Álvaro Camacho Guizado, adiós a un intelectual

En la funeraria Gaviria, en Bogotá, es velado este reconocido sociólogo y columnista de El Espectador.

No todos los días muere un intelectual como Álvaro Camacho Guizado. Porque aborrecía a los lagartos, sí, y eso es muy importante, pero también porque difícilmente se repetirán los tiempos en los que le tocó vivir.

No obstante su incredulidad en materia religiosa, a Camacho lo casó con el amor de su vida, Nora Segura Escobar, el cura Camilo Torres. Después de un breve paso por el derecho, fue en la sociología de la Universidad Nacional, que estrenaba departamento por esos años, en donde arrancó su carrera. El tema ya era, en ese entonces, la violencia (solo que se hablaba de la violencia con v mayúscula), y por ello viajó a las regiones involucradas, participó en las primeras recopilaciones de testimonios sobre la dura época y se codeó con los padres de las ciencias sociales nacionales.

No sería errado decir que hizo parte de los pocos que por primera vez se mostraron interesados en la figura de la víctima. Le tocó vivir la radicalización de esos años tumultuosos y aunque siempre fue amigo del cambio, también desarrolló una mirada crítica frente a la lucha armada.

Se hizo a una beca (aunque en realidad deberíamos decir “se hicieron”, ya  que Nora también profundizó en la sociología) y en Estados Unidos sacó adelante su doctorado. Allá en donde conoció otras formas de militancia, pues la época prácticamente se reducía a eso: cuestionar, debatir, tumbar, arrasar, esos eran los deportes de los años sesenta. Y Camacho tomó nota.

Después vinieron la investigación, la docencia, la escritura. La obsesión con el narcotráfico. La postura crítica frente al prohibicionismo. La consideración con los de abajo. Trabajó hasta el final en lo suyo y contó muchas historias, cientos de miles, que sus alumnos siempre recordaremos, pues tenía un talento especial para narrar acontecimientos de la vida política nacional.

Tal vez no sea esta la ocasión para abrir un debate que permita poner a circular algunas de las ideas que desarrolló en libros, revistas, ponencias, artículos, foros y columnas (su última columna para El Espectador, combativa como siempre, la dedicó al tema del uso político que se le quiere dar a las masacres cuando se las revisa, o de plano se las niega); pero que sea este el momento, por lo menos, para advertir que este lector voraz de Saramago, este sociólogo comprometido hasta la médula con la ética al que le gustaba citar, como consigna para el analista social, que es preciso vivir los problemas personales como públicos y los públicos como privados, nos deja un cúmulo de experiencias y enseñanzas que es preciso retomar. Se fue un grande pero ahí quedan sus textos, también sus alumnos.

Estudioso de la violencia


Álvaro Camacho tuvo un profundo impacto en nuestro conocimiento sobre la violencia urbana
(gracias a trabajos desarrollados con Álvaro Guzmán) y la evolución e impactos del narcotráfico en Colombia, destacó Angelika Rettberg Beil, directora del Departamento de Ciencia Política de la universidad de los Andes.

Para Rettberg, “su curso ‘Sociología del narcotráfico’” constituyó una oportunidad invaluable para sus estudiantes de familiarizarse con un fenómeno que, a pesar de su presencia de larga data, es aún insuficientemente comprendido en cuanto a sus manifestaciones y magnitudes.

Trayectoria académica

Una huella indeleble fue la que dejó este sociólogo entre sus estudiantes, que lo consideraban un maestro, admiraban su elocuencia, su sentido del humor socarrón y su pasión por los temas que trabajaba.

En su larga trayectoria académica estuvo vinculado a la Universidad del Valle, al Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales (IEPRI) de la Universidad Nacional de Colombia como profesor-investigador y director, al Centro de Estudios Socioculturales (CESO) de la Facultad de Ciencias Sociales (cargo que ocupó los últimos diez años) y al Grupo de Memoria Histórica como relator del caso de Trujillo (Valle).

Álvaro Camacho Guizado dejó la dirección del CESO a mediados de este año y estaba dedicado a la docencia en la universidad de los Andes.

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Nicolás Rodríguez

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