenido el Gobierno, apoyada en nuevos liderazgos, podrá aspirar a ser alternativa real de poder en un par de años.

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