Desde las texturas del sonido

La cantautora colombiana lanzó su nuevo material discográfico en Colombia y hace unos días lo presentó en Japón. Diez canciones avaladas por experiencias sensibles.

Mónica Giraldo estudió en el Berklee College of Music y ha realizado tres trabajos discográficos. / Archivo particular

Mónica Giraldo prefiere recorrer el camino alterno. Sabe que la distancia más corta entre dos puntos es una línea, pero prefiere no poner en práctica ese conocimiento. El otro sendero, el de las complicaciones, el de las congestiones, el de las novedades también, resulta más atractivo para ella. Durante ese trecho, que a veces resulta ser adverso, es que logra plasmar buena parte de su propuesta musical.

Giraldo opta por la complejidad, entre otras cosas, porque es la vía que la conduce a la profundidad del sonido, un elemento vital para la elaboración de sus composiciones. Sobre la superficie de sus tres trabajos discográficos está la relación estrecha entre su alma y su guitarra, pero al examinar el fondo se pueden encontrar elementos adicionales como la interpretación de la batería con las manos en lugar de recurrir al empleo de las baquetas.

“En mis discos siempre hay elementos conectores. Por ejemplo, la primera canción de Que venta la vida la compuse tan pronto acabé el proceso del álbum anterior que se llamó Todo da vueltas. Quería plasmar allí la incertidumbre de lo que viene después de hacer una producción. Yo no quería perder el impulso y un registro me condujo al otro”, cuenta Mónica Giraldo, quien toca guitarra desde los cinco años y estudió en el Berklee College of Music.

El aprendizaje académico de la música le dio a la cantautora colombiana un contexto artístico importante y la rodeó de gente muy talentosa proveniente de todos los rincones del planeta. En Boston, Estados Unidos, se sintió realmente en el ruedo y allí comenzó a entender cómo la música podía encajar dentro de un engranaje social. Se dejó llevar por el compás de otros aires y a partir de esa exposición sonora llegó a dimensionar el potencial de la vanguardia de la música colombiana.

“De regreso a mi país me quise rodear de músicos versátiles, como el bajista Diego Valdés, el percusionista Urián Sarmiento, Ramón Benítez en el bombardino y hasta Gabriel Rondón en la guitarra. Sin embargo, para mi tercer álbum busqué un sonido distinto, aunque conservé una excelente ejecución acústica. Por eso convoqué a Juan Sebastián Caicedo, un baterista muy pulido, y él me dio una energía distinta en cada canción”, relata la artista que dejó a un lado la tradicional guitarra con cuerdas de nylon para incorporar las posibilidades sonoras de una guitarra con cuerdas metálicas.

Así como Totó La Momposina marcó la adolescencia de Mónica Giraldo, Iván Benavides también lo hizo a través de su gestión con Iván y Lucía. Ese influjo fue suficiente razón para que estos dos personajes fueran invitados especiales durante el proceso de realización de Que venga la vida. De igual manera, está el productor inglés Richard Blair con Sidestepper; Diego Amorocho, de la banda Vietato, y Santiago Prieto, de Monsieur Periné.

“Toda mi propuesta musical se va formando desde mi actividad como compositora. Luego voy tejiendo más cosas y voy asumiendo la vida hasta transformarla en canciones. Los discos lo llevan a un lugar que uno no tiene ni idea y yo pretendo que este álbum acompañe a la gente a tomar decisiones en la vida”, concluye Mónica Giraldo, quien grabó hace un par de años con la Orquesta Filarmónica de Bogotá el registro Mestizajes.

Que venga la vida ya se presentó en vivo en Colombia y la semana pasada hizo su debut en territorio japonés. En cualquier lado del universo el trabajo de Mónica Giraldo está hecho para encontrar texturas y darle otra dimensión al sonido. 

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Juan Carlos Piedrahíta B.

Música

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