Fiesta soberana

La música comenzó a despegar antes de que se ocultara el sol en Cali, una ciudad que ha sido llamada mil veces como la Sucursal del Cielo pero que por estos días puede ser el firmamento mismo dadas sus virtudes actuales.

El Petronio está aquí. / Nelson Sierra

El pulso entre el espectáculo sobre el escenario y la rumba vistosa que vive el público es la definición perfecta para la palabra intensidad. Durante 18 años el fenómeno ha sido el mismo y se traduce en la comunión armónica entre los artistas y los espectadores. Las primeras notas del encuentro cultural basado en las manifestaciones tradicionales de la región del Pacífico colombiano, que en esta oportunidad se pudieron escuchar durante la noche del miércoles en la Unidad Deportiva Panamericana, fueron el preámbulo de lo que serán los cuatro días de competencia creativa en este masivo encuentro sonoro.

 La danza, en la que se fusionaron una vez más los artistas con los asistentes, fue la ruta diáfana para que el público encontrara motivos para sumarse a la libertad que puede producir el contacto entre seres humanos sintonizados por el deseo de disfrutar de la tradición.

Sobre el escenario del Petronio Álvarez se podían apreciar vestidos con colores llamativos que se movían al compás de conformaciones instrumentales diversas. Debajo de la tarima, el espectáculo estaba respaldado por la paz y la armonía comandada por los bailes colectivos. La gran homenajeada de la noche fue Buenaventura y por eso todos los artistas participantes en la primera velada se encargaron de exaltar el nombre de esta población del Valle del Cauca, que algunas veces resulta olvidada y marginada de la geografía nacional.

Uno de los momentos emotivos de la noche ocurrió cuando la soprano Betty Garcés, artista consagrada en la música lírica en países como Alemania y España, entonó el himno nacional y realizó un llamado para que Colombia volteara la mirada hacia la fortaleza de su población afro. A su petición se fueron sumando paulatinamente cantantes oriundos de la región como Jimmy Saa, Marquitos Micolta y Willy García, quien tuvo la misión de estrechar con su estilo propio los lazos entre la salsa y la manifestaciones sonoras del Pacífico colombiano.

La música, la danza, las anécdotas y los comentarios de los artistas invitados, así como las participaciones oportunas de las maestras Alicia Camacho Garcés y Elcina Valencia, hicieron que la primera noche de este encuentro cultural fuera una llave hecha justo a la medida para abrir el camino hacia el gusto por la tradición.