Más allá de Morrison

<p>Durante cerca de dos horas el concierto Riders of The Storm revivió los mejores momentos de la banda The Doors.</p>

El sofocante calor y la prolongada espera en Downtown Majestic, un renovado teatro del centro de Bogotá, no aminoró en ningún momento la cita que cerca de 3000 personas se dieron con “Riders of the Storm”, el proyecto que los músicos originales del legendario grupo The Doors, el teclista Ray Manzarek y el guitarrista Robby Krieger decidieron abordar desde el año anterior para celebrar los 40 años de la mítica banda que lideró el desaparecido Jim Morrison.

Y si muchos creen que el espíriru de Morrison cohabitó en el trascurso de este concierto, podría pensarse que la gracia y entrega de Brett Scallions como vocalista de esta banda, por momentos sólo hizo que el vibrante público se compenetrara con un repertorio que recogió lo mejor de la vieja banda de Los Angeles.

De tal manera, que aunque es 2008 y la tecnología ha cambiado radicalmente en cuatro décadas, el espectáculo no dejó de ser un aferrado encuentro con los sonidos del pasado, para una banda ahora reforzada por el bajista Phil Chen, un verdadero veterano cuyo crédito se ha sumado a más de una treintena de figuras, como Rod Stewart, Phil Collins, Van Morrison, jeff Beck y B.B King, por sólo mencionar algunos, y también Ty Dennis, un baterista potente y preciso que viene asumiendo este rol desde el año 2004 cuando el regreso del original John Densmore se vio imposibilitado por padecer de tinnitus.

Enganchar a su público de entrada no fue nada difícil si la apertura era con “Love Me Two Times” y “Break On Through”, que los presentes cantaron a rabiar, dos de los éxitos más recordados de The Doors, temas cortos, que rapidamente crearon contraste con piezas como “Love Her Madly” o “When The Music Is Over” en que el encantó que rodeo a la banda saltó a flote con Manzarek recurriendo a ese agraciado y aguerrido estilo que desde su teclado fue la marca registrada de la banda. Krieger en el contraste de siempre con sus sólos particulares, sencillos, pero efectivos.

El público compenetrado en pleno, compartió el español simple de Scallions y Manzarek en sus continuos agradecimientos, que en la música hizo un largo trayecto por “Waiting For The Sun” y “The Soft Parade”, un paseo sicodélico que caracterizó la escena californiana que acogió originalmente a la banda a finales de los años sesenta. El primer gran bloque musical terminó incialmente con “Moonlight Drive”, guiada sutilmente por el piano de Manzarek y la fuerza rítmica de “Gloria”, esa curiosa adaptación que en su tiempo hiciera The Doors al tema del irlandés Van Morrison y su grupo Them.

Fue tiempo entonces para un solo de guitarra acústica con aire español a cargo de Robby Krieger y que finalizo en el rítmico “The Mosquito” al que se sumó Manzaker en vocales y maracas, anticipó a la segunda parte del show que siguió con “Spanish Caravan”, la divertida y rítmica “Sex Machine”, motivo de una fuerte dosis humorística entre los integrantes de la banda y luego la arrolladora fuerza del clásico “L.A. Woman” para una primera gran despedida del grupo.

El retorno tuvo como mejor momento las atmósferas de “Riders Of The Storm”, una nueva aproximación sicodélica en esas geniales progresiones salidas de los teclados de Manzarek y en las casi dos horas que duró este show, el cierre no podía ser otro que con dos temas. Primero “Roadhouse Blues”, con esa cadencia blues rítmica que lo ha convertido en un auténtico clásico para los seguidores del género y “Light My Fire”, la mítica pieza que como ninguna identifica a The Doors, ajustada a los solos de Manzarek y Krieger, y un remate justo a una gran presentación.

Morrison fue recordado con banderas y coros de la gente repitiendo su nombre. El propio Scallions extendió una de estas telas que llevaba alguién del público para rendir homenaje al desaparecido vocalista. Pero lo que se vivió en el Downtown Majestic trascendió de esa referencia para ser testigos de un momento histórico lleno de nostalgia en medio de un calor que contrastando con la magia de la música, ya era insoportable.

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