Matisyahu, el judío que se encontró en el reggae

El artista estadounidense, conocido por su fuerte influencia religiosa y su fusión de ritmos jamaiquinos con rock y hip-hop, se presentará este viernes en Bogotá.

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Bastaría revisar el nada delicado anuncio que hizo la organización del festival Rototom Sunsplash sobre los motivos que llevaron a sacar a Matisyahu de la programación del certamen, para entender el tamaño de la polémica que suscitó su negativa a pronunciarse sobre el derecho de los palestinos a tener su propio Estado. El comunicado manifestaba que la presentación de Matthew Paul Miller, nombre de nacimiento del artista, no se llevaría a cabo porque no accedió a las presiones que ejercían grupos pro-Palestina debido a la presencia en el evento del cantante de religión judía.

La instrucción que le dieron era directa. Matisyahu debía pronunciarse públicamente, ''de manera clara'', sobre dicho aspecto del conflicto entre Palestina e Israel. Por la gran influencia religiosa que ha marcado su carrera musical, parte fundamental de su éxito como artista, Matisyahu simplemente optó por no dar respuesta a la petición del grupo BDS País Valencià, confirmándose así su salida del último día del festival musical que se llevó a cabo del 15 al 22 de agosto de 2015, en el municipio de Benicasim, en Castellón, España.

El hecho involucró a los gobiernos de Israel, Estados Unidos y España, y a La Generalitat Valenciana, que se pronunciaron calificando de ‘censura’ la exclusión. De inmediato la organización del Rototom se retractó y la presentación se hizo, como estaba programada, el 22 de agosto. Y se hizo en medio de quienes aplaudieron, y quienes agitaron banderas de Palestina y abuchearon los 45 minutos de presentación del artista. Tras el incidente, Matisyahu solo asegura que prefiere no tomar partido sobre el conflicto.

El cantante hebreo cumple 10 años de carrera artística. Desde que incursionó en la música, el estadounidense de 36 años ha buscado ese sonido diferente a todos. Con su ‘beatbox’, esa fábrica natural de los bombos y cajas del Hip-Hop, el artista descubrió lo que la música podría traer a su vida. Pero fue en el reggae y los sonidos jamaiquinos que Matisyahu encontró la manera de conjugar su fe con su tenaz don de la música. Sin embargo, antes de continuar su recorrido en el arte, según asegura, tuvo una experiencia religiosa que le permitió encontrarse con un ser superior.

Y esa experiencia marcaría su vida, pues decidió realizar un viaje a Israel. Allí estudió y empezó a practicar el judaísmo, convirtiéndose posteriormente al judaísmo jasídico. Así que no fue a Jah, el dios que alaba la cultura reggae primitiva, en quien empezaría a inspirar Matthew sus letras. Las alabanzas a Yahveh, pero también los mensajes de paz y unión entre pueblos, fueron junto a la caja de ritmos que aprendió a improvisar sobre teclados y los instrumentos básicos del rock, la base de ese sonido único que lo ha llevado a las tarimas de los más importantes festivales de música.

La atractiva propuesta musical de Matisyahu la completaba su imagen como rabino. Ese ‘look’ lo dio a conocer en el mundo como el judío que rapeaba, hacía freestyles de 'beatbox' y cantaba la misma música que Bob Marley. Durante años el artista conservó su imagen, hasta que en 2011 decidió afeitar su barba y quitarse el kipá, quedando casi irreconocible para su público con una imagen que tomó como continuidad de su devoción religiosa.

En entrevista con El Espectador, el artista que se presentará junto al colombiano Junior Sambo este 29 de enero en la Bolera de San Francisco, ubicada en el centro de Bogotá, dio su versión del hecho que marcó el festival más importante de reggae de Europa, y habló sobre cómo sintetiza su vida religiosa con su carrera musical.

¿Cómo define sus sonidos actuales, 10 años después del álbum que lo catapultó en la música: Live at Stubb's?

Creo que mi música ha sido muy diversa. Siempre ha tenido una mezcla única de géneros, porque estuve muy fuertemente influenciado por el Dancehall y el Reggae de la década de 2000, cuando realmente estaba desarrollando mi voz, la principal sonorización que he usado. A través del tiempo me he sumergido y combinado cosas diferentes.

¿Qué tanto hay del judaísmo en su música?

El Judaísmo es una gran parte de lo que soy, no creo que pueda separar eso en este punto. Pasé 10 años inmerso en la práctica y el estudio del Judaísmo, y sigue siendo una parte muy importante de mí. Mi carrera y mi vida espiritual están estrechamente relacionadas con mi esencia judía y siempre he pensado que las dos coexisten en armonía.

¿Cuál es su visión de lo que está sucediendo entre Israel y Palestina?

No soy experto en ciencias políticas, y no pretendo conocer todos los detalles y los hechos del conflicto palestino-israelí. No he escogido un lado.

En su concepto, ¿a qué se debió su exclusión y posterior reintegro al cartel del Festival Rototom 2015?

Me pidieron pronunciarme, pero no mi opinión. Me pidieron hacer una declaración pública con la que no estaba de acuerdo. Me olvido exactamente qué manifestación me dijeron que hiciera, pero se trataba del Estado Palestino. Solo sé que me sentí muy incómodo cuando lo leí, porque no encajaba con mi punto de vista. Por eso no dije nada. ¿Qué si me siento con la responsabilidad de hablar a favor de Israel? No. La presión fue de BDS País Valencià por la oposición que me tienen. Siempre he sentido que las acciones dicen más que las palabras. Lo mío siempre ha sido Israel: toqué en Israel, hice un video y grabé un disco allá, pero nunca he sentido que mi trabajo sea tratar de convencer a la gente de mis opiniones. Es a través de la música y el arte que puedo tener una influencia de ese estilo, y es justamente gracias a mi conexión con Israel.

¿Qué tanto influyó en su carrera su ‘look’ como rabino y por qué decidió cambiar su imagen?

Era hora de un cambio. Tuve la barba y me la dejé crecer y tenía mi razón. Estaba explorando mi identidad, y eso fue algo muy importante para mí, pero en los últimos años todo se había convertido en más de una regla. Fue una decisión muy importante y fue una gran parte de mi identidad religiosa. Además tenía la necesidad de dar un paso adelante, ya que mi imagen fue sagrada para mí en algún momento. Di el paso y tengo que seguir adelante en mi vida.