Alejandro González Iñárritu, de locutor rockero en México a director consagrado en Hollywood

Con "Birdman" conquistó el Óscar este 2015.

Alejandro González Inárritu.AFP

La voz de Alejandro González Iñárritu fue durante años un referente de la radio musical mexicana, pero su talento sólo traspasó fronteras cuando se lanzó como cineasta y creó películas transgresoras como "Birdman", con la que este domingo conquistó el Óscar.

Aunque su amigo Alfonso Cuarón se le adelantó el año pasado con su estatuilla por "Gravedad", González Iñárritu había sido el primer mexicano en ser nominado en las grandes categorías de los Óscar por "Babel" (2006).

Pero, en su juventud, pocos hubieran apostado a que "El Negro" acabaría haciéndose un lugar en el olimpo de Hollywood.

"El arte verdadero, la expresión individual verdadera como el trabajo increíble de los directores nominados no puede compararse, no puede ser etiquetado y no puede ser vencido", dijo el cineasta al recoger el premio en el teatro Dolby.

Melómano empedernido, este mexicano de 51 años ganó fama en los ochenta como locutor estrella de la emisora de rock WFM, donde empezó a trabajar antes de terminar sus estudios de comunicación en la privada Universidad Iberoamericana.

Era difícil vaticinar entonces que aquel DJ de voz profunda, miembro de una familia de clase media de Ciudad de México, cambiaría sus entrevistas a rockeros y la organización de conciertos para probar suerte en la gran pantalla.

El espíritu aventurero que demostró desde joven -a los 19 años se enroló como grumete en un barco que viajaba hasta Europa y África- lo llevó a explorar nuevas facetas profesionales, sin olvidar nunca su influencia musical.

"Creo que antes que cineasta soy músico, un músico frustrado", dice González Iñárritu, muy meticuloso con sus premiadas bandas sonoras.

De hecho, llegó a equiparar "Amores perros" (2000) con una pieza de rock; "21 gramos" (2003) con una de jazz; "Babel" (que por cierto ganó el Óscar por la música original en 2007), con una ópera; y "Biutiful" (2010), con un réquiem.

Obsesivo y espiritual

En los noventa dejó la dirección de WFM para enfocarse en la publicidad y cortometrajes con su productora Z Films y estudió en paralelo dirección teatral con el polaco Ludwik Margules.

Entonces conoció a uno de los hombres cruciales en su carrera, el guionista Guillermo Arriaga, con quien filmó "Amores Perros".

La película fue considerada un parteaguas del cine hispanoamericano y fue ovacionada en el festival de Cannes, donde ganó el premio de la crítica.

"Alejandro es un ser visionario, virtuoso, multitalentoso, obsesivo, perfeccionista y hace un seguimiento tan minucioso a las emociones y psique de sus personajes que es uno de los mejores directores de actores del mundo", explica la actriz Vanessa Bauche de "Amores Perros".

Bauche destaca la libertad creadora que González Iñárritu da a su elenco y relata también lo "profundamente espiritual" que es en los rodajes. 

En "Amores Perros" hizo traer unas carretas con rosas al set, reunió a los actores en un círculo y les emplazó a hacer "todo con amor y pasión" para, finalmente, lanzar esos pétalos al cielo ofreciéndoselos a Dios.

Gracias al prestigio de su primera película, el mexicano pudo trasladarse a Los Ángeles y filmar "21 gramos" con estrellas como Sean Penn y Benicio del Toro y "Babel", con Brad Pitt.

Con esos films, completó una tríada de historias cruzadas producto de su tándem con Arriaga.

Sonada ruptura con Arriaga

Pero el éxito también detonó su amarga separación con Arriaga, quien como guionista sintió que se había restado importancia a su autoría en "Babel" y anunció que nunca más volvería a trabajar con su socio.

Desde entonces Iñárritu ha redirigido su carrera y, con una propuesta muy distinta, rodó en Barcelona "Biutiful" con la productora ya casi inactiva Cha Cha Cha Films, que fundó en 2007 con Cuarón y Guillermo Del Toro.

Padre de dos hijos (un tercero, al que dedicó "Amores Perros", falleció a pocos días de nacer), el mexicano decidió probarse con la comedia negra en "Birdman", una película sobre el ego filmada con largos planos secuencia que, para muchos, alcanza la categoría de obra maestra.

Iñárritu lo pone en duda: "Cuantas más películas hago, menos sé y entiendo. Y cuanto menos sé, más me gustan las películas".