Shakira y Vives: nostalgia de grandezas de antaño

En tiempos de La bicicleta, yo prefiero recordar que Shakira alguna vez hizo algo tan maravilloso como Pies descalzos (1995) y que Carlos Vives alguna vez hizo algo tan sublime como Tengo fe (1997).

Shakira y Carlos Vives en el video de su última canción “La bicicleta”. / Cortesía
Shakira y Carlos Vives en el video de su última canción “La bicicleta”. / Cortesía

Prefiero volver a cuando escuchaba Antología con mi prima mientras ambas suspirábamos pensando en nuestros amores del momento, y a cuando, escuchando Se quiere, se mata, pensaba en la genialidad de una artista que en una sola canción le hablaba sin obscenidad y sólo a punta de hechos a toda una generación. Esa generación era la mía y Shakira nos hablaba de temas que a esa edad nos intrigaban muchísimo y formaban parte de nuestro proceso de configuración de escala de valores propio de la adolescencia: amor juvenil, sexo, aborto, tragedia.

Shakira, sea lo que sea —o fuera lo que fuera—, tenía una voz inverosímilmente distinta y propia. Y entonces deseé tener algo tan mío, que hablara por mí sin voz. Y entonces efectivamente crecí y elegí mi voz para que hablara por mí.

Prefiero volver a cada viaje que cuando niña hice por carretera con mi familia porque en el estuche de CD del carro estaba Tengo fe. ¿Escuchar ese disco mientras se anda por Mompox? ¡La gloria! El pecho se le trata de reventar a uno de amor por Colombia. Ese disco narra una época de este país. Mi mamá me explicaba quién era ese de quien Vives hablaba en Pambe y qué significaba lo de “se metió en eso”: “La droga, la droga, Inés Elvira...”. Sí, efectivamente tuve consciencia de quién era Kid Pambelé gracias a la canción de ese disco y me pregunté por primera vez en la vida si es que había alguna relación entre fama y ruina.

Por supuesto que Gabo aparece en ese disco. Y la Sierra Nevada que se despeja “y da sentimiento”. La región Caribe entera se ponía de pie y se revelaba ante mí, una bogotana de nueve años cuyo padre había manejado novecientos kilómetros para llevarla a conocer el mar.

Todos llevamos dentro ese primer mar. El mío fue Santa Marta. Sí, Santa Marta fue mi primer mar. Llevo cuarenta minutos tratando de hacer el párrafo final de este texto y odio todo lo que escribo. A ver. Me rehúso a pensar que “todo tiempo pasado fue mejor”, y eso es una contradicción a este texto.

Así que ahora, que he traído a mi memoria la música que antes Shakira y Carlos Vives hacían, sólo puedo honrar su trabajo a pesar de que La bicicleta (2016) me parezca tan pobre.

Ustedes ya saben que hay mucha gente en este país haciendo música bonita. Y si no lo saben, les sugiero que apaguen el radio y desde su cotidianidad se pregunten cómo podemos entre todos conocerla y darla a conocer.

Este texto —y mis recuerdos— existen gracias a Sony Music y Sonolux, hay que admitirlo. Si tan sólo no fueran tan excluyentes...

Se despeja la Nevada y eso me da sentimiento

Se llevó las malas horas

el tren de los buenos tiempos. (Los buenos tiempos, Carlos Vives. 1997)

Creo que ese tren es itinerante. Que no ha dejado de existir y está presente. Que José Benito Barros es el maquinista. Creo en nuevos buenos tiempos.

 

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