La danza de la oscuridad y los sueños

Brenda Polo es una artista de la danza contemporánea colombiana que desarrolla su performance como un taller permanente nutrido de interrogantes.

El cuerpo recibe los embates del tiempo y la violencia de los momentos, momentos que son a su vez efímeros, pasajeros, así como lo es también el cuerpo mismo. Esta es una de las premisas de la danza ‘Butoh’, arte corporal japonés que identifica a sus ejecutores con el dolor y las transformaciones que dejó la guerra.

La danza ‘Butoh’ se ha expandido, pese a su complejidad, alrededor de todo el mundo. Existen festivales dedicados exclusivamente a este estilo, desde Chile a Nueva York, siendo esta última ciudad el escenario de un certamen internacional de la danza japonesa.

El ‘Butoh’ es un proceso autónomo, nutrido exclusivamente de la interpretación personal y subjetiva del danzante, tal vez esta sea la razón que motiva a Brenda Polo, quien ha tenido la oportunidad de trabajar junto al Maestro del ‘Butoh’, Ko Murobushi, a no encasillar su performance personal bajo el rótulo de ‘Ankoku Butoh’, que traduce ‘Danza de la oscuridad’.

Para Brenda Polo Ko Murobushi es “el último samurái del ‘Butoh’, un guerrero del cuerpo y de la mente, un filósofo de la práctica corporal”. Murobushi hirió a la artista colombiana, miembro del colectivo ‘Manusdea Antropología Escénica’, de una forma poco convencional, provocando “una incisión muy honda, una herida que siempre te pregunta como sanar, pero no en la forma en la que lo concebimos, asociado con el dolor, sino como un aprendizaje vivo”.

Y así como está viva la herida, también lo están las preguntas que se plantea Brenda Polo a partir de su taller, un proceso en permanente construcción, “inacabado”, como lo describe la artista, asegurando además que la idea central que fortalece su constante inquietud es precisamente la inconclusión que le permite crecer y crecer entre preguntas y representaciones poéticas.

¿Qué es el cuerpo? y ¿hasta dónde nos puede llevar?, son algunos de los interrogantes que se ha planteado en un laboratorio que lleva ya más de una década y continúa dando frutos en el escenario. El performance de Brenda Polo carga, pese a la negativa de la colombiana a rotularse como artista del ‘Butoh’, elementos que recuerdan a la ‘Danza de la oscuridad’, esta vez alimentados con el suplemento musical que se articula rítmicamente a los movimientos de Brenda.

Los alumnos de Murobushi reseñan un complejo entramado filosófico que identifica su envolvente línea de pensamiento, pasando por Heidegger, Nietszche, Jean Paul Sartre y uno de los autores que marcaron la juventud del Maestro: Antonin Artaud.

“Las memorias que quedan en los pliegues del cuerpo, en los rincones, es lo que cada vez me sorprende, no conocemos y no tenemos idea de lo que es, de lo que puede llegar a ser y de la permanente evolución y muerte en la que estamos”, enuncia Brenda en referencia a su exploración.

El performance de Brenda aborda también la idea del sueño lúcido, las imágenes oníricas que aparecen intempestivamente desde horizontes irreconocibles. “¿Por qué traemos a la memoria imágenes que pueden estar tan lejos en la geografía? ¿De dónde surgen esas imágenes del sueño? Ese tipo de inquietudes han sido un motivante para hacer un laboratorio de preguntas por la muerte. Puedes ver tu muerte en un sueño y preguntarte qué es, a dónde te lleva, se trata de esa búsqueda, es investigación en el lenguaje del cuerpo”, explica Polo sobre su abordaje de los paisajes oníricos.

Pese a la “antropología escénica” de personajes como Brenda Polo, movimientos artísticos del avant garde como el ‘Butoh’ no han encontrado un arraigo directo en Colombia, una situación que, como lo reconoce Polo, “muy conveniente, pero se convertiría más bien en un detonante para nuevos lenguajes y nuevas expresiones en el país”. Representaciones novedosas que desde la perspectiva de las artes se convertirían en importantes escenarios del postconflicto, como lo fue la ‘Danza de la oscuridad’ en el Japón que despertaba atónito luego de la Segunda Guerra Mundial.



David Otero Nieto

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