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hace 3 horas

Por las viudas y los huérfanos

Unos caballos de fibra de vidrio, a escala real, parecían tener energía para recorrer los Andes colombianos de un tirón, esa misma energía que deben tener los caballos de carrusel.

Diferentes artistas colombianos, al igual que en el 2002 y 2005, acudieron a la convocatoria de la Fundación Corazón Verde para recaudar dinero para los huérfanos y viudas de policías.

Cada uno mandó con juicio su hoja de vida,  a los elegidos se les dio la oportunidad de descargar su energía creativa con un caballo blanco de fibra de vidrio tamaño real, y dejaron a voluntad la decisión de hacer o no copias para los compradores interesados. A Lorenzo Castro, Masayo Andrade, Maripaz Jaramillo, Ernán Díaz, Claudia Hakim y Omar Rayo, entre otros, se les atribuyó la misión de descargar toda su energía creativa en el caballo blanco de fibra de vidrio, animal que sería subastado, y el dinero recaudado, en su mayoría, sería para beneficio de las familias, el resto, un ‘gracias’ para el artista.

Lorenzo Castro despreció el animal, se buscó el patrocinio de una empresa de vidrios y creó el caballo que costaría cien millones de pesos, comprado por un almacén de cadena: una serie de vidrios, uno tras otro, van formando un caballo que trota; según el ángulo desde donde se mire, toma diferentes  posturas, como si hubiera logrado la libertad que los otros no.  Las réplicas están agotadas.

Los pequeños caballos, como para ser montados por un muñeco de acción, tienen un costo de 3 millones 564 mil pesos,  de ellos 3 millones cien mil se destinan para viviendas y educación de familiares de policías muertos. Para adquirir uno o varios de los 123 animales, debe darse un adelanto de 1 millón de pesos, y se tienen tres meses más para dar el resto de dinero.

Érica Vélez, vendedora de los caballos, fue beneficiada junto a sus dos pequeñas con el programa de la Fundación Corazón Verde en sus versiones anteriores, donde se realizaron mariposas y árboles. Recuerda con cariño a Rafael Penagos, autor de “Emisario de Luz”, que le llevaba dos manzanas todos los días cuando empezó a vender los caballos.

Cuando el artista lo desea, se realizan 100 copias del equino a pedido. Con el “Rey de los Ándes”, pintado con un esmalte sólo adquirible en Nariño, Carlos Santacruz está a punto de agotar la existencia de su creación, minuciosa y diminuta representación de la cultura indígena local. Omar Rayo, por el contrario, no quiso hacer copia de sus dos caballos blancos a rallas y pecas.

Los animales pueden ser adquiridos en diferentes centros comerciales de la ciudad y en la Feria Internacional del Libro de Bogotá.