Lo que esconde el orgasmo musical

La mayoría de personas ha sentido alguna vez un escalofrío en la espalada o un cosquilleo en el estómago al escuchar su canción favorita. Lo que no se alcanzan a imaginar es que estas reacciones fisiológicas son muestra de nuestra evolución como especie.

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Hay personas en las que la estimulo es tan profundo que solo lo pueden definir como un orgasmo musical. Una de ellas, Psyche Loui, profesora de psicología y neurociencia de la Universidad de Wesleyan (Estados Unidos), que además es pianista y violinista, decidió estudiar el fenómeno.

Loui sintió por primera vez esta sensación cuando estaba comenzando sus estudios universitarios. Estaba en la habitación de un amigo cuando en la radio sonó el concierto de piano número dos, del compositor ruso Sergei Rachmanivov; la melodía le produjo mariposas en el estómago, un escalofrío que recorrió su columna vertebral y hasta le aceleró el corazón, según le contó a la BBC.

La gama de efectos es amplia, además de sensaciones como las descritas por Loui, otras personas se ruborizan, tiemblan, sudan y hasta se excitan sexualmente. Al parecer, los cambios repentinos en la armonía y las notas disonantes con la melodía principal de cada pieza musical, son las que potencian estas sensaciones. "El escalofrío musical suscita un cambio fisiológico que está unido a un punto particular de la música", le dijo la doctora Loui a la BBC.

Estas reacciones dependen de la familiaridad y la sorpresa que produce la melodía. Según los expertos, desde muy temprana edad, el cerebro interioriza ciertas reglas de las composiciones musicales. Si el sonido está muy ajustado a estas reglas, nos parece aburrido; si las transgrede por completo lo asociamos con el ruido. El truco es el punto intermedio entre ambos extremos.

Al sentir que la melodía suena “diferente” capta la atención del sistema nervioso, de cierta manera lo asusta y eso generaría las reacciones “orgásmicas”, que son similares a las que producen las drogas o el sexo y que pueden llegar a ser igual de adictivas.

Pese a estos acercamientos a la música desde la neurociencia, su existencia es un gran misterio. Según expertos como el científico cognitivo Steven Pinker, se deriva de otras funciones cognitivas que sí son esenciales, como el reconocimiento de patrones.

La música no es necesaria, podría decirse, como el alimento, de hecho suelen compararla con una tarta de queso. “Es deliciosa pero no muy nutritiva”, dice Loui, y agrega: "Después de haber realizado todas las tareas para sobrevivir, usamos la música como una zona con arena en la que podemos jugar de forma segura, entrenar nuestra mente y expandir nuestras experiencias".

Además, la música ejercita nuestra comunicación emocional, nos entrena para juntarnos con otras personas. El orgasmo musical vendría siendo la recompensa por ese entrenamiento, así como la sensación de satisfacción es la recompensa por alimentarse. Todo esto habla de la evolución de nuestro cerebro y de cómo la música está involucrada en estos cambios.

Lea acá el artículo de BBC. 

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