Batman ataca de nuevo

La última película de la saga toma elementos prestados de ‘Historia de dos ciudades’, la clásica novela de Charles Dickens, para narrar un drama lleno de caos y anarquía.

Christopher Nolan tiene una visión particular de la vida, ligeramente retorcida. Sus trabajos suelen tener poca luz, sus narradores a veces son desconfiables, casi siempre sus historias orbitan alrededor del caos y la incertidumbre. Sus películas tienen el hábito de convertirse en éxitos: ‘Memento’, ‘El origen’ y las dos entregas actuales de la saga de Batman, ‘Batman Begins’ y ‘The dark knight’.

Si no está roto, ¿para qué arreglarlo? ‘The dark knight rises’ narra la historia de una sociedad al borde del abismo de la guerra civil, una fábula oscura en cuyas sombras habita un mal que nunca descansa, la cara más abyecta de un poder que consume la voluntad de los hombres, entregados al crimen en una sociedad abiertamente desigual, en la que la injusticia es el estándar.

Ciudad Gótica lleva al menos 20 años consumiéndose en el cine desde aquella primera entrega de Tim Burton en la que Jack Nicholson le pone maquillaje a la cara de maniático que había perfeccionado en ‘El resplandor’. El teatro de batalla, la ciudad misma, era más un escenario de cómic en donde el bien y el mal se enfrentan disfrazados para preservar la tranquilidad de los ciudadanos.

Las adaptaciones de Nolan hicieron de Ciudad Gótica un lugar plausible, el escenario moderno para poner a rodar un relato que, bajo cierta lectura, presenta una visión acerca del precio de la seguridad y la injusticia social en manos de lo que, polémicas aparte, es un agente paramilitar.

La incertidumbre y la zozobra son elementos palpables en el Batman de Nolan. Sus cintas están recubiertas de una angustia aceitosa en la cual se diluye la ideología del villano de turno. El más notable de ellos hasta el momento, “El guasón” del difunto Heath Ledger, aboga durante dos horas y medio por la anarquía, oscilando entre la demencia y la epifanía de una verdad absoluta. Lo acertado de sus argumentos, al menos en parte, es un elemento de diagnóstico acerca del estado mental de una sociedad en la cual se ha engendrado lo mejor y lo peor de la experiencia humana.

La crisis económica, la gripa del capitalismo, es el tema de fondo sobre el cual Batman interpreta una cuidadosa coreografía llena de dilemas morales, puños y patadas. El director, junto con su hermano (Jonathan, quien también participó en la escritura del guión), tomó “Historia de dos ciudades”, la clásica novela de Charles Dickens, como punto de referencia para ambientar la cinta, según le contó recientemente a la revista Wired.

Para ampliar el rango de sombras de la narración, Nolan y su equipo trabajaron durante seis meses con Panavision y Imax en la producción de nuevos lentes. La cámara usada durante el rodaje le permitió al director grabar con menos luz y adquirir más profundidad de campo, dos elementos técnicos perfectos para capturar una pelea masiva en la que se define el futuro de la vida, el universo y todo lo demás y que, coincidencialmente, sucede en las afueras del mercado de valores de Ciudad Gótica (o sea, Wall Street, en Nueva York).

El mal llega en esta entrega de la mano de Bane, un villano también enmascarado, una alegoría de una fuerza aparentemente indomable, sin rostro, casi anónima, aunque seductora y poderosa.

Tom Hardy es el actor encargado de darle vida a una maldad que, sin contar con una cara (pues tiene una máscara similar a un bozal para perro), reside en los ojos, en el lenguaje corporal de aquel que tiene un buen plan para incendiar el mundo.

En la superficie de esta batalla por el control de la sociedad circula la música de Hans Zimmer, cuyo tema característico para la saga es una especie de obertura plena de violines y vientos que, aunque sobria, está escrita en la clave de un relato épico en el que se apuesta todo.

Las composiciones de Zimmer durante la saga incluyen sutiles toques electrónicos que aceleran mecánicamente el ritmo de una música que acompaña la lucha de un par de hombres contra el apocalipsis.

Cuando la orquesta no está cabalgando a toda marcha, Zimmer introduce segmentos de cuerdas llenos de tensión, un violín hecho de nervios que ambienta la pregunta “¿sabes por qué tengo estas cicatrices”.

“Para la música de Bane fuimos en una dirección distinta. Quería usar una gran orquesta sinfónica, pero les dije a los músicos que los iba a hacer desaprender todo lo que sabían y que los iba a tratar como si fueran un primitivo conjunto de percusión. Resultó ser un método muy liberador”, le dijo Zimmer a Wired.

La última entrega de Batman promete entretenimiento, claro. Aunque también ofrece un amplio menú de sombras, tanto en la imagen, como en el discurso. Caos, por supuesto. Aunque también una ración de política económica. En el tráiler Anne Hathaway (que oficia como una versión extraoficial de “Gatubela”) le pregunta al millonario Bruno Díaz: “¿Qué le hizo pensar que podíamos seguir viviendo así, cuando hay tan poco para el resto de nosotros?”.

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