'Porque hay cosas que nunca se olvidan' es el cortometraje más premiado de la historia

La película del director español Lucas Figueroa, ha recibido 300 galardones y hace parte del Libro Guinness de los récords.

El cineasta español Lucas Figueroa juega con la universalidad del fútbol y la niñez en "Porque hay cosas que nunca se olvidan", un cortometraje que ya figura en el Libro Guinness como la obra más premiada en la historia de este género cinematográfico.

"Estoy muy sorprendido, sobre todo porque no tenía ni idea de que existiera una categoría como ésta en el Guinness. Es un premio raro, un premio porque te dan premios", ha explicado hoy Figueroa en la Academia de Cine en Madrid, donde le ha sido entregada una placa por los más de 300 galardones que acumula su corto.

Cuatro niños juegan a la pelota en las calles de un pequeño pueblo italiano. Tras una mala patada, el esférico termina en los jardines de una anciana que pincha el balón ante las miradas atónitas de sus pequeños vecinos. La represalia de éstos deriva en un final hilarante.

"Al principio no sabía que era una idea tan general, pero, conforme empezamos a proyectar el corto, descubrí la cantidad de gente a la que le había ocurrido algo parecido. Todos hemos tenido una experiencia similar", asegura Figueroa, cuyo corto ha recibido reconocimientos en Suazilandia, Bermudas, Japón o India.

"Lo interesante es que muchos son premios del público, que siempre son más complicados, sobre todo cuando se trata de una historia de humor. O somos todos igual de sádicos o no me lo explico", bromea el director.

La muerte, en un tono bastante peculiar, también está presente en el corto de Figueroa: "Son mis fantasmas internos; aunque hiciera una comedia romántica, alguien tendría que morir seguro. El humor negro me tira mucho y también es algo que gusta al espectador".

Para llevar a cabo su idea, el realizador contó con la participación de los futbolistas Amedeo Carboni y Fabio Cannavaro, que desempeñan un papel secundario en la trama de "Porque hay cosas que nunca se olvidan".

"Ya habíamos rodado alguna cosa con Carboni, pero dar con Cannavaro fue más complicado. No conseguí el teléfono de su representante, así que me fui al colegio de sus hijos e hice guardia allí durante una semana. Al final apareció su esposa y le entregué una carta donde le contaba la idea", recuerda Figueroa.

La repercusión posterior del corto, que ha concursado en más de 500 festivales de todo el mundo, ha abierto las puertas del largometraje para su director, que maneja varias propuestas para rodar una película en Estados Unidos.

"Me llamaron de Los Angeles y ahora estoy desarrollando tres proyectos. Viajo allí cada dos meses para reunirnos y, al mismo tiempo, ellos me mandan guiones. Esa oportunidad se la debo al corto", señala Figueroa.

Por otro lado, el cineasta destaca la trascendencia de los nuevos medios digitales en el porvenir del cortometraje: "El otro día estábamos hablando sobre qué era más exitoso, si diez mil espectadores en una sala o dos millones de visionados en Youtube. Los sistemas de consumo audiovisual están cambiando, y creo que nos espera un futuro próspero"

 

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