Alejandro Ordóñez, un político medieval

"El último inquisidor" logró convertirse en el cuarto libro de no ficción más vendido esta semana según la Librería Nacional.

"El último inquisidor", ensayo del abogado y asesor político colombiano Jorge Andrés Hernández, retrata al procurador Alejandro Ordóñez como un secuaz del fundador del FBI, John Edgar Hoover, que anhela el orden social y político del Medioevo.

El libro, que lleva unos quince días en el mercado, logró convertirse en el cuarto título de no ficción más vendido esta semana según la Librería Nacional de Colombia, pues como reconoció Hernández en una entrevista con Efe, "conjuga el momento que vive el país con el prólogo del alcalde (de Bogotá, Gustavo) Petro".

Y es que el controvertido Ordóñez ordenó en diciembre pasado destituir e inhabilitar por 15 años a Petro aduciendo su mala gestión durante la transición del modelo de basuras en 2012, decisión que fue considerada desmedida y que sorprendió porque evidenciaba la concentración de poder en un solo cargo.

La Procuraduría General es un organismo con funciones disciplinarias y autónomo frente a las demás ramas del Estado, que se encarga de vigilar el cumplimiento de los funcionarios públicos, a quienes investiga, sanciona y atiende en caso de que recurran.

"Fascinado" por Ordóñez, Hernández decidió investigar su pensamiento, por lo que se adentró en el Medievo, se sumergió en los grupos católicos preconciliares a los que pertenece el procurador y concluyó que tiene "unas relaciones realmente profundas con la Inquisición española".

Para empezar, el autor justificó que el título de "El último inquisidor" está vinculado a que Ordóñez, al igual que los tribunales de la Santa Inquisición, concentra las tareas de investigar y juzgar, idealiza el matrimonio entre Iglesia y Estado y castiga "crímenes de pensamiento y opinión".

"Me parece que Ordóñez ha mostrado muchísimos signos de esa característica inquisidora de perseguir a los que piensan diferente", agregó Hernández, quien apostilló: "el procurador se ha erigido en una autoridad supraconstitucional que no tiene ningún tipo de frenos, y lo más grave es que ha intimidado a todos los poderes del Estado".

Y es que Hernández tiene la hipótesis de que el procurador Ordóñez se asemeja al primer director del FBI, John Edgar Hoover, porque "hay muchos indicios de que Ordóñez está intimidando a altísimas figuras del Estado" para que actúen al ritmo que él marca.

Ordóñez ya tomó una postura ultracatólica y de ultraderecha desde la universidad, cuando dedicó su tesis de grado en Derecho a la Virgen María "suplicándole la restauración del orden cristiano y el aplastamiento del comunismo ateo".

Otro sonado episodio de su juventud es la quema de libros en su ciudad natal, Bucaramanga, junto con el grupo católico Tradición, Familia y Propiedad en 1978, cuando ejemplares de Jean-Jacques Rousseau, Karl Marx y Gabriel García Márquez quedaron reducidos a cenizas.

"Él dice con orgullo que él añora el Medievo, es decir, es un hombre que se siente incómodo en un mundo moderno, en un mundo liberal, democrático, constitucional, heredero de la revolución francesa", explicó Hernández.

El procurador escucha música medieval, lee literatura medieval y tiene una réplica de la espada "Tizona" con la que el Cid Campeador combatía a "infieles y paganos" en la España del siglo XI.

Lo más llamativo para Hernández es que el procurador sea caballero de la Orden de la Legitimidad Proscrita, es decir, está vinculado a la causa de los carlistas tradicionalistas del siglo XIX que reivindican el trono español para una rama alternativa a la dinastía actual de los Borbones.

"Ordóñez anhela la reinstalación de la monarquía absoluta a cargo de su alteza real don Sixto Enrique de Borbón (el aspirante legítimo para los carlistas) pero además en un Estado teocrático en el que la Constitución no sea la norma máxima y que no sea una democracia", en tanto que la voz de un pueblo que sacrificó a Jesucristo no es válida, según Hernández.

Además, el procurador es un profundo creyente de la vertiente "lefebvriana" que "ama la tradición católica ortodoxa y considera que sus ritos fueron instituidos por Jesucristo", de manera que se opone al Concilio Vaticano II y a los cambios que supuso.

Es por eso que Ordóñez va todos los domingos a una misa tridentina en el barrio de la Soledad de Bogotá donde los sacerdotes ofician de espaldas a los feligreses y en latín.

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