Las mujeres del acordeón

Las Universitarias y Las Diosas del Vallenato les abrieron paso a las nuevas generaciones, en las que ya hay dos reinas infantiles.

Mélida Galvis Lafont, reina infantil del Festival de la Leyenda Vallenata 2012. / Archivo particular

 El 27 de abril de 1968 un acordeón entonó el inicio de lo que sería el primer Festival de la Leyenda Vallenata. Y a su son, seis jovencitas recorrían las empolvadas esquinas de las calles de Valledupar al ritmo de la caja y la guacharaca. Sobre la tarima, levantada en el centro de la plaza y con un inmenso acordeón de 15 metros de altura como telón de fondo, Las Universitarias eran aclamadas por el público.

Con pantalones cortos y blusas rojas y puntos blancos, la agrupación samaria logró su objetivo, trazado dos meses atrás en el colegio La Presentación de la capital del Magdalena. Rita Fernández, proveniente de una familia de músicos, convocó a sus compañeras de clase para ensayar y conformar el primer grupo de vallenato femenino en la historia de Colombia. Lo bautizaron Las Universitarias porque dos de ellas cursaban primer semestre de ingeniería.
Una vez pisaron la tierra vallenata, la gente las aclamó. Cuando salían del hotel Sicarare, los aficionados las rodearon. Tuvieron que firmar autógrafos apoyadas hasta en los troncos de los árboles. “En ese momento parece que el machismo se desparramó”, asegura Rita Fernández, quien además compuso en 1985 el himno de Valledupar.

Esa fue la ventana para que productores como Santander Díaz, que descubrió a Claudia de Colombia, se asomaran y pusieran sus ojos en el conjunto femenino. El disco se grabó en Bogotá con 12 canciones, entre las que se encuentran Los novios, de Freddy Molina y Confidencia, de Gustavo Gutiérrez.

Panamá, Tampa y Caracas fueron las paradas de la primera gira. La fama de Las Universitarias aumentaba a la par de los impedimentos interpuestos por los padres y los novios. “Yo encontré el mayor obstáculo en los pretendientes que tenía, ya que todos eran celosos y no querían que tocara. Por eso me casé con el piano, con el acordeón y la composición. Después de un año largo de presentaciones, el grupo se disolvió”, asegura Fernández.

La lucha de Las Diosas

“Un día, cuando Patricia Teherán iba a subir a la tarima en la que también se presentarían Diomedes Díaz, los Hermanos Zuleta, Iván Villazón y Beto Zabaleta, un cantante reconocido le dijo: ‘Las mujeres únicamente sirven para hacer hijos y estar en la casa’. Patricia me miró, nos devolvimos y le dijimos: ‘Nosotras te vamos a demostrar lo que es ser mujer’. Subimos a la tarima y cantamos como nunca”, recuerda Bau Gutiérrez, excantante de Las Diosas del Vallenato, el siguiente grupo en la historia que acaparó el éxito disquero.

La carrera de Las Diosas debió sortear los esquemas del vallenato englobados en la masculinidad. Gutiérrez asegura que Patricia tuvo que buscar el respaldo de hombres en el gremio, como Omar Geles y Miguel Morales para que el grupo fuera aceptado. Su gran éxito Tarde lo conocí terminó de abrirles las puertas. Con la muerte de Teherán en 1995, Las Diosas perdieron visibilidad.

“Todavía se vive la cultura machista. A las mujeres vallenatas nos toca promocionar nuestro trabajo fuera del país. En Venezuela y Ecuador nos va mejor”, concluye Bau.

Las nuevas generaciones

Daniela Jiménez, cantante del grupo vallenato de la Universidad Autónoma del Caribe en el que sólo hay dos mujeres, coincide en que el género es machista, aunque no tanto como antes. “Hay salidas del conjunto en el que piden que sólo sean las voces masculinas las que canten y nos toca quedarnos a nosotras”.
En medio de la cultura machista, Yeimi Arrieta y Mélida Galvis lograron en 2006 y 2012 ganarse la corona infantil en el Festival de la Leyenda Vallenata. Sin embargo, en la categoría profesional no hay hasta la fecha una reina. “Para nuestros jurados no es fácil dar una calificación para que una mujer sea reina del acordeón. No es fácil ceder por una cuestión de tradición, ya que Valledupar es un mundo en donde la identidad es supremamente fuerte”, afirma Rita Fernández.

Maribel Cortina, acordeonera desde los nueve años, ganadora de dos Congos de Oro y exintegrante de Las Diosas del Vallenato, lleva siete años presentándose en el concurso del festival. En esta edición será la única mujer en las profesionales, junto a 83 hombres.
“Quizá la forma como nació el vallenato, en las cantinas de los pueblos al compás de un trago y del abrazo de un compadre, se asociaba siempre a una expresión musical popular donde las mujeres tenían otro papel. Sin embargo, a ellas también les ha faltado seleccionar las canciones adecuadas. A través de las letras pueden, por ejemplo, reprocharle al hombre o encasillarlo”, explica Julio Oñate, experto en vallenato.

Otro de los inconvenientes es el peso del acordeón, agrega Oñate: “Después de ejecutarlo produce cansancio y una mujer no tiene físicamente la misma resistencia que un hombre. Esa es una desventaja para quienes quieren ganar la corona profesional. Si uno ve, por ejemplo, cómo se ejecuta una pulla, no es con gracia, sonrisa y meneo de cadera: ¡es con muñeca y con mandarria! Y eso las mujeres no pueden hacerlo con la facilidad que lo hacen los hombres”.

Por la corona

El maestro Andrés Gil asegura estar preparando desde su escuela en Valledupar, Los Niños del Vallenato del Turco Gil, a la primera reina profesional que tendrá el país. “Uno de mis propósitos en la vida es poner a ganar una mujer en la categoría donde compiten los pesos pesados”. Para lograrlo, ha empezado a enseñarles a las niñas técnicas especiales que les dan mayor pulsación.

Nubia Mejía, coordinadora de Los Niños del Vallenato de la Escuela Rafael Escalona, asegura que cada vez son más las mujeres que quieren formarse en el género. “En los cursos de acordeón de 25 niños, 10 son mujeres; de los 42 guacharaqueros, 35 son mujeres; en caja, de 25 niños, hay 13 mujeres, y en el canto vallenato la mitad (25) son mujeres”.
Mientras tanto, 16 niñas en la categoría infantil, siete en la juvenil y Maribel Cortina en la profesional compiten por la corona en esta edición número 47 del festival que el próximo 3 de mayo llega a su fin.


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