Riverside: del privilegio a la ruina

Este viernes se estrena la película de Harold Trompetero filmada en inglés y en Nueva York, protagonizada por Diego Trujillo.

El tema de Riverside cae como guante en mano considerando la situación que atraviesa la conciencia de varios países en el mundo. La palabra "crisis", tan en boga y utilizada en estos últimos tiempos, se traduce en la película de Harold Trompetero en un drama psicológico que viven los personajes bajo el destierro capitalista.

Una pareja de inmigrantes pasa de vivir a un barrio privilegiado de Nueva York con vista al parque a vivir debajo de un puente con vista al río Hudson. La imagen del homeless (sin techo) del paisaje neoyorquino es interpretada poruna pareja de esposos. Diego Trujillo en el papel de Hernando, un barranquillero que solía vivir el sueño americano y por Lynn Mastio Rice como Marina, una mujer de origen ruso. Sus actuaciones son creíbles pero a veces se sobreactúan.

La quiebra apareció y las miles de deudas terminaron por trasladarlos a la pesadilla de la intemperie y de la calle. Marina guarda su abrigo de cuello de piel y Hernando su corbata y gabardina tan bien como su dignidad, que les impide considerarse limosneros como todos los demás. Toman vino barato en copa y compran trufas de chocolate pero se mueren de hambre. Además de enfrentar la desgracia económica, se alternan entre los encuentros y las distancias de una relación desgastada llena de reproches en la que al final siempre está la compasión.

La música que acompaña esta historia, compuesta por Juan Pablo Martínez y su equipo de la productora de sonido Songo, está llena de hermosas melodías que impactarían mucho más si no se repitieran a lo largo del largometraje.

La trama es una de las historias que le tocó vivir a Harold Trompetero de cerca durante los seis años que vivió en la Gran Manzana. Por ejemplo, un yuppie de Wall Street que había perdido todo en la bolsa y terminó en la calle o unos inmigrantes colombianos que a pesar de que querían volver a la tierra patria no podían por no tener la plata para el pasaje. "La película está basada en muchas de las vivencias que me tocaron en Nueva York y sobre lo descarnado de la economía capitalista", asegura el director colombiano.

Filmar una película en Nueva York no es fácil y menos con tan sólo cien mil dólares. Filmar 22 días al lado del río Hudson y debajo del puente de Brooklyn con temperaturas bajo cero en el invierno más frío de la ciudad en los últimos 20 años tampoco lo fue. "Éramos como mendigos haciendo cine".

Una bitácora da fe de los 1.360 días que le tomó pensar y escribir la película y en total fueron nueve meses hasta verla terminada. "Me encerré todo un invierno a escribirla y todos los fines de semana me iba a convivir con los homeless".

Hace un año la película se presentó en el Festival de Cine de la Habana, donde la escena final sorprendió al público cubano por tener la imagen de los balseros al revés.

Es una buena historia pero cae en ocasiones en escenas innecesarias. Finalmente, la imagen del homeless inmigrante retratado como héroe se ha convertido casi en un género narrativo.

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