Arte para los barranquilleros

La Bienal de Arte en Espacio Público involucra todos los sectores de la ciudad y aborda el arte desde lo urbano.

En esta primera Bienal de Arte en Espacio Público, en Barranquilla, participan artistas, jóvenes y niños. / Cortesía Bienal de Arte en Espacio Público

Todos hablan de arte y de cultura. Que la cultura somos todos y todos debemos hacer cultura, que Barranquilla hace cultura, que la Universidad del Norte hace cultura. Que los estudiantes jóvenes deberían involucrarse en el quehacer cultural, con sus obras artísticas, con sus pinturas. Alrededor de este tema giró el discurso de apertura del rector de la Universidad del Norte, una institución que lleva 25 años haciendo un festival de la cultura. Este año celebran su vigésimo quinto festival y lo hace con una bienal. Su primera Bienal de Arte en Espacio Público. “Un punto de encuentro”, la llaman, y es el eje alrededor del que se articula todo.

La bienal comenzó el 24 de octubre. Ocurrió y seguirá ocurriendo en diferentes locaciones de Barranquilla hasta mañana 27, con algunas actividades que se prolongan hasta finales de este mes. Riomar, Norte-Centro Histórico, Suroccidente, Metropolitana, Suroriente. Barranquilla saca el arte de los museos y se lo entrega a la gente, para que lo moldee. Están los artistas, por supuesto. Los de profesión. Los que saben cómo hacer arte, o eso es lo que dicen. Ellos hicieron, como primera medida, dos tipos de intervenciones: algunos pintaron un mural en la Cárcel Distrital del barrio El Bosque y otros intervinieron cayenas de metal. Las flores tradicionales barranquilleras adornan, por ahora, la Plaza de la Paz. Luego serán distribuidas por distintos lugares de la ciudad.

Los valientes artistas que decidieron pintar el muro de la cárcel van de día. Antes de las cuatro de la tarde. Luego es peligroso. La cárcel es peligrosa. Un mural de piedra, con rejas en la parte superior y algunas palabras mal escritas era lo que había hasta el pasado miércoles. Hoy las cosas se ven distintas. Tiras de colores, flores, mariposas. Caras que devuelven una sonrisa en blanco y negro, cruces. Y luego más color. Las cosas se van transformando. Habría que mirar, después, si el nuevo color alrededor de los reclusos produce cambios en la gente.

La historia de las cayenas viene de antes. Fueron entregadas a diferentes artistas para que las pintaran como quisieran, para que las asumieran como propias, primero, y luego las exhibieran en la ciudad. “La importancia radica en que el espectador debe ser protagonista. Los colores se conjugan, son irreverentes, impactan...”, dice Marcel Lombana. Su cayena, con pincelada libre, oscila entre el amarillo, el rojo y el vino tinto e intenta recordar aquella historia de la flor que se convirtió en símbolo de una región. La “arrebatamachos”, le dicen, porque hubo un tiempo en el que las mujeres se la ponían en la cabeza para ir a las fiestas. Y cuentan que en ella estaba su gran poder de seducción.

Algunos metros más allá, en la misma Plaza de la Paz, se ve una flor aguamarina. Cuando se mira de cerca es agua en toda su profundidad, y el reflejo de la luz del sol atravesándola. Su pintor es Roberto Angulo, un acuarelista que ha ganado reconocimiento en la ciudad y que, con su cayena, decidió hablar de la sensualidad desde los reflejos del agua en las piernas morenas de una bañista. Mientras el artista habla sobre su obra se le acerca una estudiante a hacerle una entrevista. Quiere preguntarle sobre su cayena, pero, sobre todo, quiere conocer su percepción sobre la dinámica que está favoreciendo la Universidad del Norte con los jóvenes. Ellos, en esta bienal, también son artistas. Angulo lideró un taller y se está preparando un salón con las pinturas que surjan de ahí. “Trabajamos mucho en la preparación de la convocatoria y estoy esperando para conocer las aptitudes de los artistas de la Universidad del Norte. Tengo muchas expectativas”, sostiene el pintor.

En esta primera Bienal de Arte en Espacio Público participan los artistas, los jóvenes, los niños. Participan todos. Bajo cinco grandes temáticas —emplazar, interactuar, acontecer, pensar y encontrar—, las actividades artísticas recorren la ciudad; desde reflexionar sobre las implicaciones del arte urbano en conferencias con profesores extranjeros invitados, pasando por las obras de artistas profesionales y las de artistas que lo serán en un futuro, hasta el arte en la calle, construido por la gente del común. Se puede hacer arte en cualquier esquina: colgar un pañuelo en el boulevard Simón Bolívar o montar una partitura en movimiento con las personas que pasen cerca de la carrera 46. Eso también es arte. Eso también es cultura, como todo lo demás.

 

 

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