Hemingway, recordado en Cuba 47 años después de su muerte

Admiradores, trabajadores y vecinos de la Finca Vigía, casa que perteneció al escritor estadounidense Ernest Hemingway, recordaron el miércoles con sencillez y tristeza a este hombre alegre en el 47o aniversario de su muerte.

"Para nosotros los cubanos no cabe duda de que Hemingway es un hombre nuestro, vivió aquí, compartió con nuestra gente... eternizó a Cuba en el libro'El Viejo y el Mar", dijo Ada Rosa Alfonso, directora del Museo Finca Vigía, una institución que ocupa las varias hectáreas de la propiedad del narrador y el lugar donde vivió por más tiempo consecutivo.

Además, destacó el emotivo gesto del escritor de donar la medalla de su Premio Nóbel en 1954 al santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de la isla.

Hemingway falleció el 2 de julio de 1961 tras pegarse un tiro. Alfonso encabezó una ceremonia breve en la cual se colocó un adorno floral junto al busto del creador de ‘Adiós a la armas', se hizo sonar la campana de la galería de entrada como le gustaba hacer a su dueño y se escuchó la opera ‘Aida' de Giussepe Verdi, preferida del narrador, en su viejo tocadiscos de madera.

Según la directora, los cincuenta trabajadores que laboran en torno al Museo, desde jardineros hasta especialistas en literatura, "sienten, el espíritu, el alma, el ángel" de Hemingway en el lugar.

Bajo sus altos techos y en medio de sus aireadas habitaciones, en una casa decorada por el mismo Hemingway con sus trofeos de caza y llena de ventanas blancas aptas para el clima tropical, se conservan unas 22.000 piezas, entre ellas algunos de los objetos más valiosos para el escritor, como libros, guiones originales y discos.

Hemingway llegó a Cuba por primera vez en 1928 atraído por la pesca y se instaló definitivamente en Finca Vigía en 1939. Allí, rodeado de árboles frutales y helechos, incluso recibió la noticia de su Nóbel en 1954.

La casa fue convertida en museo en 1962, un año después del suicidio del escritor y gracias a la donación de su viuda.

Entre los invitados a la ceremonia del miércoles al mediodía estaba Blas Fernández, a quien Hemingway bautizó como ‘Cayuco Jonronero' cuando era apenas un niño pobre de la localidad de San Francisco de Paula, donde se ubica la finca que al paso de los años quedó "pegada" a la ciudad.

"Pasamos una infancia muy linda con él. Eramos 13 niños que veníamos a jugar aquí, a comer fruta", indicó este hombre que tenía entonces 10 años y ahora cuenta con 78.

"En días como hoy vengo a recordarlo", agregó. Junto a él se encontraba David E. Dreyer, un analista que trabaja con el Centro para la Democracia en las Américas con sede en Washington, una organización que busca que se levanten las sanciones estadounidenses contra Cuba.

"El embargo nos priva de realizar muchas actividades que tendríamos con los cubanos para ayudar a preservar los documentos, los libros, la casa", lamentó el especialista.

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