Almax, la reivindicación de los festivales con el rap colombiano

El naciente festival apostó por programar todo un día dedicado al hip-hop con seis de los mejores exponentes actuales del movimiento. Así, Almax se convirtió en el primer certamen de grandes dimensiones que da un importante espacio al rap.

La Etnnia, Alcolirykoz, Lianna, Rocca (foto), demostraron junto a Crew Peligrosos, Ali A.K.A. Mind, Aerophon Crew y Nanpa Básico, que el hip-hop colombiano pasa por su mejor momento. / Fotos: Instagram @LaEtnnia527 / @zableravelo / @rollingstonecolombia / Mauricio Alvarado

Ocasiones únicas. Eso fue lo que el festival Almax trajo a sus asistentes en su prometedor estreno, que tuvo lugar del 1 al 4 de diciembre en Corferias, en pleno corazón de Bogotá. Solo con eso, ya se había desligado de los demás festivales por días: no era ni al aire libre ni fuera de la ciudad. Así, Almax fue la ocasión única de ver a grandes músicos como Chris Cornell, Macklemore & Ryan Lewis, Paul van Dyk o House of Pain. Pero el festival, más allá de haberse arriesgado a organizar cuatro días de conciertos, 50 shows, presentaciones de cine independiente, y una cautivante mezcla de sonidos, logró reivindicarse con esos que poco y nada están presentes en los festivales nacionales, a menos que sean los diseñados exclusivamente para determinados géneros.

El rap, por primera vez en la corta historia de los grandes festivales nacionales, tuvo un espacio. Un importante espacio. No fue solo la presentación de un par de artistas extranjeros de renombre. Fue la reunión, en todo un día de cartel, de exponentes históricos, emergentes y más relevantes del hip-hop colombiano.

El domingo, día del cierre del festival, se notaba que algo no iba a ser como en los tres días anteriores. Los perfiles de los asistentes empezaron a variar; los pantalones anchos, las snapbacks y las camisetas de legendarios rappers se tomaron el certamen; había más miembros de policía y las requisas fueron más estrictas (¿Acaso representaban mayor peligro los asistentes de ese día?); y, sobre todo, los bajos del stage 2 retumbaron como ningún otro día con las potentes bases de las seis bandas que pasaron por el escenario, colmando de energía y rimas repletas de mensajes sociales y de paz la tarima alterna de Corferias.

El escenario cerró hacia las 8:00 p.m. con la satisfacción de haberle cumplido a una escena tradicionalmente ignorada en este tipo de eventos y que se tenía que conformar con verlos por separado en bares y pequeñas tarimas del país, o en Hip-Hop al Parque, donde muchos prefieren no ir al ver en lo que se convirtió. La encargada de clausurar ese stage 2 -quiénes más si no ellos-, fue la ya mítica agrupación bogotana La Etnnia, que con su intachable recorrido por la música llevó a su público lo mejor de su repertorio con sonidos tan frescos como underground, dejando claro que no son la misma banda de hace 20 años, puesto que el sonido que han desarrollado se acerca a algo mucho más global y propicio para un festival tan diverso en el que hubo desde ska hasta baladas. (Lea: Almax: música, cine y cemento)

Ali A.K.A. Mind, Alcolirykoz y Aerophon Crew, también se pusieron el overol para edificar una tarde-noche histórica para el género. Acompañando sus beats con instrumentos de viento y percusión, también sacaron lo mejor de sus catálogos para darle no solo al público capitalino (aún con cierta apatía con el apoyo a sus artistas), sino a los curiosos que pasaron algunos minutos en el escenario, una cátedra de lo que es y lo que no es el hip-hop. Demostraron por qué son considerados, junto a otros que quizás también pudieron ser incluidos en el cartel, los exponentes más importantes del género hoy por hoy.

Lianna y Nanpa Básico también dijeron presente en la que podría ser su primera gran presentación. La indescifrable voz de Lianna, sus movimientos en el escenario y la facilidad con que logra transmitir una u otra emoción, sorprendieron a más de uno en una apertura de escenario en el que dejó impreso su inconfundible cambio de tonalidades con visos de soul y funk, que poco a poco la establecen como una indiscutible nueva figura del hip-hop. Nanpa Básico, con sus románticas y nostálgicas letras dio otro color al escenario, en el que predominaban las voces femeninas aclamándolo como otra gran revelación del género para estos años venideros que realmente prometen desligar al hip-hop con la mala imagen que se ha establecido en el imaginario colectivo por cuenta de manifestaciones que se han vuelto obsoletas y que poco y nada han contribuido a la imagen de la escena.

El Almax apostó por el hip-hop y ganó. Ningún festival reciente puede alardear que ha dedicado un día completo de cartel al género, y mucho menos que ha dado la importancia que hay que ir estableciendo para las grandes bandas nacionales. Almax sí. Almax abrió y cerró con rap: Crew Peligrosos y Rocca, encargados de dar apertura al festival, vaticinaron un gran fin de semana para el género y le atinaron. (Vea: El pop, la cumbia y el hip hop se tomaron el primer día del Almax).

Desde el 4 de diciembre de 2016, los raperos del país pueden decir que sus artistas ya no se presentan solos, excluidos, apartados y en escenarios con mezquina infraestructura. A partir de 2016, los festivales seguramente tendrán en cuenta mucho más a este género con la vara tan alta que puso el naciente Almax, un festival que dio un gran primer paso y que puede contar tres de cal por una de arena en su debut: mucho más por soñar que por mejorar. Eso sí, la gran deuda de los festivales sigue siendo el reggae. Del género no hubo un solo artista nacional, pero El Freaky puso la cara con Mr. Lexx y Kafu Banton, la representación de sonidos jamaiquinos que trajeron.

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