Nuestro pedazo de acordeón con flauta clásica

El flautista italiano Andrea Griminelli, quien acompañó al tenor Luciano Pavarotti durante 14 años, y el acordeonista Sergio Luis Rodríguez presentan el álbum "Vientos vallenatos", un diálogo permanente entre los dos instrumentos.

Sergio Luis Rodríguez y Andrea Griminelli durante la grabación del álbum "Vientos vallenatos". / Cortesía Codiscos

Dos personajes realizaron el milagro de ampliarle el panorama sonoro al flautista clásico Andrea Griminelli. El primero fue el tenor Luciano Pavarotti, a quien acompañó durante más de una década de actividad artística, y el segundo es su esposa, la colombiana Rossana Redondo, cuya misión ha consistido en vincular en una sola propuesta el rigor de la escena clásica con el desparpajo de las manifestaciones tradicionales del Caribe.

Gracias al tenor, Griminelli estableció lazos vitales con artistas de tipo popular durante la realización de la serie Pavarotti & Friends, todo un hito musical en el que el reconocido cantante unió su registro lírico con las voces de algunas de las personalidades del arte sonoro más importantes durante la década de los 90. De esta experiencia sigue vigente su vínculo con Sting, con quien ha desarrollado algunos proyectos de impacto universal.

Con su esposa la situación ha sido distinta, porque ella se ha encargado de mostrarle los aires del Caribe colombiano y, debido a su arraigo guajiro, el énfasis que ha recibido Andrea Griminelli se ha centrado en el vallenato. Antes, cuando Rossana Redondo escuchaba una puya, un paseo, un son o un merengue en la casa, la actitud del flautista era más que lógica, se alejaba del parlante porque no entendía la historia que esbozaba la canción y porque los pitos del acordeón competían con toda la información académica existente en su cabeza. Ahora, cuando el folclor brilla en el hogar, Griminelli es parte vital de la ejecución.

“Yo conozco el vallenato a partir de mi relación con mi esposa, Rossana Redondo, quien compartió conmigo los encantos de sus tierra caribeña. Soy un flautista clásico y por más de quince años únicamente escuchaba a los compositores de corte académico. En este tiempo y gracias a ella me he abierto a otras sonoridades y ese interés se ha incrementado desde que tenemos la fundación Sol Azul, que organiza eventos para recoger fondos y ayudar a los niños en estado de vulnerabilidad en las tribus wayuu”, cuenta Andrea Griminelli, quien acaba de publicar el álbum Vientos vallenatos al lado del acordeonista Sergio Luis Rodríguez.

“Andrea Griminelli nunca había escuchado el vallenato y la gente puede pensar que se le dificultó su interpretación, pero él entendió el folclor y lo logró manifestar a través de su instrumento. La primera canción que escuchó fue Mi pedazo de acordeón, una puya, y ahí quedó sorprendido con el virtuosismo de nuestros intérpretes. El merengue y la puya son 3/4 y 6/8 y luego, cuando empecé a mostrarle algunas de las piezas más representativas del género, la sorpresa para él fue mayor”, dice el acordeonista colombiano, que ha acompañado a vocalistas reconocidos como Peter Manjarrés.

Hace dos años, la fundación Sol Azul organizó un evento en La Guajira, en Riohacha para ser más exactos, y el flautista italiano debía presentarse con la Orquesta Juvenil de la región, así que se incluyeron en el repertorio canciones del folclor vallenato como Benditos versos y El cantor de Fonseca. La respuesta del público obligó al artista a pensar en grande y se conectó con Rodríguez para sacar adelante lo que en un comienzo era una idea descabellada: grabar un álbum en el que el acordeón y la flauta compartieran protagonismo. De esta manera empezó a escribirse la historia de Vientos vallenatos.

“Algunas armonías de la música clásica están presentes en el vallenato. La música italiana, por ejemplo, compositores como Giuseppe Verdi (1813-1901) y Gioachino Rossini (1792-1868) tienen un origen en los temas populares, así que los grandes maestros de la música universal tuvieron su sello en el sonido folclórico. La flauta, que es el instrumento más cercano a la voz humana, se casa de manera muy fluida con el sonido del acordeón”, afirma el músico italiano que debutó en la música académica en un concierto en Nueva York, en 1984.

“El vallenato tiene una riqueza natural, melódica y armónica muy grande, que en otros idiomas se pierde porque la letra no se entiende, pero con proyectos como este, que es instrumental, podemos hacer que la gente no se concentre en lo que relata el cantante, sino en la multiplicidad de sonidos que ofrece nuestro folclor”, asegura Sergio Luis Rodríguez.

En Vientos vallenatos, la flauta de Andrea Griminelli es el instrumento principal y reemplaza a la voz humana. Ambos artistas tuvieron en cuenta esa noción para realizar la escogencia de los temas. Lucho Ortega ayudó a escribir las partituras para que el italiano las pudiera interpretar de una manera más genuina. La primera vez que se enfrentó a una hoja con indicaciones vallenatas empezó a entender que este escenario, a diferencia del entorno académico al que tanto había estado acostumbrado, es una manifestación contundente de libertad.

“Un violinista puede realizar su carrera interpretando obras solo para su instrumento, pero la flauta no tiene tantas obras para su desarrollo. Por ejemplo, en el romanticismo no se le dedicó ni una página a mi instrumento, es por eso que yo tengo a mi lado autores modernos que escriben para mí nuevas composiciones para hacer con flauta y orquesta. A mí, a diferencia de otros colegas, me ha tocado abrirme a otros proyectos, como este trabajo discográfico que hice con la complicidad absoluta de Sergio Luis Rodríguez”, argumenta Andrea Griminelli.

“Recuerdo que en Mi pedazo de acordeón nos tocó acelerarla mucho más para que pudiera ser interpretada con los dos instrumentos sin que se escuchara extraña la versión. Con esa pieza tengo una gran satisfacción y es que con unos arreglos que le hice me coroné rey vallenato y el público se levantó a aplaudirme durante varios minutos. El paseo, el merengue y el son deben interpretarse con estilo, pero es en la puya donde el acordeonero revela su verdadera destreza y es el aire en el que mejor se siente Griminelli también”, confiesa el acordeonista colombiana.

Iván Villazón y Peter Manjarrés aparecen en Vientos vallenatos porque ni Andrea Griminelli ni Sergio Luis Rodríguez querían dejar huérfanos a quienes siempre han escuchado el vallenato en su formato vocal. Por eso, seleccionaron pequeños fragmentos en los que incorporaron las voces de esos dos exponentes del folclor vallenato. Cuando ellos fueron al estudio y escucharon lo que se podía hacer entre un acordeón y una flauta, quedaron mucho más motivados de aparecer en esta novedosa producción.

Con Vientos vallenatos el género sigue siendo ese sonido característico de Mi pedazo de acordeón, pero con el respaldo de una flauta con acento foráneo y corazón nacional.

 

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