Metallica hizo vibrar por segunda vez a Bogotá

Este miércoles promocionaron en el Parque Simón Bolívar Death Magnetic, su trabajo más reciente.

Algunos minutos antes de las 8:00 p.m. se apagaron las luces y la oscuridad se tragó todo. Ese fue el preludio de un grito hondo que emitieron las más de 60 mil personas que esperaban, con la angustia y las ansias reprimidas, para ver a James Hetfield, Kirk Hammett, Lars Ulrich y Robert Trujillo encima del escenario tocando las primeras notas de Creeping death, canción con la que han abierto la mayoría de sus conciertos de la gira World Magnetic Tour, que promociona el álbum Death Magnetic. Hetfield, impecable, cantaba, como si acaso se tratara de una declaración de principios: “Que quede escrito/Que se haga/Yo soy el enviado del elegido”, mientras el público frenético coreaba la frase.

Sin dar tregua, cero misericordia para la garganta y los oídos, comenzaron For whom the bell tolls, del álbum de 1980 Ride the lighting, uno de los temas clásicos de una banda que desde 1983 se ha dedicado a producir, más que canciones, himnos para generaciones enteras de aficionados al rock pesado que alguna vez han cantado, guitarra de aire en mano, la letra de sus más legendarios clásicos: Enter sandman, One o Master of puppets.

El caso de Metallica es llamativo. Buena parte de las canciones que, a grito herido, los aficionados piden a lo largo de la presentación provienen de sus primeros álbumes. No es un proceso matemático, pero, usualmente, un concierto de una banda cualquiera suele girar alrededor de su material más reciente. El caso de Hetfield y compañía es el contrario: el grueso de sus toques, si no en cantidad sí en expectativa, proviene de los primeros años, las épocas en que su música era un grito transgresor, una genial anomalía. Y en Bogotá, con un sonido impecable y una infraestructura más que imponente, no fue la excepción.

Casi a las nueve de la noche cayó una llovizna leve, mientras Hetfield le decía al público bogotano que no estaba preparado para escuchar algo pesado. Los asistentes, cómplices de su ídolo, le hicieron sentir que estaban preparados para las notas más fuertes.

A las 9 y 10 se estremeció el parque con One, acompañado de humo en el escenario y juegos pirotécnicos de todos los colores. Y como si hubiera sido escasa la emoción, a este clásico le siguió Master of puppets con el que la gente llegó a su máxima excitación pues Hetfield conquistó todo el escenario con la ayuda de micrófonos ubicados en los dos extremos del escenario.

El concierto siguió su curso normal con muchos fanáticos escuchando a su grupo favorito desde la calle 63 o desde la avenida 68. Gestos como levantar la base de su micrófono como si se tratara de una pesa corroboraron el carisma del líder de la banda norteamericana.

Luego el mismo Hetfield se señaló su tatuaje con la tipografía clásica de Metallica y las notas de Nothing Else Matters innundaron el Simón Bolívar.

Uno de los últimos temas fue el cover del tema Stone Cold Crazy, original de la banda Queen. Luego quisieron despedirse, pero el vínculo con el público fue tal que los cinco integrantes duraron más de cinco minutos brincando sobre el escenario. Al final prometieron volver pero, ojalá, no dejen esperando a Colombia otros once años.

 

últimas noticias

Desde Argentina, no más acoso

Kendall Jenner, la modelo mejor pagada del año