Amparo Díaz y su eterna sonrisa

En la madrugada del 26 de diciembre de 2014 murió Amparo Díaz Uribe, periodista y madre, vinculada a la ONU por más de 14 años, donde trabajó por las víctimas y la reconciliación del país. Esta es la carta de un buen amigo.

A través de un comunicado, Fabrizio Hochschild, coordinador residente y humanitario de la ONU, lamentó el fallecimiento de Amparo Díaz y la describió como una de las personas más excepcionales en la historia del PNUD.

Querida Amparo,

El día que me llamó Darío para decirme que era el momento de despedirme de ti, cuando llegue a la clínica y puse mi mano sobre la tuya, no me podían salir las palabras y sólo logré decirte: gracias.

Gracias por tu profunda amistad, gracias por tu sonrisa sincera, gracias por tu ternura solidaria. Gracias por haberme abierto la puerta de tu casa y de tu corazón desde el día en que nos conocimos. No tengo duda que tú, Darío y Daniel han sido nuestros mejores amigos colombianos, unos puntos de referencia importantes para entender la complejidad y las enormes potencialidades de esta sociedad.

Hemos compartido un sentir común contra la injusticia de la guerra y de la violencia, contra todo el sufrimiento de la humanidad y de la sociedad colombiana. Y una pasión a favor de la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte.

Una de las últimas veces que nos escribimos un mensaje de texto fue poco después de tu visita a La Habana con las víctimas, una visita que para ti fue estremecedora. Para tu sensibilidad profunda, para tu cuerpo adolorido, este día causó un enorme impacto y simbólicamente representa tu aporte decisivo a la realización del sueño de una paz con justicia y dignidad.

Algo me dejó impresionado. Pese al avanzado dolor, no dejaste de pensar un solo instante en tu familia, en tus amigos y en la posibilidad de la paz y la reconciliación en Colombia. Durante tu intensa vida y dura enfermedad nos enseñaste a mantener viva la esperanza.

No hay persona en la oficina del PNUD que haya sido tan querida como tú. Comunicadora incansable, de ideas creativas, tejedora de sueños y de esperanzas, capaz de escuchar y querer a todo el mundo. Imposible olvidar tus miles de mensajes de correo que siempre han buscado el lado luminoso. Gracias por quererme y por querer a mi familia; gracias también de parte de Nieves; Marcos Renato y Gabriele; gracias por abrazar a mi niño chiquito en tus últimos días, gracias por haber vivido una existencia tan plena. Mi agradecimiento profundo también para Darío y Daniel, dos grandes hombres que estuvieron siempre a tu lado, con un amor inmenso.

Para Darío y Daniel, para tu hermano Eduardo, para tus otros hermanos que viven en el exterior, para tu querida mamá, para tus íntimos amigos, quisiera crear una cadena de afecto, que nos permita mantener viva tu memoria.

Estas son las palabras que en el mes de septiembre Amparo escribió a un médico cubano, y con el permiso de Darío, quisiera compartirlas con todos ustedes:

“Apreciado doctor.

Quiero en primer lugar agradecerle enormemente que pueda revisar mi caso. Como no podemos vernos aún, quisiera hablarle un poco de mí: mi nombre es Amparo Díaz. Soy periodista de profesión, graduada en Cuba, país que llevo en el alma todos los días.

Soy madre de Daniel Francisco, quien tiene 14 años, y ha sido mi bastión y compañero en esta lucha por la vida junto con mi esposo Darío.

Hace 14 años tuve la fortuna de poder vincularme a la ONU en Colombia, lo cual correspondió a mis sueños de poder ayudar a la gente, de ser útil a la paz y a la reconciliación en mi país. Soy una persona entusiasta, alegre y muy activa, con ganas de ser parte de la transformación y de las soluciones para que cada vez más gente sea feliz. Por todo eso doctor, no me quiero morir todavía. Tengo aún tantos sueños, tantas ganas de hacer cosas, tantas ideas, tantas ilusiones…

Seis años atrás comencé esta lucha por la vida y tengo fe ciega que podrá hacerme sentir mejor”.

Recuerdo las carreras para hablar con el doctor y para conseguir los medicamentos. Al parecer hemos perdido esta batalla Amparo, y en este momento nuestro corazón está destrozado. Pero tú has ganado la lucha por la vida, porque sin duda has logrado con tu querida presencia que todas las personas que has conocido se hayan sentido más felices. Gracias. Quisiera despedirme de ti con las mismas palabras con las cuales me saludaste el día de mi último viaje a Italia, palabras que tengo todavía guardadas:

Beso gigante, gigantísimo, descansa porque te lo mereces.

 

 

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